Álava 2018 por Juan Carlos López de Lacalle

Para definir la cosecha de 2018 en base a su condicionamiento climático, debemos centrarnos en la pluviometría recibida durante todo el ciclo vegetativo. Fue uno de los años más lluviosos de los últimos 10 años (704 l/m2), con la particularidad de que las lluvias no fueron muy copiosas, pero se prolongaron durante todo el año.

En los tres meses de primavera (marzo, abril y mayo) tuvimos 189 l/m2 en 37 días. Es decir, sufrimos precipitaciones cada dos días y medio. Este ambiente húmedo constante favoreció la germinación de formas invernantes de las enfermedades fúngicas (Mildiu, Oídio, Botryris…) y su posterior proliferación.

Con el inicio del verano, las precipitaciones no estuvieron tan presentes, aunque sí se produjeron algunas tormentas veraniegas. Las temperaturas fueron ascendiendo de forma progresiva, incluso llegando algún día a 35ºC, circunstancia que ayudó de forma natural al control de enfermedades fúngicas presentes en el viñedo. Esta situación se prolongó durante los meses de septiembre y octubre, por lo que las condiciones climatológicas en el momento de la vendimia fueron muy buenas.

Como resultado final y de forma general, podemos decir que nos encontramos ante un vino construido por una carga aromática muy fresca y frutal, llena de energía y juventud. En la boca es una golosina y se repiten las sensaciones de enorme frutosidad, de frutas rojas y silvestres. Es de destacar en esta cosecha 2018, la composición tánica de saturación en todos sus vinos que generan sensaciones enormemente atractivas de caricia en boca. Incluso en sus primeros estadios, encontramos sedosidad, envoltura, dulzura… Podríamos definirla como la cosecha de la caricia.

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