Álava 2019 por Juan Carlos López de Lacalle

REFLEXIONES DE LA AÑADA 2019

Aunque vamos a hablar de las peculiaridades y, por qué no decirlo, de las excelencias de la añada 2019, nos parece que es de rigor dedicar unas líneas para comentar algún aspecto de la crisis que estamos sufriendo en este año 2020.

Realmente, lo grave de esta situación es el dolor que nos ha dejado la pérdida de tantas personas. Nos gustaría desde aquí enviar nuestra muestra de afecto y cercanía a todos los amigos y conocidos que han perdido a sus seres queridos.

Cuando casi todo estaba preparado para la gran fiesta de presentación de la nueva cosecha llega, en un tiempo récord, una pandemia sin precedentes que afecta al mundo entero, y con graves consecuencias sanitarias, económicas y sociales que ha paralizado toda actividad generando un desconcierto total en la sociedad.

Ante esta situación de incertidumbre y haciéndonos eco de lo que dice el filósofo Daniel Innerarity, creemos que es necesario recurrir a la prudencia, a la comprensión, a la empatía y al respeto por el trabajo. Con estas premisas y con el esfuerzo de todos es seguro que muy pronto podremos salir de esta encrucijada.

Como cada año, teníamos una gran ilusión por compartir todo lo que la naturaleza nos ofrece y las vivencias que, en cada añada, nos brindan el viñedo y sus vinos. Pero no pudo ser. Como ya os anunciamos en su día, desgraciadamente este año no vamos a poder disfrutar juntos de todas estas experiencias y emociones vitivinícolas.

Por otro lado, los vinos han continuado su proceso y evolución en bodega. Vamos a hablar de las peculiaridades del ciclo vegetativo de la añada 2019 y de sus vinos.

Son tres los aspectos básicos que inciden en el desarrollo del viñedo en cada nueva añada. Por un lado, las temperaturas que se registran a lo largo del año, por otro, la pluviometría y, por último, la incidencia de las plagas y enfermedades que influenciados por las variables anteriores pueden llegar a afectar a los viñedos y a la calidad de sus vinos.

En 2019 hemos registrado unos niveles de pluviometría un poco más bajos que la media anual (510 litros/m2) con una cifra de 462,4 litros /m2 repartidos en el ciclo vegetativo de acuerdo a la siguiente secuencia:

– 205,2 litros en invierno,
– 104,1 litros en primavera,
– 80,1 litros en la época estival y
– 73,0 litros en otoño

Es de reseñar la tormenta de granizo que sufrimos el 25 de agosto que nos afectó gravemente en los viñedos ubicados al sur de Laguardia y Elvillar. Las parcelas de San Ginés, Valmayor, Cuerdamayor, La Ceposilla, Parredonda, Las Ventas entre otros, registraron daños importantes.

En cuanto a las temperaturas, el invierno no fue excesivamente frío, excepto en los últimos días del mes de diciembre y primeros días del mes de enero, cuando las temperaturas mínimas bajaron hasta – 4,8ºC.

Por el contrario, en el mes de febrero hubo días en los que se registraron temperaturas con máximas de hasta 22ºC.

En primavera hubo temperaturas dentro de lo habitual, quizás un poco más elevadas coincidiendo con su equinoccio, 21ºC , que después se normalizaron acabando con un final de mayo caluroso 29,1ºC.

Aunque la primera quincena de junio fue fría, durante todo el verano se mantuvo el carácter cálido estival, siendo julio el que ha marcado las temperaturas más altas – caben destacar las máximas de la semana de Santiago por encima de 36ºC. Durante la primera quincena de agosto, se mantuvieron las temperaturas altas para descender a partir de la tercera semana de agosto hasta la vendimia que iniciamos el 20 de septiembre con la uva blanca y finalizamos con los viñedos de tempranillo el 10 de octubre.

En lo que se refiere al estado sanitario del viñedo, podemos decir que hemos disfrutado de una añada sin enfermedades reseñables. La ajustada pluviometría y las temperaturas relativamente altas en el verano nos han ayudado a mantener sanos los viñedos durante todo su ciclo vegetativo.

Como consecuencia de las condiciones climatológicas anteriores, decir que la añada 2019 ha supuesto un 35% de reducción de la producción respecto a la cosecha del 2018. Esta situación se ha debido, por un lado, a una disfunción en cuanto a la diferenciación floral en la planta y, por lo tanto, un menor número de flores por racimo. Por otro lado, debido a las condiciones climatológicas de la añada, hemos registrado un menor éxito en cuajado o fecundación de las mismas y por lo tanto la presencia de un menor número de bayas por racimo.

Y por último, si unimos estas circunstancias a la afección registrada por el pedrisco en una parte importante de nuestra explotación, nos encontramos con una cosecha muy mermada en producción.

En resumen, una cosecha muy corta con una producción media de 3.200 kg por hectárea que ha generado un alto nivel cualitativo.

Deciros, con certeza que estamos ante una añada de gran potencial cualitativo.

En general, vamos a disfrutar de vinos de frutas frescas y maduras, gran profundidad y densidad en boca, con taninos ensamblados y fundidos que generan una estructura sólida y en perfecto equilibrio con sensaciones acariciantes y sedosas.

Impactos: 103

Deja un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *