¿Qué tendrá que ver el vino con la cocina?

Por Iñigo Galatas

Puede que no haya una copla que mejor defina una relación, ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio… esa situación de amor odio en la que no tiene sentido nuestra vida unidos pero nos necesitamos para vivir.

Esa es la relación que encuentro entre cocineros y vinos. Porque ¿quién dijo que el cocinero está unido al vino como lo está con su cocina?

Vale que el vino haya estado unido culturalmente a la comida pero seamos realistas, hemos visto cocineros que pretendían dar infusiones en sus comidas y ahora alaban a bodegas y bodegueros. He conocido a algún cocinero que ha llegado a decir que sólo quería champagne o cava para sus platos y que ahora tiene a un sumiller que ha hecho que su facturación aumente en más de un 25%, ahora sí cree que merece la pena tener una gran carta de vinos.

Afortunadamente llegó la figura del sumiller a la vida de los cocineros para hacérselo más fácil y, de paso, para que la facturación pueda sacar a más de uno de un apuro. Eso está bien, contigo hasta la muerte.

Pero, ¿deberían mezclarse fuera del trabajo? Hablo de los más que famosos Congresos de Gastronomía. Sí, se llaman de “gastronomía” pero no dejan de ser una exposición de cocinas y cocineros que salen a un escenario a contar sus historias. Para eso se inventaron y por eso están muy bien como están. Por eso me surge la pregunta ¿qué pintan allí tantas bodegas y apartados dedicados a la sala? Un subcongreso dentro del Congreso. ¿Es su lugar ideal o está encajado con calzador? Mi opinión personal es que es un encaje al estilo de “aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid” metemos lo del vino que siempre queda bien y, además, las bodegas parece que tienen dinero para estar aquí. El vino, al final, saca a la cocina de otro apuro.

En el mundo que conocemos hay grandes ferias y grandes acontecimientos en torno al vino y me gustaría reivindicar un potente congreso donde se pueda escuchar a la gente que realmente se interesa en este asunto del vino. Pero ahora que lo pienso quizás sea demasiado serio y esto del vino es un mundo que me apasiona porque está para divertirse y hacer amigos y eso se consigue con una copa en la mano y un plato delante.

Iñigo Galatas
El publicitario que hubo en mí se encontró con Julio Camba que me ilustró la manera de disfrutar a lo grande de las cosas pequeñas que te da una vida. En el 91, me caí en una cuba de buen vino y se hizo la luz: existían más zonas vinícolas que no fueran Rioja. Desde entonces, mi obsesión me lleva a difundir la buena nueva sin descanso. Una peregrinación al Priorat me abrió los ojos y me abrió una puerta hasta entonces desconocida. Ya en casa, un programa de la tele local con Mitxel Ezquiaga me permitió abrir una sección llamada La Buena Vida en la que se presentaban restaurantes, vinos y otros elementos del disfrute. Al mismo tiempo, hice un programa de televisión centrado en la cocina y los vinos que se llamó Sopa de Ganso (el guiño a los Hermanos Marx es, fundamentalmente, porque Groucho y Yo fue un libro que me enseñó que en esta vida lo peor que se puede hacer es tomárselo todo demasiado en serio). Hoy sigo en El Diario Vasco tanto en las páginas de papel como en la red pero sin complicarme la vida. Mi obsesión por los vinos me ha abierto mundos que ni me podía imaginar así que aquí sigo, un día fundé los iRekonductibles y nos reunimos una vez al mes en la bodega del restaurante Rekondo en San Sebastián. Y hasta ahora nada puede mejorar esa propuesta.

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