Añada 2022 en Ribera del Duero por Peter Sisseck

En mi opinión, la añada 2022 tanto en España y como en resto de Europa, será recordada como histórica.

Hay multitud de informes de lo más extensos y precisos acerca de esta añada y su climatología, así que no les voy a aburrir con los detalles, sino simplemente a dar mi visión.

La añada 2022 se podría resumir en dos palabras: CALOR y SEQUÍA.

Comenzamos el año con unas tímidas lluvias de invierno, que se sumaban a un ya 2021 seco, lo que nos causó una gran preocupación.

Fuimos afortunados y logramos esquivar las heladas de primavera y la formación de las bayas fue normal, así que todo hacía presagiar una buena cosecha.

Uno de los primeros pensamientos que vinieron a mi cabeza fue: ¿cuánto podrían aguantar las cepas si tuviéramos un verano cálido y seco como todo hacía presagiar?

No queríamos estresar a las plantas, pero tampoco queríamos tener rendimientos muy bajos que dieran lugar a vinos demasiado concentrados. No deshojar se convertía en algo realmente primordial.

Mis conocimientos de Bourgogne, donde aprendí a no podar las plantas más jóvenes para evitar tener gran cantidad de brotes laterales, resultaron de gran ayuda.

Las plantas que si habían sido podadas reaccionaron peor a las condiciones de sequía y mostraron signos de estrés hídrico. Gracias a esta gran lección, hemos pasado el invierno poniendo postes a las viñas más jóvenes de Flor de Pingus.

Las cepas más viejas de Flor, PSI y Pingus mostraron una gran resiliencia y nos regalaron unas uvas maravillosamente equilibradas.

En envero, tuvimos que hacer algunos ajustes, especialmente en las plantas más jóvenes que dieron como resultado rendimientos más bajos de lo esperado, especialmente en Flor de Pingus, pero era importante alcanzar la misma madurez para todos los racimos para poder hacer una vendimia temprana.

Como suele ser habitual, comenzamos la vendimia por las uvas de Pingus, concretamente la parcela de San Cristóbal, un temprano 7 de septiembre.

La uva entró con una madurez estupenda, un alcohol probable en torno al 13,8%, y con una acidez total ligeramente baja, pero con valores de pH saludables.

Por la tarde comenzamos a vendimiar una parte de las cepas más jóvenes de Flor de Pingus, con un alcohol probable ligeramente superior a 14,3%.

Fuimos afortunados y la vendimia transcurrió con una climatología excelente, fermentaciones espontaneas realmente fáciles con levaduras naturales muy aromáticas. Remontados ligeros (30% menos de lo habitual) y la temperatura se mantuvo baja (en torno a 23 ºC) para evitar la sobre extracción.

La vendimia terminó el día 19 de septiembre, cuando ni siquiera entre el 5-10% de las bodegas de la Ribera del Duero habían comenzado a vendimiar, lo que por un momento me hizo pensar que igual estaba loco. Pero después de haber catado los vinos, estoy seguro de haber tomado la decisión correcta.

Los vinos están deliciosos, maravillosamente precisos, de un color intenso con destellos rubí y notas de frescura. Sin rastro de la pesadez ni el estilo rudo que cabría esperar de una añada tan cálida y seca.

Estoy orgulloso de esta añada y realmente feliz con el trabajo que hemos hecho.

Una añada más en la que para mí queda patente que un preciso manejo del viñedo, la agricultura biodinámica y la riqueza microbiológica de los suelos pueden lidiar casi con cualquier adversidad climatológica.

Peter Sisseck, Quintanilla de Onésimo a 16 de mayo de 2023

Fotografías: Carlos Gonzalez Armesto ©

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