Añada 2018 en Gratallops, Priorat por Álvaro Palacios

La sensación de feliz regreso a parámetros normales de referencia histórica

La primera mitad del año fue la más lluviosa desde tiempos inmemoriales. Enero no suele regalar prácticamente precipitación ninguna en las laderas del Priorat, pero 2018 se inició con una cantidad notable de lluvia, que abrió la puerta a un invierno y una primavera extraordinariamente húmedos.

Los registros invernales fueron muy altos —65 litros en febrero, con nieve a finales de mes, y otros 42 litros en marzo—, pero sin duda el cénit de precipitaciones llegó con el auge de la primavera: 63 litros en abril y 81 en mayo. Por fin, ¡qué feliz vuelta a los valores medios de la serie histórica del clima en el Priorat!

El inicio de junio es para recordar. Aún nos parece oír el alegre borboteo de mil arroyuelos bajando entre encinares luminosos y limpias lajas de pizarras. El verano daba sus primeros pasos con el ambiente sano de la tierra satisfecha. Semanas seguidas de claridad excepcional fueron abriendo camino al paulatino incremento de las temperaturas. Unas lluvias puntuales y muy agradecidas a mediados de julio ayudaron a contenerlas momentáneamente, pero poco después el calor se impuso definitivamente.

La recta final de una sana maduración

En agosto el aire se colmó de la sequedad mediterránea tan propia de nuestras cuestas de llicorella. Por fortuna, la entrada de la brisa de levante palió el efecto de unas temperaturas que algunos días superaron los 35 grados. Iniciado septiembre, esta tónica aún se prolongó varias jornadas, pero a partir del día 12 el calor pasó casi de golpe, de la mano de una fría humedad.

Y ahí fue donde empezamos a planificar la vendimia, que en L’Ermita tendría lugar un mes más tarde. Nuestros preciosos racimos se desarrollaban con una madurez que rozaba la perfección y a principios de octubre veíamos muy cerca el momento de empezar la recolección.

La uva ya tenía un grado beaumé más que suficiente y, dado que la previsión meteorológica anunciaba agua para la segunda semana de octubre, decidimos esperar a que las precipitaciones compensaran el equilibrio de azúcar y acidez. Así fue: el día 14, 75 litros de generosa lluvia rociaron las viñas de La Baixada y L’Ermita.

La excepcional vendimia de 2018

El 17 de octubre recogimos la viña vieja de Les Aubaguetes y la mañana del 18, la de L’Ermita. Maravillosamente dotada y saludable y pletórica de jugo en armonía ideal. Y vendimiada justo antes de otro episodio de precipitaciones intensas. Una conjunción de aciertos y azares resumidos en una fruta como hacía años que no obteníamos.

El Gran Vino

Un dechado de color intenso nos anuncia una dimensión y una robustez extraordinarias. El portento de su boca y su gran caudal se sostienen alzados por una acidez insólita. Armado por su estructura fenólica, una alegre evocación de vegetabilidad mediterránea, fresca y emocionante, insinúa alegría y vitalidad. Enigmática energía como solo sabe exponer el sublime dictado de la naturaleza y la vida.

Datos relevantes
Precipitación anual: 460,5 litros.
Temperatura media: 15,30 ºC.
Humedad relativa media anual: 63,25 %.
Horas de sol: 4.400.
Brotación: a partir del 13 de abril.
Floración: a partir del 28 de mayo.
Envero: a partir del 1 de agosto.

Fechas de vendimias
L’Ermita: 18 de octubre.
Les Aubaguetes: 13 y 17 de octubre.
La Baixada: 2 y 9 de octubre.
Finca Dofí: del 3 al 23 de octubre.
Gratallops Vi de Vila: del 29 de septiembre al 24 de octubre.

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