Languedoc-Roussillon 2016 por Hervé Bizeul

Le Clos des Fées 2016

“Soy italiano. Nosotros medimos las cosas en generaciones, no trimestres”

Giacomo Guilizzoni

Vingrau, junio 2017

Queridos amigos del Clos des Fées,

Hacer el balance de una añada para presentárosla es uno de los momentos excitantes del año. He querido resumir esta añada con una citación, vendimiada hace poco, y que me ha marcado. El viticultor y el tiempo, aquí tenéis el título para un libro que escribiré quizás al final de mi vida, ya que el tiempo me parece que es el alfa y omega de esta profesión que llevo a cabo desde hace 20 años con una pasión intacta…

Hoy en día, cultivo viñas plantadas por hombres que ya no están. Planto cepas que serán, sin ninguna duda, vinificadas por hombres que aún no han nacido. Aún a menudo pruebo añadas de Clos des Fées de más de quince años, deliciosas, la mayor parte del tiempo demasiado jóvenes aún. El tiempo pasa, lo observo, intento domesticarlo, jugar con él. Sé que saldrá ganando…

Hablar de vinos en crianza, de bebés, creer en ellos, describirlos y puntuarlos, daros, quién sabe, ganas de comprarlos, decir la verdad, sobre todo, la tarea no es fácil… Hablemos un poco de la añada, si os apetece, que es más fácil.

Digamos, ya que la añada 2016 ha dado una cosecha extremadamente débil, la más pequeña jamás registrada desde que se hacen estadísticas en Roussillon.

Hacer grandes vinos tiene dos secretos. ¿Sólo dos? Sí, dos.

-1 Estresar la viña, hacerla creer que cada año su vida se ve amenazada para que piense en hacer hijos, uvas, en lugar de vivir su vida de liana loca y sólo producir hojas.

-2 Vendimiar uvas con las semillas maduras. Simple. Decirlo, sí. Hacerlo, ya me gustaría, dejo que juzguéis por vosotros mismos.

El problema de la viña es que gran parte de su comportamiento depende evidentemente de las condiciones climáticas del año, pero también de los años precedentes. En 2016, —después de un 2015 espléndido—, el otoño particularmente seco, y el invierno seco y suave han tenido repercusiones. En primavera, con pocas lluvias, la viña —aunque esté habituada a condiciones semi-desérticas en nuestro caso—, se ha puesto en modo defensivo: crecimiento débil, pocas hojas para evitar la evapo-transpiración, pocas uvas…

En junio, un episodio muy seco provocó una caída de la flor a nivel casi generalizado en la garnacha: las flores no se han transformado en fruto. La dificultad llegó a la hora de identificar el estrés hídrico, poco visible ya que la viña se adaptaba y, sobre todo no dejaba de luchar (mientras que el resto de regiones de Francia estaban literalmente inundadas, ¡acordaos de la primavera de 2016!). Acentuada a medida que avanzaba el verano, la falta de agua, al final, daba miedo: con menos de 400 mm de lluvia, Roussillon se sitúa, pienso, dentro de los cinco departamentos franceses con menos precipitaciones de 2016.

Pocas uvas, bayas pequeñas, nada de garnacha o casi nada, el resultado es inapelable: el departamento ha producido un 45% menos que en un año normal. Gracias a nuestro arduo trabajo y a los medios utilizados, hemos resistido mejor que otros —viñas impecables, eliminación de las malas hierbas por arado que, como dice el refrán popular “ahorra dos riegos” *, buena gestión de enmiendas orgánicas, etc.— pero no pudimos hacer nada contra el tamaño de las uvas, la vendimia fue rápida y los depósitos se llenaron poco.

En la vendimia —entre el 13 de septiembre y el 6 de octubre para los tintos—, las viñas, increíblemente verdes y gracias a la lluvia soñada del 18 de septiembre, pudieron a medida que el proceso de maduración se desbloqueaba, obtener bayas pequeñas bien maduras, cargadas de fruto y de sol.

Yo esperaba igualar, incluso sobrepasar 2015…

Pero no.

“¡Ah! Qué raro”, diréis vosotros. “Este viticultor que escribe que sus vinos son menos buenos que la añada anterior, que 2016 no es una añada excelente, cuando estoy leyendo por todas partes que 2016 es la añada del siglo”. Que queréis que os diga, yo soy así, como dirigido por un hechizo que me obliga a decir lo que pienso…

En esta añada 2016, en nuestra región, son los pequeños vinos incluso en las fases más iniciales de elaboración que ya me impresionan y me emocionan… Sorcières Blanc y Rouge, Modeste, De Battre, todos estos vinos explotan de fruto y de energía luminosa, dando ganas de beber más y más. Pero en el caso de Clos des Fées, con unas viñas poco generosas este año, y que sin embargo prometían grandes cosas en la vendimia, he tenido que esperar antes de estar seguro. Tuve que terminar los ensamblajes y las selecciones antes de poder hablaros de ellas, lo que explica mi retraso para escribiros… Seis meses para tomar decisiones draconianas, para mantener la calidad de la cuvée al summum, para que se mantenga en su rango y cumpla sus promesas: este año sólo representa un 40% de una añada normal, es decir menos de 5.000 botellas de Clos des Fées. Pero qué vino… Potente, sedoso, sabroso, umbrío y profundo. Es una gran añada para Clos des Fées. Gracias a vosotros por no ponerme en ningún compromiso, como veo que a veces sucede en otras partes.

Veamos el lado positivo de las cosas: he incorporado numerosas uvas que iban habitualmente en el Clos des Fées en el Vieilles Vignes. El resultado, una cuvée Vieilles Vignes extraordinaria, puede que sea la mejor que he hecho jamás… Brillante, tensa, compleja, afrutada y especiada a la vez que larga y vibrante. Este Vieilles Vignes 2016 es mi orgullo. En Bristol, hace tres semanas, ha tenido un éxito increíble…

Algunas palabras sobre la Petite Sibérie que, como bien sabéis si leéis con atención, no tendría que haber existido a causa de la falta de fruto… Pues bien, todo es falso: como la vendimiamos muy tarde, casi la última del año, nos ha dado uvas magníficas y la añada es de-li-cio-sa, con este carácter único de su lugar, fino con una longitud sorprendente, taninos firmes y esféricos que excitan todos los receptores sensoriales, hacen salivar y sonreír de placer y alegrarse por estar ante un Gran Vino. De todas maneras, esta cuvée tiene veinte años mínimo por delante. Creo en ella. Creo en las fuerzas misteriosas del tiempo sobre los vinos.

Hervé Bizeul

P.S.: para saber más sobre la vendimia de 2016, podéis dirigiros al blog de la bodega en el que explico con detalle y fotos veinte días de mi vida de viticultor, mis joyas, mis angustias… ¡Gracias a aquellos que lo leen!

*Un binage vaut deux arrosages

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