Bordeaux 2017 por David Pernet

Descubre todos los vinos del 2017 en Bordeaux

La añada 2017: ¡romper con la serie de añadas acabadas en “7”!…

Algunas características de la añada 2017 podrían hacer pensar que pudiera ser inscrita dentro de la continuidad de las últimas añadas acabadas en “7”. La terrible helada de primavera, el verano más bien inquietante y las precipitaciones considerablemente importantes justo antes de la vendimia son elementos que impactaron negativamente en nuestra percepción. Como pasa a menudo, la realidad es más compleja que nuestras conclusiones, y el 2017 es de aquellas añadas que vale la pena analizar con lupa a fin de no subestimar sus cualidades.

 Un invierno excepcionalmente seco

Después del verano extraordinariamente seco del 2016, fue necesario esperar hasta el mes de febrero de 2017 para registrar las primeras precipitaciones significativas.

Gráfico 1: Acumulación de las precipitaciones entre el 1 de octubre y el 31 de marzo (Estación de Pessac)

La acumulación de las precipitaciones calculadas desde el 1 de octubre de 2016 muestran uno de los déficits de precipitación más importantes desde el 2000 hasta el invierno de 2016-2017, con tan solo 150 mm entre el 1 de octubre y el 31 de enero, y una acumulación total de 330 mm desde el 1 de octubre hasta el 31 de marzo, contra los 470 mm de media en ese mismo periodo (una diferencia de 140 mm). Después del fuerte déficit hídrico del verano de 2016, estas condiciones secas invernales permitieron cargar completamente de agua los suelos más arcillosos. Esta situación se convirtió en la causa de las restricciones de agua, infrecuentes en suelos normalmente poco secos como estos.

Tabla 1: Media de les temperaturas medias por quincenas (Estación de Pessac)

Desde un punto de vista térmico el invierno presentó contrastes. Observamos un primer periodo -desde el 1 de noviembre hasta el 31 de enero- fresco, con una temperatura media unos 0,7ºC inferior a la media del 2000-2017 en este mismo periodo. La primera quincena de noviembre y el mes de enero particularmente fresco, con temperaturas mínimas bajas, fueron favorables para una buena hidrólisis de las reservas de almidón. La segunda parte del invierno fue extremadamente suave, con una temperatura media 2ºC superior a la media de 2000-2017 en este mismo periodo, y con unas noches muy suaves (con unas temperaturas mínimas de las más elevadas desde hacía 17 años).

Contamos durante todo el invierno con 19 noches con una temperatura por debajo de los 0ºC y 4 días con una temperatura media diurna inferior a 0ºC en la Estación de Pessac. Estos elementos posicionan el inverno 2016-2017 cerca de la media de los últimos 18 años en cuanto al número de días con heladas.

Tabla 2: Cómputo de número de días con heladas (diurnas y nocturnas)

El enfriamiento de los suelos durante la primera parte del invierno ha permitido templar el efecto de las suaves temperaturas que se dieron a partir del mes de febrero, especialmente para la brotación, que este año fue, en general, sobre el 26 de marzo en los sectores precoces, (entre 5 o 6 días más precozmente que la media plurianual).

Las heladas de primavera más severas desde 1991…

Tabla 3: Media de temperaturas medias por quincenas desde el 1 de marzo al 30 de abril (Estación de Pessac)

La brotación continuó con unas condiciones térmicas muy suaves durante los 20 primeros días de abril. Estas temperaturas suaves, en un contexto en que los suelos están suficientemente húmedos poro no saturados, permitió una brotación regular y homogénea, así como una rápida primera fase del crecimiento.

El final del mes de abril fue extremadamente fresco, marcado por un episodio de hielo de rara intensidad y extensión, durante las noches del 27 y el 28. Las temperaturas más bajas registradas llegaron a los -6ºC, provocando unos daños en la viña particularmente importantes. Tan solo los altiplanos, las pendientes, la parte más alta de las colinas o aquellas viñas más cercanas al Gironda se han salvado. Algunas propiedades perdieron casi la totalidad de la cosecha 2017 tras este episodio.

La relativamente débil fertilidad de las yemas después de una primavera tan húmeda y del verano extremadamente seco del 2016 no permitía, en la mayoría de las parcelas tocadas por el hielo, prever una cosecha significativa a partir de las yemas secundarias.

 …seguidas de una primavera estival

Tabla 4: Media de temperaturas medias por quincenas entre el 1 de mayo y el 30 de junio

Tabla 5: Media de temperaturas máximas por quincenas entre el 1 de mayo y el 30 de junio

Las condiciones primaverales particularmente cálidas prosiguieron después del triste episodio de las heladas, y fueron similares a las de 2004 y 2005. Estas condiciones cálidas en mayo y en junio acentuaron la precocidad adquirida durante les tres semanas que siguieron a la brotación. Los primeros estambres fueron visibles entre el 15 y el 16 de mayo en les parcelas más precoces. Siguió una floración muy rápida y homogénea, comparable a la del 2005. Estas buenas condiciones de floración permitieron un excelente cuajado sin queel número de semillas fuese notable (a diferencia del 2005): ligeramente inferior en 2 de las parcelas viejas y próximo a 2,5 en las más jóvenes. No obstante, las condiciones tan favorables limitaron los problemas de corrimento en las parcelas viejas (particularmente en las viejas cepas de merlot), lo que es siempre una garantía de calidad.

Las condiciones cálidas de junio acentuaron la precocidad observada en la floración, y el cerrado del racimo se consiguió entre finales de junio y principios de julio.

Estas condiciones primaverales cálidas se enmarcaron en un contexto más bien seco hasta el 25 de junio, provocando deficiencias hídricas significativas durante la segunda quincena de junio.

Gráfico 2: Acumulación de precipitaciones entre el 1 de octubre y el 30 de junio de 2017 (Estación de Pessac)

La acumulación de precipitaciones invernales y primaverales de 2017 fue la más débil desde el año 2000. En este contexto, el déficit hídrico ya se percibió el 20 de junio, antes del cerrado del racimo. Esta situación fue si cabe más remarcable en suelos arcillosos, normalmente los más tardíos en mostrar señales de déficit hídrico en la viña y, por lo tanto, parecidos a los suelos de gravas, incluso todavía más deficitarios. Esta situación atípica y particularmente beneficiosa para suelos de textura fina ha de relacionarse con su incompleta carga hídrica invernal después del verano de 2016 y del invierno de 2017, muy secos. Las precipitaciones entre el 1 de abril y el 15 de junio apenas fueron inferiores a la media por una quincena de milímetros (160 mm de media en este periodo, frente a 147 en el pretérito).

Esta restricción hídrica precoz, antes del cerrado del racimo, fue la causa del espesamiento de las pieles y de su riqueza fenólica.

 Un verano irregular

La sensación global del verano no era demasiado positiva, y los comentarios de los veraneantes raramente fueron entusiastas este año. Es cierto que les semanas de verdadero buen tiempo no fueron muchas este verano, a pesar de que los datos climáticos permiten relativizar nuestra subjetividad. 

Tabla 6: Acumulación de precipitaciones por quincenas entre junio y agosto

(Estación de Pessac)

Las importantes precipitaciones registradas durante la última semana de junio posicionan la añada 2017 entre aquellas con más precipitaciones desde el 2000 si tenemos en cuenta la acumulación de precipitaciones entre el 1 de junio y el 31 de agosto, cercanas a las de 2009 y 2014. Pero si tomamos como referencia las precipitaciones de entre el 1 de julio y el 31 de agosto, 2017 se inscribe entonces entre las añadas más secas, parecida a 2000, 2005 y 2012.

Gráfico 3: Balance hídrico-climático en función del índice heliotérmico (Estación de Pessac)

El balance hídrico-climático pone en evidencia la contrastada dinámica hídrica del 2017, con una primavera más bien seca sin alejarse demasiado de la media, un episodio muy lluvioso cercano al cerrado del racimo (entre 66 y 15 mm de precipitaciones entre el 15 y el 30 de junio según el observatorio) seguido de un verano seco. No obstante, el balance hídrico-climático a partir del 1 de abril no contabiliza el déficit hídrico real que sufrieron las viñas antes del cerrado del racimo y en la fase de maduración (próximo a los registrados en 2005, 2010 y 2012, pero inferior a los del 2016).

Des del punto de vista hídrico, la añada 2017 es la que más se parece a la 2001, aunque más precoz.

Por otro lado, algunos sectores, especialmente en el centro del Médoc y sobre todo en la Rive Droite tuvieron considerablemente menos lluvias este año, tal y como muestra el siguiente gráfico:

Gráfico 4: Comparación del balance hídrico climático interestacional

Estas condiciones hídricas tan restrictivas en la fase de maduración fueron muy favorables para la maduración de los taninos, tanto los de la piel de la uva como los de las pepitas. El espesor de las pieles, a causa de unas condiciones hídricas precozmente restrictivas, retrasaron el engorde de las bayas y el potencial de extracción de las pieles. 

Tabla 7: media de temperaturas mínimas por quincenas entre el 1 de julio y el 15 de septiembre (Estación de Pessac)

Tabla 8: media de temperaturas medias por quincenas entre el 1 de julio y el 15 de septiembre (Estación de Pessac)

Tabla 9: media de les temperaturas máximas por quincenas entre el 1 de julio y el 15 de septiembre (Estación de Pessac)

Tabla 10: media de las amplitudes térmicas por quincenas entre el 1 de julio y el 15 de septiembre (Estación de Pessac)

Las temperaturas estivales, especialmente las máximas, fueron globalmente inferiores a la media plurianual, con excepción de algunos días muy cálidos (3 días en julio y la última decena de agosto casi en la su totalidad). Las amplitudes térmicas no fueron importantes este año, salvo durante la segunda quincena de agosto, lo que favoreció la síntesis de antocianos.

Las condiciones cálidas y las restricciones hídricas de junio fueron poco favorables para sintetizar les metoxipirazinas, y algunas tardes muy cálidas de finales de agosto con unas condiciones hídricas estresantes facilitaron su degradación. En esta añada hay poco riesgo de encontrar un carácter vegetal-varietal en los vinos.

Las moderadas condiciones térmicas del verano preservaron los ácidos, sobre todo el málico. Las de finales de agosto, más cálidas, hicieron aumentar rápidamente los grados alcohólicos potenciales, pero las frescas y más bien húmedas condiciones de principios de septiembre, estabilizaron unos valores moderados.   

Gráfico 5: Evolución del Índice Heliotérmico a través de los años (Estación de Pessac)

La curva de del Índice Heliotérmico pone en evidencia la acentuación en la precocidad de la añada hasta finales de junio, y su progresiva similitud a la media a partir de principios de julio para acabar siendo muy cercana media apreciada al iniciar las vendimias.

Este año, sobre el 24 de julio, se observaron viñas a mitad de la fase del envero con una remarcable homogeneidad en las parcelas de merlot más precoces, siguiendo la dinámica de la precocidad ya observada en la floración. La fecha en la que se observó este semi-envero nos hizo pensar que el inicio teórico de las vendimias en estas parcelas sería pasados 50 días, hacia el 11 se septiembre. Siguiendo las indicaciones del índice heliotérmico, el principio de las vendimias en las parcelas más precoces tendría lugar alrededor del 15 de setiembre.

Pieles espesas, pero con taninos maduros

Las condiciones hídricas precozmente restrictivas de junio favorecieron el espesor de las pieles, y las precipitaciones a finales de dicho mes, el engorde de las bayas. Las restricciones hídricas tras el envero, en agosto, favorecieron la maduración de los taninos.

Cuando ya empezábamos a imaginar un escenario de vendimias a finales de agosto, con grados alcohólicos elevados, acideces bajas y una buena maduración fenólica, llegaron las condiciones frescas y húmedas de la primera quincena de septiembre, que modificaron el perfil del final de la añada.

Las condiciones húmedas de principios de septiembre (40 – 70 mm dependiendo del sector, entre el 1 y el 15 de septiembre) aceleraron la evolución de las pieles, alcanzando una maduración fenólica sincronizada con la aromática y la tecnológica. Estas condiciones al final de la maduración, propicias a la botrytis, aceleraron significativamente la vendimia del merlot, particularmente en aquellos sectores con más lluvia.

En la Rive Gauche, los análisis de referencia sacaron a relucir bayas de una medida ligeramente superior a la media, con un grado alcohólico potencial bastante inferior, al igual que las acideces totales. Los pH eran ligeramente inferiores a la media, y el contenido de ácido málico, ligeramente superior.

Desde un punto de vista fenólico, el potencial de antocianos totales y extraíbles era cercano a la media a pesar de que los granos fueran más grandes. La contribución de los taninos de las semillas era débil. El potencial fenólico total, considerablemente inferior a la media a pesar de la óptima maduración de las semillas y la importante riqueza fenólica de las pieles.

En la Rive Droite, y sobre todo en los suelos arcillo-calcáreos, el potencial de antocianos y de taninos era superior a la media plurianual, hecho asociado a la débil contribución de los taninos de las semillas.

En el conjunto de la región, de manera homogénea, los racimos desarrollaron precozmente muchos aromas. Este año la paleta aromática de los racimos protegidos se mostraba similar a la de aquellas más expuestos al sol.

Las precipitaciones de la primera quincena de septiembre evidenciaron diversos signos de fragilidad y de desarrollo de la botrytis en les parcelas más precoces de gravas o arenas. Según las previsiones, la situación no se estabilizaría hasta el 17 de septiembre. Con semejantes calidad de taninos y riqueza aromática, las parcelas de merlot más precoces -tanto de la Rive Gauche como de la Rive Droite de Bordeaux- hubieran tenido que empezar a ser vendimiadas antes del 15 de septiembre, incluso allá donde la botrytis no amenazaba. El grado de madurez del cabernet sauvignon era muy cercano al del merlot, y probablemente se empezaría a vendimiar en los sectores más precoces alrededor del 22 de septiembre.

Esta homogeneidad se vio también en los blancos, ya que la mayoría de parcelas fueron vendimiadas en una sola selección. Se consiguió un equilibrio sin grados alcohólicos excesivos. Los mostos eran muy aromáticos sin ser pesados, incluso los procedentes de las vendimias estratégicamente más tardías. Las pieles espesas, como ocurría en los tintos, limitaron la proliferación de la botrytis y permitieron obtener una madurez aromática completa. Las temperaturas marcadamente frescas de principios de septiembre ayudaron a preservar la acidez en los mostos.

Lo que pudo haber marcado la diferencia en este 2017

El hielo

Evidentemente, la añada no fue igual en todas partes ya que varió según el impacto de la helada de finales de abril. Parece muy claro que las parcelas que sufrieron la helada producirían muy poca uva, y de una calidad inferior a otras parcelas. Algunas propiedades no produjeron apenas en este 2017. En las propiedades donde la helada fue parcial, aquellas parcelas que producen uva destinada al primer vino fueron las que mejor se preservaron. El hielo afectó al volumen, pero no a la calidad. El esfuerzo de marcar las cepas heladas a fin de vendimiarlas por separado de o de eliminar los racimos de segunda generación fue crucial para evitar mezclar dos generaciones de uvas con grados de madurez separados por al menos 3 semanas.

Una gestión de los suelos adaptada a les condiciones hídricas de la añada

En los sectores que sufrieron las condiciones más secas de la añada 2016, el trabajo temprano de los suelos fue importante para estimular la brotación de la viña y la activación de las reserves. Sin embargo, a este trabajo precoz tuvo que seguir la preservación de los brotes primaverales (incluyendo las plántulas de la cubierta vegetal de los suelos), sobre todo teniendo en cuenta un periodo estival con importantes precipitaciones a finales de junio. Esta cobertura vegetal de los suelos a finales de la primavera causó la reaparición de las restricciones hídricas durante el curso de la maduración, así como una reactivación inferior de las vides una vez llegadas las precipitaciones de la primera quincena de septiembre.

La calidad de protección de la canopia a finales de la maduración

La presión de enfermedades fue más bien moderada este año, ya fuera por parte de los criptógamos como de los parásitos. No obstante, fue importante mantener una eficaz protección tardía contra el mildiu, con el objetivo de preservar la calidad de la canopia durante la maduración, dada la elevada higrometría y las frecuentes humidificaciones estivales. En este contexto, las parcelas en agricultura ecológica, y concretamente las biodinámicas, mostraban un perfil sanitario particularmente interesante, con bayas sensiblemente más pequeñas y canopias inalterablemente sanas.

La capacidad de reacción de las vendimias

El verano de 2016 había sido muy soleado, pero la añada fue tardía. El verano de 2017 fue más malhumorado, pero la añada se presentó precoz. Las semillas maduras, las pulpas aromáticas y los taninos poco astringentes confirmaban los datos climáticos y les observaciones fenólicas. En los sectores precoces, las precipitaciones de la primera quincena de septiembre requirieron una importante capacidad de reacción contra la botrytis a fin de preservar plenamente la calidad tempranamente adquirida este año. Los merlot de los sectores arcillosos más tardíos, particularmente de la Rive Droite, encontrarían la oportunidad de aprovechar plenamente el retorno del buen tiempo, a partir del 18 de septiembre, para completar su maduración. Pasaría lo mismo con los cabernet sauvignon de los sectores precoces de la Rive Gauche.

Finalmente…

La añada 2017 ya se ponía en duda incluso antes de empezar, inscribiéndola en la lista de añadas, poco gloriosas en los últimos 40 años, acabadas en “7”. El terrible hielo de finales de abril confirmó este carácter calamitoso para una proporción importante de las viñas, pero sería un error juzgar el 2017 tan solo por su inicio.

De las viñas y parcelas que sobrevivieron es necesario remarcar su buena homogeneidad fenológica desde el momento de la floración y conservada hasta la vendimia. Es necesario recordar las restricciones hídricas precoces, no excesivamente intensas pero prácticamente generalizadas, y poco frecuentes en este este estadio en los suelos arcillosos. Las precipitaciones de finales de junio redujeron todo riesgo de excesivo estrés que se pudiese haber temido en aquel momento. El verano, más bien fresco, permitió pasar de una precocidad potencialmente excesiva a una asumible. El verano seco ocasionó condiciones ideales de maduración de las semillas hasta finales de agosto. Ciertamente, las precipitaciones de principios de septiembre aceleraron la vendimia de los merlot de precocidad media. Aquellos de los sectores más precoces ya estaban maduros, y aquellos de suelos arcillo-calcáreos pudieron, como la mayoría de los cabernet, esperar el retorno del buen tiempo, previsto a partir del 18 de septiembre.

2017 dará muy buenos vinos: densos, aromáticos, equilibrados, con grandes capacidades de guarda. Si fuese necesario compararla con una añada anterior, ésta sería, probablemente, la 2001.

David Pernet y su equipo
Martillac, a 15 de septiembre de 2017

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