Vino y salud

Por Ramón Estruch

Los daños del consumo excesivo de bebidas alcohólicas se conoce desde hace miles de años y de hecho en el Génesis ya se describe la primera intoxicación alcohólica documentada de la historia, cuando Noé, tras el diluvio universal, se dedicó a cultivar en otras cosas viñedos y tras beber vino cogió una considerable borrachera, que motivó que sus hijos tuvieran que cuidarle para evitar males mayores. Desde entonces, se sabe que el consumo excesivo de alcohol puede tener graves complicaciones médicas como intoxicaciones agudas, síndrome de dependencia, cirrosis hepática, pancreatitis, hipertensión, accidentes vasculares cerebrales, miocardiopatía, arritmias cardiacas o incluso muertes súbitas.

No obstante, también es cierto que desde hace más de 2.000 años la sociedad atribuye características saludables al consumo moderado de bebidas alcohólicas y principalmente al consumo de vino. No obstante, la primera evidencia científica moderna de la relación entre consumo de alcohol y enfermedad cardiovascular data de principios del siglo XX, cuando se observó que los pacientes que morían de cirrosis hepática de origen alcohólico tenían unas arterias totalmente sanas, sin las lesiones arterioscleróticas que les corresponderían por su edad. Desde entonces son numerosos los estudios epidemiológicos y meta-análisis en los que se han incluido más de un millón de sujetos y casi 100.000 muertes que han concluido que la relación entre consumo de alcohol y mortalidad sigue una curva en “J”, es decir, las personas abstemias tienen una mortalidad mayor que las que consumen moderadamente alcohol y éstas, a su vez, una mortalidad menor que los que consumen cantidades excesivas de alcohol (Figura 1). La mortalidad más baja se observa cuando el consumo es de media copa al día (6 gr. de alcohol), con una reducción de casi el 20% en el riesgo de muerte. Sin embargo, a partir de 4 copas al día los varones y 2 copas al día las mujeres, el riesgo de morir sobrepasa al riesgo de los abstemios. Esta relación es totalmente diferente a la que se observa con el tabaco, cuyos efectos nocivos (mortalidad) se observan a partir del primer cigarrillo (Figura 2). Por todo ello, la mayoría de sociedades científicas consideran como “consumo saludable” la ingesta de hasta dos copas al día para los varones y hasta 1 copa al día, las mujeres.

Efectos sobre el sistema cardiovascular

Numerosos estudios han hallado que el consumo moderado de bebidas alcohólicas reduce la incidencia de infarto de miocardio (20%) y mortalidad cardiovascular (26%). También son numerosos los estudios que concluyen que el consumo moderado de alcohol reduce el riesgo de muerte súbita, efecto que se atribuye tanto a una reducción en la incidencia de arritmias, como de trombosis coronaria. Asimismo, otros estudios han observado una menor incidencia de arteriopatía periférica y de insuficiencia cardíaca en los bebedores moderados que en los abstemios. Estos efectos se han atribuido a los siguientes mecanismos: reducción de la presión arterial, aumento del colesterol protector (HDL colesterol) y efectos sobre los mecanismos de coagulación (reducción del fibrinógeno y de la agregación de las plaquetas). Además, hay que añadir los efectos anti-oxidante y anti-inflamatorios de las bebidas alcohólicas, es especial del vino tinto, ya que la patogenia de la mayoría de enfermedades degenerativas crónicas, como las enfermedades cardiovasculares se asocia a estrés oxidativo e inflamación de bajo grado de sus órganos y tejidos. Estudios comparativos entre los efectos de diferentes bebidas alcohólicas observan que los efectos del vino, especialmente del vino tinto, son superiores a los de otras bebidas alcohólicas. Estos efectos superiores del vino se atribuyen a su elevado contenido en polifenoles (véase más adelante).  

Efectos sobre la circulación cerebral

El abuso de bebidas alcohólicas aumenta el riesgo de sufrir hemorragias cerebrales, posiblemente por alteraciones de la coagulación y aumento de la presión arterial asociados a intoxicaciones alcohólicas agudas. En cambio, el consumo moderado de bebidas alcohólicas se asocia a una reducción del riesgo de infartos cerebrales comparado con el grupo de abstemios. Existen estudios indican que el mayor beneficio se obtiene cuando el consumo de bebidas alcohólicas, especialmente vino, se limita a 5 días de la semana. Los mecanismos protectores son similares a los referidos para el sistema cardiovascular, con un mayor efecto protector del vino.

Diabetes

La diabetes es una de las epidemias del siglo XXI, de ahí el interés en la prevención de esta enfermedad. Numerosos estudios han observado una reducción en la incidencia de nuevos casos de diabetes en los bebedores ligeros y moderados de bebidas alcohólicas, comparado con los abstemios. Asimismo, se ha observado una disminución en la incidencia o progresión de nefropatía diabética en los bebedores moderados con diabetes mellitus tipo II. Finalmente, en mujeres menopáusicas no diabéticas, las bebedoras de hasta dos copas al día presentan una concentración menor de insulina circulante y, por ende, una mayor sensibilidad a la insulina.

Obesidad

En estudios prospectivos a largo plazo, los bebedores moderados, especialmente de vino, tienen una menor probabilidad de aumentar de peso, comparado con los no bebedores. Este efecto podría contribuir a la menor incidencia de diabetes que presentan los bebedores moderados.

Demencia

Existen interesantes estudios que asocian el seguimiento de un patrón dietético saludable como la dieta mediterránea con una menor incidencia de deterioro cognitivo y de enfermedad de Alzheimer. Asimismo, existen estudios que han observado que los bebedores moderados de alcohol presentan una menor incidencia de demencia y de enfermedad de Alzheimer. En este contexto, estudios in vitro han observado que el alcohol (etanol) estabilizaría las moléculas de amiloide, que son la base de esta enfermedad.

Cáncer

En relación con el consumo de bebidas alcohólicas, tal vez uno de los temas más delicados es la relación entre el consumo de estas bebidas y la incidencia de cáncer, especialmente el cáncer de mama. Nadie duda que el consumo elevado de bebidas alcohólicas, especialmente licores y destilados se acompaña de una mayor incidencia de cáncer de esófago y de oro-faringe, riesgo que aumenta enormemente si además se acompaña de tabaquismo. No obstante, los estudios más recientes indican que no hay asociación entre un consumo moderado de bebidas alcohólicas y una mayor mortalidad por cáncer, e incluso algunos indican una menor mortalidad por cáncer en los bebedores ligeros (reducción de un 11% comparado con los abstemios).     

Vino y patrón de alimentación

Al analizar la relación entre consumo de bebidas alcohólicas y salud, también es muy importante considerar el tipo de bebida alcohólica, su patrón de consumo y la alimentación que acompaña a este consumo. Algunos estudios epidemiológicos, pero no en todos, han observado una menor mortalidad global y una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares y de cáncer en los bebedores moderados de bebidas fermentadas y especialmente en los bebedores de vino tinto, por lo que parte de los efectos protectores de estas bebidas se han atribuido a su contenido no alcohólico y más en concreto en su contenido en polifenoles. De hecho, numerosos estudios de intervención nutricional a corto plazo han observado que el consumo moderado de vino tinto tendría mayores efectos sobre la presión arterial y marcadores de oxidación e inflamación que la ginebra, por lo que estos efectos se han atribuido al elevado contenido en polifenoles que tiene el vino tinto. En cambio, los efectos sobre los lípidos (HDL colesterol) y coagulación (fibrinógeno) fueron similares tras el consumo de vino tinto y ginebra, por lo que estos efectos deben atribuirse al contenido alcohólico (etanol) que contienen ambas bebidas. En otras palabras, parte de los efectos protectores de las bebidas alcohólicas deben atribuirse a su contenido en alcohol y otra parte a su contenido en productos no alcohólicos como los polifenoles.

También es muy importante consumir estas bebidas con las comidas y de forma regular. El consumo de grandes cantidades de alcohol en uno o dos días por semana (binge drinking) se asocia con una mayor mortalidad global (aumentos del 13%) y de la mortalidad por cáncer (22%), es decir, esta forma de consumo se asocia con una mayor incidencia de enfermedades no cardiovasculares, principalmente de cáncer.

Finalmente, debe tenerse en cuenta el patrón alimentario que acompaña al consumo de bebidas alcohólicas. Cada día se reúne más evidencias de que las bebidas alcohólicas no deben considerarse de forma aislada, sino que deben englobarse dentro de la dieta que siga la persona. Donde mayormente se observa este efecto es sobre la incidencia de cáncer. Los efectos de las bebidas alcohólicas, incluso consumido de forma moderada, son muy diferentes si éstas se consumen dentro de una dieta saludable muy rica en vitaminas (ácido fólico) como es la dieta mediterránea, que si se consumen dentro de patrones de dieta no tan saludables como la dieta occidental o incluso la dieta baja en grasa. 

Conclusión

Actualmente se dispone de numerosas evidencias científicas basadas en estudios epidemiológicos o en ensayos clínicos de corta duración que demuestran el efecto protector del consumo moderado de bebidas alcohólicas y especialmente del vino sobre la salud y muy especialmente sobre las enfermedades cardiovasculares. No obstante, el grado de evidencia científica que se logra con este tipo de estudios es “intermedia”, de ahí la necesidad de realizar estudios aleatorizados, controlados y a lo largo de la intervención nutricional para demostrar con el mayor grado de evidencia científica estos efectos protectores del consumo moderado de vino sobre la salud.

Figura 1

Figura 1: Riesgo de mortalidad por cualquier causa según el consumo de alcohol (número de copas al día). Los análisis dosis-respuesta del consumo de alcohol muestran una relación entre consumo de alcohol y mortalidad global que sigue una curva en “J”. (Reproducido de Di Castelnuovo et al.)

Figura 2

Figura 2: Riesgo de mortalidad por cualquier causa según el grado de tabaquismo (cigarrillos al día). Los análisis dosis-respuesta muestran que la relación en tabaquismo y mortalidad global es lineal (Reproducido de Wang K et al.)

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Ramón Estruch
El Profesor Ramón Estruch es actualmente el coordinador científico de la Fundación Dieta Mediterránea y Presidente del Advisory Board del Paralelo 40 – Observatorio Mundial de la Dieta Mediterránea. También es consultor Senior del Departamento de Medicina Interna del Hospital Clínic de Barcelona desde 2002 y profesor asociado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona desde 1996. Las principales líneas de investigación que desarrolla son: efectos cardiovasculares de la dieta mediterránea; mecanismos de los efectos del consumo moderado del vino y cerveza; efectos del consumo crónico del alcohol en el corazón, el hígado y el cerebro; efectos de diferentes bebidas alcohólicas sobre el sistema inmunológico; y efectos del aceite de oliva, frutos secos y cacao en el perfil lipídico y biomarcadores inflamatorios. En los últimos años, su grupo ha recibido subvenciones de la Comisión Europea, del Instituto Nacional de Salud (NIH) de EE.UU, CICYT, del Instituto Nacional de Investigación Agroalimentaria (INIA) del Ministerio de Educación y Ciencia, dek Fondo de Investigación Sanitaria Instituto de Salud Carlos III del Ministerio de Sanidad (ISCIII). Además, el Profesor Estruch es líder de la red temática “Dieta Mediterránea y Enfermedad Cardiovascular” de la ISCIII (España). Ha publicado más de 250 artículos en revistas de entre las que se incluyen N Engl J Med, JAMA, Ann Intern Med, Arch Intern Med, Cardiovasc Res J, Ann Neurol, Am Clin Nutr y Diabetes Care.

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