Álava 2017 por Carlos López de Lacalle

Descubre los vinos de Juan Carlos López de Lacalle en Álava

Artadi 2017
La viña de España de ayer, de hoy y de mañana

Continuando con nuestro empeño en la búsqueda de la personalidad de nuestros vinos, este año queremos poner nuestro granito de arena, a través de esta reflexión, enfatizando en la dimensión mesurada y sostenida de los elementos y de los sentimientos para encontrarnos, con la autenticidad. Cuando hablamos de viñedos y de vinos llegamos a la conclusión de que es importante sentir la interacción de los lugares vitícolas y el entorno natural que los envuelve con la tradición y con el hombre. De no ser así, entendemos que jamás podremos llegar a descubrir la grandeza y la auténtica personalidad de nuestros viñedos. Para entender un poco mejor la situación actual del panorama vitícola español, sería interesante hacer un breve repaso a los acontecimientos históricos. El comienzo del cultivo de la vid en la península Ibérica es un poco incierto. Algunos historiadores sitúan su origen entre 2000-3000 años a.C. pero no fue hasta la llegada de los Fenicios y posteriormente el Imperio Romano cuando la viticultura española vivió un desarrollo importante. Ya en la época romana, Hispania (España y Portugal) se convirtió en una gran productora y suministradora de sus vinos a todo el Imperio. La caída de Roma, la invasión de las hordas germánicas y posteriormente, la invasión musulmana hizo que gran parte de la viticultura del país desapareciera. No fue hasta siglos más tarde, cuando la producción de vino encontró nuevos destinos comerciales como Inglaterra, Holanda, Norte de Europa, el Nuevo Mundo…. y entonces el viñedo volvió a expandirse y recuperar la importancia que tuvo en su día. En esa época se empezaron a delimitar las regiones vitícolas, asentándose las diferentes variedades de uva en las diferentes comarcas. En España, regiones vitícolas como Rioja, Alicante o Jerez, fueron las primeras en destacar y ser reconocidas por las peculiaridades de sus vinos. En Europa, esta evolución hacia la identificación de los lugares de producción, el reconocimiento de cada terruño, sus pueblos y las diferencias tanto edafológicas como climáticas de cada una de las zonas de producción, se gestaron a principio de siglo, pero se vieron ralentizadas o incluso en retroceso con la llegada de la filoxera primero y con las dos guerras mundiales y la guerra civil española, después. A partir de este momento, se inicia en Europa una gran actividad para recuperar y dar valor a las diferentes zonas vitícolas; países como Francia e Italia, con un gran patrimonio vitícola, desarrollan con fuerza las Denominaciones de Origen. En España, sin embargo y a pesar de la gran diversidad vitícola que disfrutamos, hoy únicamente se han constituido 69 denominaciones de origen, las cuales, como es obvio, nos parecen insuficientes para poder recoger la gran riqueza vitivinícola de la que disponemos. ¿Hay alguna forma de acercarnos al modelo de éxito de los países europeos? ¿Podemos dividir nuestro viñedo en denominaciones más pequeñas? ¿Podemos, mediante esta segmentación, aumentar el valor de nuestros viñedos, uvas y vinos? Desde Artadi, creemos firmemente que sí, que necesitamos dimensionar de forma sostenida los espacios vitícolas para dar sentido a todas y cada una de nuestras regiones. Sin el desarrollo de este concepto, los consumidores seguirán confusos, sin tener la posibilidad de identificar y diferenciar aquellos viñedos y vinos con un denominador común o quizá, lo que es más grave, el consumidor se perderá la posibilidad de descubrir y disfrutar la personalidad y la grandeza de algunos viñedos perdidos en un mar de vino. El esfuerzo de muchos pequeños agricultores está en juego. Son aquellos que apuestan por la diferenciación, la identificación de sus parcelas y la elaboración de vinos únicos. Como tantas veces hemos comentado, terroir es una palabra difícil de definir pero que encierra en ella el espíritu de los Grandes Vinos.

El terroir fue en los años ’30 el origen de las hoy conocidas “denominaciones de origen” tanto en España como en el mundo. Este concepto recoge a pequeñas zonas vitivinícolas con peculiaridades edafológicas y climáticas únicas, variedades de uva autóctonas, tradiciones propias de cada región y que, hoy en día, con el paso de los años, han forjado una historia propia, que las hace únicas y fácilmente reconocibles para el consumidor. Por eso hoy, queremos enfatizar en la relación que existe entre el gran mensaje que recoge el concepto terroir y la Dimensión Sostenible. Estamos sintiendo de forma intensa que la dimensión del entorno junto a la proporcionalidad que genera el patrimonio histórico que envuelve el viñedo, genera una energía que dota al binomio viñedo-vino de una personalidad y una belleza que los hacen únicos. Como resumen, y dirigido a todos aquellos que amamos el vino, nos gustaría sintetizar esta reflexión diciendo que el futuro de nuestro inagotable panorama vitícola español está supeditado a la potenciación del concepto terroir y al desarrollo de una viticultura de dimensiones mesuradas y sostenibles. Este es nuestro sueño en Artadi.

Comentarios sobre el ciclo vegetativo y la cosecha 2017

El ciclo vegetativo en la cosecha 2017 está condicionado por la noche del 28 de abril, cuando las temperaturas descendieron de forma general a niveles muy bajos y por consecuencia catastróficos. Invierno de temperaturas suaves y precipitaciones moderadas, seguido de una primavera con pluviometría media y temperaturas más altas de lo habitual, lo que favoreció una brotación temprana. Dependiendo de la orografía del terreno y del estado fenológico del viñedo, la helada de la noche del 28 de abril tuvo diferente incidencia en el cultivo; en términos generales en nuestra explotación, tuvimos una incidencia de un 20-25% de reducción de cosecha. En los meses posteriores a la helada, la climatología fue francamente beneficiosa para la recuperación del viñedo; se registraron temperaturas y lluvias ligeramente superiores a la media en nuestra región, lo que facilitó que en el momento de vendimia la diferencia fenológica no fuese significativa. Parece como que el viñedo en esta añada 2017 haya hecho suya la frase del filósofo romano Séneca: “La adversidad es ocasión de virtud”. Vinos sabios forjados por la adversidad. En nariz, disfrutamos de sus complejos aromas frutales y de su limpidez cristalina. Mora, grosella, regaliz, frutos rojos y anises fundidos con especias frescas, generan los matices aromáticos más sobresalientes de esta añada. Sus taninos estructurados y fluidos en boca, dibujan una emocionante esbeltez en su registro táctil. Al final, un inolvidable retrogusto en constante movimiento genera una sensación de intenta jugosidad. Una añada grande.

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