Añada 2020 en Sierra de Gredos por Daniel Landi

El vino es paisaje embotellado y radiografía de un momento histórico. El sabor de un lugar concreto interpretado por las circunstancias. Vida vegetal y vida humana. El diálogo entre la roca y la carne. Historia, cultura, herencia y legado. La familia en torno a la mesa. Sueños embotellados. El vino es vida.

Una vida que se vio embestida en 2020 por la incertidumbre, el miedo y el dolor. Un jalón en el camino de la humanidad. Un aviso desde las sombras que nosotros mismos hemos creado. La falsa utopía del progreso constante e infinito. La codicia humana. La soberbia que creía dominar la naturaleza. Es urgente reflexionar ¿qué estamos dispuestos a ofrecer cada uno?

Otro regalo de la Naturaleza

El invierno fue seco y relativamente caluroso como empieza a ser habitual. Días de poda en la tranquilidad del reposo. Sin embargo, la primavera comenzó con una nevada el último día de marzo como antesala de un abril muy lluvioso. El agua caía despacio y calaba las raíces. Nuestros días fueron pasando en la intimidad del equipo, el silencio de los cielos azules sin rayas blancas y el trabajo en la viña que se multiplicaba hasta la noche. Mayo fue fresco y también lluvioso. Los campos estaban exuberantes. Los pámpanos buscaban el cielo con ensordecedora rapidez. Bendita primavera. Las montañas vacías de todo artificio daban lugar a otros sonidos, a un contacto más sensorial con el bosque. Los ciervos caminaban tranquilos por las carreteras despobladas, los jabalíes se acercaban a beber en el arroyo de El Reventón a plena luz del día, e incluso un zorro nos acompañó algunas tardes en Rumbo sentado a nuestro lado. Nunca habíamos sentido una presencia tan viva. Fuimos abrazados por el sosiego de los espacios abiertos.

Ya en junio, tuvimos una floración fantástica seguida de más lluvias. Los prados aún seguían verdes. Año de garrapatas, año de grandes vinos. No fue hasta julio cuando apareció el verano con semanas muy calurosas que nos ayudaron a equilibrar. A mediados de agosto cayeron otros 30 litros que refrescaron de nuevo las tierras justo cuando comenzaba el envero. El calor de los primeros días de septiembre aproximó finalmente la vendimia en una añada de fechas clásicas y muy buena producción.

Ciclo 2020

Las primeras bayas confirmaron nuestras sensaciones. La uva era espectacular. Con equilibrio, sabor y acidez cítrica. Las viñas estaban como nunca. Un gran trabajo de todo el equipo durante primavera y verano. Todo muy sano con racimos aireados y protegidos en la sombra.

Sin heladas, sin granizo. Pero con fuertes lluvias en vendimia. Nunca hay descanso en estas tierras. El 17 de septiembre cayó una tremenda lluvia de carácter tropical cuando apenas habíamos comenzado la cosecha. Apostamos por adelantar un par de días la recogida de Cantos del Diablo y de La Breña. Una decisión que hicimos con dudas, pero que hoy nos enseña el que quizá sea el mejor Cantos del Diablo que hayamos hecho.

Inolvidable fue la vendimia de Umbrías el 2 de octubre bajo una cegadora cortina de agua. Con ayuda de nuestros vecinos recogimos la uva en apenas dos horas y la pusimos a secar en la bodega con grandes ventiladores como si de una peluquería se tratase. Una añada en donde Umbrías muestra de nuevo su cara más etérea, traslúcido y de finura sublime.

Fechas de vendimia y producción:

El Reventón: 6 de septiembre y 6 de octubre, un fudre de 1.400 litros y una barrica de 500 litros.
Cantos del Diablo: 15 de septiembre, un fudre de 1.400 litros.
La Breña: 17 de septiembre, una tulipa de 1.400 litros.
Las Iruelas: 14 y 29 de septiembre, y 1 de octubre, un fudre de 1.400 litros y una tulipa de 1.400 litros.
El Tamboril (tinto): 26 y 30 de septiembre, un fudre de 1.200 litros.
El Tamboril (blanco): 30 de septiembre, una barrica de 300 litros y dos damajuanas de 54 litros.
Tumba del Rey Moro: 30 de septiembre y 1 de octubre, un fudre de 1.200 litros.
Las Umbrías: 2 de octubre, dos fudres de 1.000 litros.
Rumbo al Norte: 23 de septiembre, 5 y 19 de octubre, un fudre de 1.200 litros.

La añada 2020 es una gran añada. Son vinos maravillosos, de fruta estrecha, definidos, precisos. Complejidad y finura. Tienen todo aquello que nos emociona y buscamos.

Un nuevo regalo de la naturaleza. Otra añada par en Gredos.

Si una cosa nos ha recordado el 2020 es la importancia del gesto. Reafirmarnos en la apuesta irrenunciable que hicimos por cultivar en armonía, respetar y estorbar lo menos posible. La riqueza del policultivo. La tierra no nos pertenece. La recuperación de antiguas viñas abandonadas. Revelar la historia de una región montañosa hundida en el anonimato. Plantar para las generaciones venideras. Escuchar a las montañas, sentir las raíces y trabajar con una mirada de surco largo. Aún nos quedan muchas cosas por mejorar.

La viña es un arma cargada de futuro. Un futuro que depende de lo que hagamos hoy.

Siempre recordaremos el 2020. ¡Salud!

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