Bordeaux 2017 por Château Lafite-Rothschild

Descubre los vinos de 2017 de Bordeaux que ofrecemos a la avanzada

El invierno comenzó con temperaturas suaves –ligeramente superiores a lo normal–, y enero –más frío que el de 2016– favoreció un buen reposo vegetativo.

Después de unos primeros meses muy secos –con un tercio de los volúmenes de agua habituales–, las precipitaciones de febrero y marzo garantizaron unas buenas reservas hídricas que también facilitaron el momento del desborre.

El principio de la primavera estuvo marcado por un clima amable y una pluviometría dentro de la norma, con un desarrollo rápido de la vegetación.

Nada parecía anunciar las terribles noches del 26 y 27 de abril, cuando todo Bordeaux sufrió heladas más adversas desde 1991.

En L’Evangile, mientras la zona más llana de los grandes viñedos se salvó, casi la mitad de la viña fue golpeada.

Rieussec sufrió pérdidas en las parcelas dedicadas a los blancos secos (el 15% del viñedo), y en Duhart-Milon se perdieron aproximadamente 5 hectáreas. Milagrosamente, Lafite salió indemne.

En contraste, las condiciones climáticas del final de la primavera fueron excelentes, con temperaturas cálidas, más altas que la media habitual y que las de 2016. Las precipitacions, además, fueron equilibradas y caídas en buen momento.

La floración fue precoz, con casi diez días de avance, y el desarrollo de la vid se aceleró aún más desde el comienzo de la estación. Al final de la primavera se apreciaba un adelanto de casi 15 días.

Los últimos días de junio fueron lluviosos y también beneficiosos: permitieron restablecer las reservas de agua antes de la llegada del verano, y refrescaron el ambiente, ralentizando la actividad de la planta. Durante todo el verano, las temperaturas, sin ser frescas, estuvieron por debajo de la media habitual.

Esta añada hemos constatado de nuevo la similitud de condiciones climáticas entre L’Evangile y Rieussec, más cálidas que en Pauillac –una zona más templada por la acción del océano Atlántico y el estuario de la Gironde.

La maduración de los racimos se dio, por tanto, lentamente; aun así, a mitad del envero todavía estaba adelantada.

Con unas temperaturas de agosto y septiembre más frías que la media, la maduración avanzó a la perfección, y los primeros controles analíticos confirmaron el potencial de esta añada.

Solo un episodio de lluvia, entre el 10 y el 20 de septiembre, perturbó un tiempo sereno, provocando más habladurías entre agricultores que daños reales.

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