Ahora Gredos

Por Daniel Landi

Gredos como idea

Esta semana aparece en el Financial Times un artículo de Andrew Jefford, “A Spanish Secret”, sobre los vinos de Gredos en el que nos habla de su potencial “la garnacha en Gredos puede parecer casi borgoñona en su ligereza y frescura”. En este mismo sentido, hace apenas unos meses, la Sierra de Gredos era reconocida como una de las zonas  vitícolas españolas con mayor interés por la prestigiosa revista norteamericana The Wine Advocate. En su artículo “Garnacha de montaña sobre granito”, Luis Gutiérrez advierte de que si se trabaja bien en Gredos “es posible conseguir algo a medio camino entre Châteauneuf-du-Pape y Côte de Nuits! De hecho, garnachas de primer nivel mundial”. También este año aparecía el interesante artículo de Amaya Cervera “La paradoja de la garnacha en España” en Fine Wine, donde señalaba que Gredos se ha convertido en los últimos años en “una de las zonas vitícolas más prometedoras e inspiradoras de España”.

La vendimia 2015 se acerca vertiginosamente en este caluroso verano. Para mí será la décimo segunda en la región. La situación ha cambiado radicalmente en este corto periodo de tiempo desde cuando comencé en 2004. Atrás quedó la época donde salir a vender un vino de garnacha 100%, más pálido de lo habitual, era algo raro y hasta atrevido en un mercado copado por vinos oscuros, con mucha concentración y madera que normalmente provenían de las “variedades mejorantes” que llegaban desde Francia a arreglar por la vía fácil los males del vino español. Concentración y madera nueva era el secreto. ¡En mis dos primeros años yo también hacía vinos de syrah! Todos hemos evolucionado.

También atrás ha quedado la extraña mirada de la gente cuando hablabas de vinos de Méntrida o del oeste de Madrid. ¿Eso dónde está? era con lo mejor que te podías encontrar por respuesta dada la dudosa reputación que tenían los vinos de la región: vinos de mesa, rudos y alcohólicos en su práctica totalidad. Ahora todo es diferente, y más fácil.

Hace apenas unos años Gredos era sólo una idea en la cabeza de unas pocas personas. Aún recuerdo las primeras reuniones de lo que luego pasó a llamarse asociación Garnachas de Gredos, donde éramos apenas cinco o seis. Por entonces no existía ni la palabra y, ya se sabe, sin la palabra no hay nada. Alguien puso el nombre.

alto del mirlo_Daniel Landi_Vila Viniteca

Gredos. El Alto del Mirlo desde Cadalso de los Vidrios

¿Por qué el boom de Gredos?

La historia vitivinícola de esta región se asemeja a otras muchas en España. El viñedo ha existido siempre y ha formado parte de la cultura y las costumbres de estos pueblos. Sin embargo, no se ha sabido o podido aprovechar, entre otras cosas, por las condiciones socioeconómicas e históricas del país. La región ha estado dominada por cooperativas y bodegas industriales dedicadas a realizar vinos de mesa y venta a granel. Ha sido en estos últimos años cuando se produce el gran cambio. Una puesta en valor que, en palabras de Josep Roca, propietario y sumiller del Celler Can Roca, considerado el mejor restaurante del mundo, ha supuesto un renacer: “La Sierra de Gredos renace en este principio de siglo y muestra sus viñedos, que vuelven a sentir el peso de la azada. Si el vino de Madrid gozó de prestigio en el Siglo de Oro de las letras españolas, ahora se reinventa con brío y grandes dosis de talento. La tierra resplandece, recuperada por una juventud abducida por la singularidad de unas garnachas que allí languidecían”.

El gran potencial viene determinado por la historia. Los viñedos viejos de variedades locales adaptadas a lo largo de cientos de años al clima y a los suelos son el mayor tesoro del patrimonio vitícola de una región o un país. España es un país de ilimitados recursos para hacer grandes vinos. Son muchas las regiones que sólo necesitan de una buena interpretación por nuestra parte.

Para mí, la garnacha es una de las grandes bellezas de la cultura mediterránea. La garnacha es al sur lo que la pinot noir al norte, el caiño a Galicia o el nerello mascalese a Sicilia. Variedades tintas que llevan dentro el espíritu de la elegancia y la delicadeza. Vinos tintos con alma de vinos blancos.

También esto ha cambiado. Cuando empezábamos, la garnacha era una variedad denostada no apta para hacer grandes vinos. Entre otras cosas, se decía que no envejecía bien. De hecho, por entonces, apenas había en España vinos 100% garnacha que fuesen considerados “grandes”. Sin embargo, la garnacha goza hoy de un prestigio que nunca conoció con anterioridad y hay un retorno y puesta en valor de esta variedad en muchos puntos de la península.

La diversidad y riqueza en suelos y parajes que hay en la sierra es otra enorme ventaja que tiene Gredos. Hay tres valles: al norte el Alto Alberche más frío, el valle central de Cebreros y San Martín de Valdeiglesias más cálido, y al sur el valle del Tiétar siempre más lluvioso. Tenemos suelos de granito que aportan frescura, acidez  y verticalidad a los vinos y suelos de pizarra que sugieren más volumen y complejidad. Una región montañosa que aporta la frescura que otorga la altitud y los fuertes cambios térmicos entre noche y día, dando lugar a una maduración lenta y pausada. En un contexto general de cambio climático, son y serán especialmente interesantes estas zonas de montaña.

Rumbo al Norte, viñedo extremo a 1.200 metros de altitud

Rumbo al Norte, viñedo extremo a 1.200 metros de altitud

En resumen, es la sabia combinación de suelos graníticos, con ancianas viñas de garnacha y la altitud de las montañas la que hace única a Gredos y ofrece la posibilidad de hacer grandes vinos. No conozco otra región vitícola que reúna estas tres características.

En su artículo antes citado, Amaya resume “tres grandes áreas ayudan a dibujar el mapa mental de los diferentes estilos de la garnacha en España. La primera de ellas, Cataluña, con sus vinos de estilo mediterráneo. La segunda, Rioja, Navarra y Aragón, regiones que descansan sobre el Sistema Ibérico […] y finalmente, Gredos, un verdadero batiburrillo de regiones administrativas y denominaciones situado en el Sistema Central, que presume de un carácter distintivo y cautivador”. Por seguir citando a Amaya, las garnachas de Gredos “son completamente diferentes a las del resto de España.  De color pálido, muy aromáticas y evocativas, aparentemente ligeras de cuerpo pero con tal enganche, longitud y expresión que atrapan inmediatamente la atención de cualquier bebedor de vino”. También se podría añadir que se diferencian de las francesas de Côtes de Roussillon, Châteauneuf-du-Pape, o la cannonau de Córcega y Cerdeña en Italia.

Como muy bien expresó hace ya unos años el periodista Víctor de la Serna, “es quizá la posibilidad de hacer vinos frescos y delicados el mayor tesoro de la Sierra de Gredos, pues es una cualidad que se encuentra muy escasamente en los países de clima cálido”. Ese es nuestro tesoro.

Creo que el descubrimiento de Gredos se puede asemejar al sucedido con el Etna en Sicilia puesto que son dos regiones que, pese a las numerosas diferencias, guardan también ciertas similitudes. Entre ellas, esa posibilidad de hacer vinos finos, como en no muchas otras regiones dentro de la esfera mediterránea.

¿Despertar o abandono?

Ahora bien, este incipiente reconocimiento que estamos viviendo en los últimos años nos podría llevar a pensar que todo está hecho. ¡Cuidado! Nada más lejos de la realidad, pues sólo se están poniendo las primeras piedras de una casa que todavía es de barro. Lamentablemente, al igual que en otras muchas regiones de España, el campo se sigue abandonando. Se calcula que en los últimos cuarenta años se ha perdido el 80% del viñedo en la Sierra de Gredos, desdibujando el paisaje construido a lo largo de cientos de años por el trabajo de personas con tesón y un esfuerzo inaudito. Hoy los pueblos se llenan de ancianos que ocupan plaza en los bancos del paseo observando, ya sin fuerzas, cómo se pierden aquellas viñas que trabajaron toda su vida. Nadie coge el testigo en sus familias. Todos corren a la ciudad. En las últimas décadas el ladrillo lo inundó todo. Las cooperativas van cerrando poco a poco en un largo y lento sangrar, sin rumbo, sin futuro. Los pueblos se desdibujan y van alejándose de su cultura. El patrimonio se pierde.

Viña rescatada en Cebreros

Viña rescatada en Cebreros

Gredos vive, por tanto, en la dicotomía de saborear el reconocimiento internacional y un continuo abandono que parece no tener fin a pesar de ciertos esfuerzos. Mientras algunos de sus vinos empiezan a ser objeto de culto en los mejores restaurantes del mundo, de Nueva York a Tokio, por el contrario, cada año quedan menos viñas cultivadas.

Sin embargo, no todo está perdido. A pesar de todo, aún quedan 5.000 hectáreas cultivadas entre las cuales hay verdaderos tesoros vitícolas, parcelas tocadas por la barita mágica. ¿Qué hay que hacer para evitar su pérdida?

Garnachas de Gredos, ¿realidad o sueño de verano?

Hace 25 años que la increíble experiencia del Priorat abrió los ojos a mucha gente. Gracias a la iniciativa, las ideas y la ilusión de unas pocas personas comenzó la historia más exitosa de recuperación de una región vitícola. Y digo gracias a las ideas porque nada es por que sí. Todo comienza en las ideas. Después viene mucho trabajo, tiempo y perseverancia, pero sin ideas no hay nada. Ideas, ilusión y esfuerzo son los motores de las grandes cosas en esta vida. Hace poco vi una entrevista en la televisión a Alvaro Palacios en la que, recordando aquellos años en los que empezaba Priorat, se paraba en la carretera lamentándose de no tener una nómina. ¡Qué bien conozco esa sensación! ¡Bendita desesperación, Alvaro! Un esfuerzo de trabajar por lo incierto que se ve recompensado por una puesta en valor de la historia y el patrimonio.

Pues bien, ojalá suceda algo parecido en la maravillosa Sierra de Gredos. Más allá de intereses personales y comerciales, que cada bodega tiene lógicamente, creo que rescatar nuestro patrimonio debe ser el verdadero objetivo de nuestro trabajo. Tenemos que entender que somos más fuertes todos juntos. Es el trabajo a favor de la región lo que da significado. Sin ello, todo es circunstancial y momentáneo. Poner en valor nuestro lugar es lo más importante y lo único que trascenderá en el tiempo.

Rey Moro, viña de pie franco en Villanueva de Ávila

Rey Moro, viña de pie franco en Villanueva de Ávila

Para ello, necesitamos a más gente, nuevas bodegas que impulsen el futuro. Todas aquellas personas que quieran venir a Gredos y comenzar un proyecto de forma seria serán bienvenidas. Y digo de forma seria, sí, porque en este país hay mucha “viticultura de bar”, aquella que consiste en hablar mucho y trabajar poco en la viña. Desde luego, hablar es mucho más fácil que trabajar y suele ser suficiente para vender algunas botellas, pero resulta siempre poco interesante. Necesitamos a gente que de verdad levante viñas abandonadas, mantenga aquellas que se van a perder en breve, que planten nuevas viñas para generaciones futuras. Personas que vengan a trabajar, construir bodegas y dar trabajo, aportar ideas nuevas y enriquecer a la región con la calidad de sus vinos. Hay que dinamizar la comarca fijando la población, rescatando oficios, haciendo atractivo el lugar al turismo, fomentar la gastronomía.

Necesitamos también que cada uno de nosotros en su bodega se esfuerce más y haga mejores vinos. Todavía estamos definiendo lo que los vinos de la Sierra pueden llegar a ser. Vinos que reflejen nuestro paisaje, que nos diferencien y que permitan a la gente descubrir una tipicidad única en el mundo con un enorme potencial para hacer vinos de talla mundial. En este sentido, si orientamos nuestros esfuerzos a trabajar la viña tendremos mucho terreno recorrido. Es el trabajo de la tierra el que siempre muestra el camino. La vuelta a las raíces.

Labrando las viñas

Labrando las viñas

Y, por último, necesitamos tener un mensaje claro y único. Creo muy sinceramente que apostar por las distintas Denominaciones de Origen limitadas a las fronteras políticas de cada una de las provincias es reduccionista y no explica la realidad de la tierra y los vinos de nuestra región. Ya sea D.O Méntrida (Toledo), D.O Vinos de Madrid (Madrid) o la incipiente D.O. Vinos de Cebreros (Ávila), por sí solas, cada una de ellas, no llegarán a construir algo realmente interesante porque tienen en su ser el germen de su autodestrucción. ¿De verdad alguien con criterio va a entender que las viñas de dos pueblos vecinos separados por apenas unos metros no pertenecen a la misma Denominación de Origen y, por el contario, si son de la misma Denominación de origen viñas a 200 kilómetros de distancia con variedades, suelos y climas totalmente diferentes?

Por eso creo que Garnachas de Gredos tiene mucho más sentido y fuerza que otras iniciativas. Tiene más sentido porque es coherente con la realidad, con el paisaje, con lo que realmente configura la identidad de estos vinos. El mensaje es muy claro, no hay nadie que visite la zona que no lo vea con sus propios ojos. Nunca la política debe estar por encima de la tierra.

Y tiene más fuerza, además, porque nos aglutina a todas las pequeñas bodegas que estamos trabajando en la región y que, juntas, no somos tan pequeñas. Para construir algo relevante debemos ir todos en la misma dirección. Nuestras etiquetas deben poner Sierra de Gredos bien claro. Esto es lo que hace 25 años entendieron algunos en el Priorat y lo que lleva construyendo durante siglos el prestigio de Borgoña y otras zonas vitícolas.

Nuestra tierra

Nuestra tierra

Lo más difícil está hecho. Se ha conseguido salir del anonimato, se ha conseguido enseñar el camino por donde hay que perseverar y mejorar. Los principales periodistas, nacionales e internacionales, y algunos de los mejores sumilleres  del mundo han entendido la identidad que guarda nuestra Sierra más allá de formalismos de etiquetado. En este sentido, tiene especial relevancia que se haya dedicado un artículo en exclusiva a los vinos de Gredos en el The Wine Advocate, para muchos la referencia mundial de la crítica. “Gredos es para mí una denominación geográfica que tiene mucho sentido” remarcaba Luis Gutiérrez. También Andrew Jefford, en su artículo del Financial Times, dice algo parecido “el nombre de Gredos es para todos atractivo”. Creo que no hay que desaprovechar, mareando con otras ideas localistas, esta buena acogida. Tenemos una oportunidad histórica que podemos desaprovechar si elegimos mal en dónde ponemos el foco de atención.

Primera imagen: Méntrida, 2004

Daniel Landi
Daniel Landi comenzó su trabajo con las viejas viñas de garnacha de la Sierra de Gredos (Méntrida, Madrid, Ávila) en 2004. Centrado en la viña, intenta año tras año recuperar la vida de los suelos, equilibrar la viña a través de una viticultura orgánica y, en algunas parcelas, biodinámica. En bodega, las elaboraciones son poco intervencionistas, intentando respetar la materia prima y la identidad de cada una de las parcelas.  Alejado de la entonces imperante corriente española, donde se buscaban vinos con fuerte extracción y maduración, ha buscado vinos con finura, frescura y fluidez teniendo como principal referencia algunos vinos franceses que descubría en sus viajes. En la actualidad, Daniel Landi desarrolla dos proyectos: Daniel Landi y Comando G. El primero se compone de 7 hectáreas situadas en tres pueblos de la Sierra de Gredos (El Real de San Vicente, Cebreros y El Tiemblo) y cuenta con una producción de 15.000 botellas al año la mayoría de las cuales corresponden al vino de pueblo Las Uvas de la Ira. El Reventón, Cantos del Diablo y Las Iruelas, tres vinos de parcela, completan el proyecto. En Comando G, junto con Fernando García, cultiva 10 Ha de viñedos en Sierra de Gredos, principalmente en Rozas de Puerto Real, donde elaboran un vino de pueblo (La Bruja Avería), un vino selección de parcelas (Rozas 1er Cru) y un vino de parcela (Las Umbrías). També trabajan algunas parcelas en Navarrevisca (Rumbo al Norte), Navatalgordo (El Tamboril) y Villanueva (Tumba del Rey Moro).

Impactos: 126

Este artículo tiene 3 comentarios

  1. Amaya Cervera Reply

    Lo más importante que se ha conseguido en Gredos es un carácter diferencial que se ve en la copa. Creo que el concepto geográfico “Gredos” acabará prevaleciendo precisamente porque existe esa personalidad distintiva, aunque soy escéptica respecto a que pueda materializarse en una denominación de origen. También es importante que los vinos lleguen a un público más amplio. Hacen falta más botellas en el mercado y más vinos de entrada de gama para que cada vez más aficionados sepan a qué sabe Gredos. La cercanía de Madrid, por otro lado, es una excelente oportunidad para dar a conocer simultáneamente el paisaje y los vinos.

  2. Victor Fuentes Reply

    Escribo desde Suecia donde trabajo como Head Sommelier y tengo que decir que de todos los vinos que he descubierto a lo largo de este precioso viaje como sommelier los que mas me han impresionado son los vinos de Gredos, en especial los caldos de Dani Landi y Fernando Garcia. En un principio me fue muy difícil poder expresar todo lo que estos vinos me generaban, tanto a mis clientes como a colegas, No tan solo por el origen de los vinos, sino que también porque estos vinos eran muy distintos en su sabor textura y aromas a los garnachas que la gente en Suecia estaba acostumbrada a beber (Priorat, Aragon, Navarra, Etc). Dentro de las catas que yo estoy impartiendo hoy en día la mas valorada es la que yo llamo Garnacha v/s Garnacha donde comparamos los caldos de mucho alcohol, extremadamente frutosos y maduros de el norte de espana con la elegancia, frescura y complejidad de los vinos de Gredos.

    Suerte en el futuro y fuerzas que en esto no están solos

  3. Pingback: El reto challenger de los vinos de Gredos | maitecorsin.com

Deja un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *