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¡Agotador pero inesperado!

“Quod donare mora nequit annua, dat brevis hora” (Ocurre en una hora lo que no ocurre en un año, proverbio latino).
Para empezar, ¡la primavera fue particularmente caótica! Cálida y seca en marzo, húmeda en abril y mayo hasta tal punto que los tractores tuvieron problemas para circular por las arcillas arenosas y resbaladizas. El termómetro subía y bajaba como un yo-yo, y la viña se veía demacrada.

La flor se vio afectada por los excesos térmicos del mes de junio, por lo que las manchas de mildiu se multiplicaban en las hojas y racimos. Los daños fueron muy variables de una parcela a otra y la pérdida media muy difícil de estimar: probablemente alrededor del 30%… Practicando la biodinámica, hemos eliminado de la viña su “muleta” química y todavía está en periodo de fragilidad.

Con dos meses de sequía (julio-agosto), la viña estaba bastante confortable, pero a medida que avanzaba septiembre, empiezó a sufrir, sobre todo después de un mes de agosto canicular. Las uvas empezaban a morir, las pieles eran muy gruesas, y la Botrytis era invisible!

A partir de ahí, hubo que ser paciente: las escasas lluvias de septiembre no ayudaban mucho a avanzar. Hubo que esperar hasta el 15 de octubre, cuando la concentración haya hecho su trabajo, para comenzar la vendimia en los viejos viñedos donde la cosecha era grande. Pero la lluvia nos atrapó desde el 19 de octubre y tres cuartas partes de los racimos de las viñas jóvenes se vieron afectadas por la podredumbre gris, ¡y tuvieron que ser desechados! ¡Afortunadamente, el resto era bueno!

A partir del 22 de octubre nos encontramos con un clima más clemente, la botrytis se desarrolló, pero con un clima demasiado húmedo para que la concentración no progresase verdaderamente.

El domingo 28 de octubre nos salvó: el viento que pasó al noreste disparó la temperatura de una manera muy brutal y trajo el sol. El refractómetro nos hizo felices: la concentración era suficiente para que reanudásemos finalmente la vendimia el 29 de octubre! Mejor aún, el mosto obtenido era perfectamente limpio. Decidimos entonces vendimiar a tiro hecho esta segunda selección, el grado era suficiente: el contenido de las cestas era mejor de lo esperado, las uvas fueron menos afectadas por la humedad de lo que se temía. ¿Salvados por la biodinámica?

No quedaba “más” que vendimiar todo antes del 1º de noviembre, Todos los Santos tradicionalmente correspondientes al retorno de la lluvia…

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