Tenuta di Trinoro 2016 por Andrea Franchetti

Trinoro, mayo de 2017

Trinoro tuvo un invierno templado y cargado de suficientes lluvias. Prosiguió una primavera suave sin grandes cambios de temperatura. A partir del 15 de abril las viñas empezaron a moverse, aunque un poco más tarde de lo que es habitual. El año anterior nos dieron un fruto rico y suculento y pensé que deberían estar cansadas por el esfuerzo, pero las viñas crecieron rápidamente y en los primeros 10 días de junio todo el viñedo había florecido uniformemente, convenciéndome de que sus energías estaban intactas. El verano fue fresco con un viento marino procedente del norte que parece ser la nueva tendencia en el valle. Los primeros días del mes de julio estuvieron marcados por algún episodio de granizo que afectó sólo a algunas filas. Es la primera vez que sufrimos estos episodios, ya que Trinoro está situado entre dos montañas que lo protegen. Las pequeñas bayas verdes disminuyeron y justo después, en menos de un mes, enrojecieron. Quisimos hilar más fino y recortamos el follaje haciendo que las hojas palidecieran inmediatamente. Llegamos correctamente a la mitad del ciclo de la vid. Durante agosto tuvimos dos semanas de calor, que el viento dispersó rápidamente, aunque ese calor fue el responsable del sólido cuerpo que se está desarrollando en los vinos.

En el mes de septiembre llovió un poco y destapé algunos racimos rellenos y redondos, exponiéndolos al agua. El tiempo empezó a suavizarse y luego la gran luna blanca empezó a crecer en un cielo ya más frío, posándose encima del viñedo. Una mañana soleada (el 18 de septiembre) estuve catando uvas en algunas filas y encontré los primeros merlots maduros. El nuevo sabor se mantenía tras un embotado dulzor, y luego se mostró de repente, dándome la convicción que debíamos empezar a preparar la vendimia. El 23 de septiembre volví al mismo viñedo y encontré uvas liberadas de su sabor vegetal y su tinta. Deje los frutos colgados una noche más y el día 24 de septiembre empezamos a vendimiar. Pensé: “Tendremos un vino sensacional”. Un merlot excitante continuó llegando a la bodega el 27 y el 29, con la última carga al final del largo día 30. Trabajamos desde la madrugada hasta entrada la noche bajo las luces del tractor. El equipo continuó cazando uvas en la inmensa aureola del campo, antes de adentrarse en la noche.

En los primeros días de octubre una lluvia fina cayó encima de los cabernet franc, luego los campos se secaron y las uvas llegaron al límite de su madurez el día 6 en dos viñedos. Hubiera preferido esperar hasta el día 8 pero sabía que venía más lluvia, así que vendimiamos esos dos viñedos inmediatamente, junto con algunas uvas de la plana. El día 10 la luna estaba subiendo rápido haciendo que las uvas madurasen de golpe, así que vendimiamos las magníficas uvas procedentes de las viñas en las laderas. Después de esto llegaron unas lluvias abundantes, como la previsión meteorológica anunciaba, así que esperamos que pasara y volvimos a empezar el día 12. Parcela tras parcela y uva tras uva veíamos como el mosto se oscurecía en las copas y en nuestras manos, ya que estaba madurando muy rápido. Nuestro valle se volvió un mar negro de uvas y la luna ascendiente las arrastraba hacía la “súper madurez”. Llamamos a más vendimiadores de la zona para poder vendimiarlo todo entre el día 12 y el 13. Todos los tanques se rellenaron con cabernet franc que variaron marcadamente de acuerdo con la parcela de dónde procedían y el momento en el que fueron vendimiados.

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