Bordeaux 2017 por Bordeaux Vins Sélection

Descubre todos los vinos del 2017 en Bordeaux

2017 – Una sorpresa agradable

En volver la vista atrás, vemos que el año 2016 gozó sin duda de un estado de gracia: la espera, los cálculos, la esperanza y, finalmente, la materialización de que había sido una añada excepcional. La añada 2017 ha sido estresante estación tras estación. Algunos viñedos se vieron gravemente afectados por el mal tiempo, mientras que otros lo vieron pasar de largo. Si bien podemos estar a merced de las imprevisibles variaciones climáticas, también es cierto que existe hoy en día una inteligencia fruto de la experiencia, y un savoir-faire, que juegan su papel en la creación del vino. El resultado ha sido una pequeña producción para los elaboradores con mala suerte, pero de gran calidad para una gran mayoría.

El invierno fue, en general, seco y suave. El mes de enero tuvo 37 horas de sol extra comparado con la media y febrero tuvo sus habituales días de lluvia.

Pero la primavera fue una sorpresa. En marzo, un mes ya tradicionalmente templado, hubo una temperatura media de 12,2ºC, lo que supuso 2ºC por encima de lo habitual para el mes. La lluvia, sin embargo, se mantuvo en sus niveles normales. A pesar de unos días bastante agradables al final del mes, la cantidad de luz fue un 15% más baja. Durante los primeros días de abril el crecimiento vegetativo se aceleró gracias a un déficit en las reservas de agua y a unas temperaturas 2ºC por encima de la media, provocando que el ciclo de las vides llevase 2 semanas de adelanto. Gracias a un exagerado nivel de insolación, difícil d’igualar en los últimos 50 años (alrededor de unas 100 horas extra), los brotes aparecieron extremadamente pronto. Sin embargo, al final del mes su desarrollo se detuvo abruptamente a causa de 2 oleadas de tiempo gélido en las que el termómetro cayó por debajo de los -5ºC, sucediéndose 2 episodios de heladas: entre los días 19 y 21 de abril, y entre el 27 y el 28. En las áreas más expuestas, estas heladas quemaron las yemas que ya habían empezado a desarrollar.

No habíamos visto semejantes heladas desde el año 1991. El margen derecho fue particularmente golpeado, con la excepción de los plateau de Pomerol y de Saint-Émilion. En el margen izquierdo, se salvaron los legendarios viñedos del Médoc desde los que se puede ver el estuario de la Gironde; sin embargo, en algunas de las denominaciones de Listrac, Moulis, Médoc y Haut-Médoc las pérdidas oscilaron entre el 20 y el 90%. Mientras algunas parcelas escaparon de las garras de frío, en otras los viticultores intentaron protegerlas encendiendo fuegos, usando calentadores, molinos de viento e incluso helicópteros para remover el aire. Las viñas que sufrieron los efectos de las heladas tardaron un mes en volver a brotar otra vez.

Mayo fue cálido y soleado, con temperaturas por encima de la media que facilitaron una rápida floración entre el 24 y 28, asegurando uniformidad en la futura maduración de los racimos. Las sonrisas regresaron tímidamente a las caras de los viticultores al tiempo que el cuidado sobre las viñas se incrementaba para asegurar que ninguna plaga las afectara. Dependiendo de la zona, los viticultores tuvieron que reaccionar de forma diferente, como si fuese invierno, se volvieron a podar algunas parcelas para estimular el crecimiento de nuevas yemas, que estarán listas para la próxima añada. Por todas partes se observó un enorme trabajo de poda para controlar el anárquico crecimiento de las vides y, como medida preventiva, algunos pámpanos se aclarearon de racimos, buscando evitar la temida podredumbre gris y eliminar maduraciones a destiempo que ya eran patentes incluso antes del envero.

Para esta “primera generación” de racimos supervivientes, el envero llegó de forma temprana y muy homogénea a finales de julio, y la maduración se dio sin ningún estrés hídrico entre el 25 de julio y el 5 de agosto, dependiendo de la zona. Allí donde las parcelas se habían visto afectadas por las heladas, la maduración fenólica progresó adecuadamente e, incluso, se alcanzó al mismo tiempo que en aquellas zonas que se habían salvado de la destrucción provocada por el hielo. En agosto se aceleró la maduración de las uvas gracias a unos niveles de exposición solar por encima de la media. La única nube que se vio cruzar el horizonte trajo unas fuertes granizadas que golpearon severamente la región de Graves el día 27 de agosto, provocando daños en algunos racimos.

Los días 16 y 17 de septiembre se aproximaron nubes de tormenta que cambiaron por completo los planes, adelantando la época de vendimia; no en vano, la dilución del jugo de las uvas por causa de la lluvia era una preocupación tan grave como los potenciales daños que podría provocar la botrytis. Para garantizar el buen estado sanitario de los racimos, la vendimia se hizo parcela a parcela, a menudo cepa a cepa. En algunas propiedades, la vendimia de la misma variedad tuvo que hacerse en momentos distintos dependiendo del tipo de suelo. Finalmente, la combinación de días soleados y noches frías propició que la maduración fuese completa. El tamaño general de las bayas parecía algo más pequeño en comparación con las del año anterior, pero en términos de estructura y color tenían altos niveles de concentración.

La vendimia de las uvas blancas comenzó a partir de la tercera semana de agosto. El merlot fue vendimiado entre el 15 y el 26 de septiembre; el cabernet franc, entre el 26 y el 29 de septiembre; y el cabernet sauvignon, alrededor del 29 de septiembre. Los racimos de la segunda generación de aquellos brotes afectados por las heladas, y que habían sufrido un retraso del envero, fueron vendimiados entre 2 y 3 semanas después. Un buen número de viticultores decidió realizar varias selecciones de uva para garantizar la máxima calidad posible. En general, el merlot se muestra equilibrado, mientras que los cabernet poseen una buena acidez, con un nivel de azúcares ligeramente bajo y unos aromas que no llegan a ser vegetales. Destacar la sorprendente intensidad aromática del cabernet franc. Finalmente, el petit verdot es realmente interesante este 2017, con un color profundo, y unos excelentes taninos.

Las decisiones estratégicas comenzaron en el momento de la vinificación, ya que, en la actualidad, las técnicas a seguir son muy adaptables según la calidad de las uvas vendimiadas. El pequeño volumen de las bayas y su gran proporción de hollejos frente a mosto implica una menor necesidad de bazuqueos en favor de los remontados, de tal modo que la extracción se mantenga bajo control y se preserve la suavidad del mosto.

Las duras heladas y otras inclemencias afectaron, inevitablemente, a la cantidad de vino que se pudo elaborar, pero no a su calidad. Es una añada con un excelente perfil aromático, con el soporte de una buena acidez que mantiene una interesante frescura. Deberían ser vinos con un buen potencial de envejecimiento gracias a este equilibrio.  Parece haber sido también un buen año para los vinos blancos secos, frescos y aromáticos, en los que se combinan mineralidad y frutas exóticas.

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