Roussillon 2014 por Hervé Bizeul

Una añada combativa, de vinos potentes, redondos y sedosos…

Explicar el 2014 es cómo narrar una campaña napoleónica. Una campaña victoriosa, afortunadamente. Pero hubo tantas y tantas peripecias que me temo que escribirlo no será suficiente… Permitidme intentarlo.

Primero llegó la primavera, fría, tardía y lluviosa. Bonitas apariciones de las uvas y suelos bien hidratados, por tanto, buenos parámetros para empezar. Luego llegó la floración, rápida, homogénea, excepcional para las garnachas, tanto blancas, grises o tintas. Finalmente, apareció el verano, cálido pero sin más, con viento, casi permanente que perturbó la vida de la bodega, hasta el punto que algunos solo pudieron irse de vacaciones durante unos días. Hubiéramos dicho que un Dios bromista, estilo Loki, estaba tomando el control durante el año, haciendo que sólo pudiéramos pasar el polvo de azufre en plena noche o durante la noche del sábado al domingo, poniendo así a prueba nuestra resistencia y el rendimiento de los equipos.

Y, por supuesto, llegó el otoño, lento, tan lento, largo, tan largo, bajo un clima agradable pero fresco, sin un día de viento algo que, aquí, no recordábamos en nuestra memoria centenaria, las maduraciones parecían avanzar a ralentí, cada día era similar al anterior. Creo que jamás he pasado tanto tiempo recorriendo las parcelas, catando y volviendo a catar, tratando de encontrar ese momento único cuando las pieles de las uvas se dejan llevar, se abandonan, dejando colores y taninos disponibles para fundirse en el mosto.

Nuestro tradicional trabajo de toilettage avant vendanges (limpieza de las viñas retirando los racimos que no han madurado lo suficiente, o hojas secas indeseables, antes de vendimiar) rozó este año la perfección. Cerca del 20 de septiembre, habíamos conseguido cosechar las variedades blancas en perfectas condiciones, tras una decena de días de vendimia, la mañana, con uvas bien frescas, preparadas para largos prensados, racimos enteros. Todas las uvas destinadas a nuestros vinos fruta ya se estaban vinificando, la bodega estaba llena y teníamos días por delante para esperar las uvas de nuestros grandes suelos calcáreos. Recuerdo precisamente los paseos, no hay otra palabra, por las viñas, admirando el resultado del trabajo de nuestros equipos que habían revisado hasta cinco veces algunas de las parcelas, cogiendo un racimo aquí, recolocando un racimo enredado, aligerando un rama, descartando de la punta de la podadora un grano que no era perfecto, arrancando una hoja o dos para poner un racimo al sol. Contaba los días que nos separaban de una añada de leyenda, buscando el equilibrio ideal entre potencia, fruta y frescura.

Clos des Fees_Vila Viniteca_Avanzadas 2014

Hervé Bizeul de Le Clos des Fées

Y vino entonces la Drosophila Suzuki… En cuestión de días, generación tras generación, el devastador insecto japonés comenzó a invadir todas las viñas de la región. Se escucha por todos lados “¡A vendimiar!”. Pero este año han sido pocos los que han confesado que la finalización de las vendimias no fue una decisión humana, sino la de un minúsculo insecto cuyo rostro, dentado, permite picar incluso las uvas sanas. Afortunadamente, sólo nos faltaba una decena de hectáreas por vendimiar y decidí desplazar todos los recolectores de aceitunas hacia los viñedos. Un equipo de una treintena de personas se puso a seleccionar las uvas, haciendo caer de los racimos todo aquello que estuviera dañado. Después una docena de recolectores y porteadores cortaron todo lo que quedaba. Por suerte, las garnachas eran abundantes, pero aun así, la cosecha fue pequeña para los vinos de guarda.

Después de haber conversado largo y tendido con amigos viticultores (todas las regiones se vieron afectadas, unas más que otras), este año hay dos tipos de viticultores: los que han mirado la verdad de cara y aquellos que la han negado… Y entre los que han preferido la lucidez, hay aún dos categorías: los que tenían los medios humanos y materiales para afrontarla y aquellos que no los tenían. Nosotros teníamos los medios, gracias a vosotros e, incluso, si hubiera preferido que el final de la vendimia fuera más tranquilo y menos costoso, debo reconocer que la lucha tuvo su encanto, una victoria que dejaba un mayor sabor de boca…

Los vinos son magníficos

Más garnacha y syrah, por supuesto, que monastrell y cariñena, más tardíos, son sedosos y ricos, llenos y estructurados. Un poco menos ricos en alcohol. Los he catado de nuevo, antes de su trasvase a barricas, con Quim Vila, nuestro importador para España, uno de los catadores más exigentes que conozco. El Vieilles Vignes está completo, muestra una explosión de fruta y de taninos de competición, redondos y firmes. El Clos des Fées está rico, aún sin la influencia de la madera, articulado alrededor de taninos vibrantes, que deberán ser domados por una crianza sin dudas un poco más larga y una guarda importante en bodega. Hoy vemos claramente que es una añada armada para veinte años y no para diez, la caliza muestra su exigencia. Presenciamos una plenitud y una cremosidad únicas, con un toque en boca sedoso que lo hace bebible desde ahora. No me gusta hacer el discurso de la Petite Sibérie, este vino habla por sí mismo, vinculando una finura de tanino excepcional a una textura conmovedora, y el conjunto coronado con una fruta intacta, rica y fresca. Muchos de vosotros lo habéis catado, en casa, en la bodega o en eventos. Sabéis de lo que hablo.

Consulta los vinos a la avanzada de Le Clos de Fées aquí.

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