Bordeaux 2018 por David Pernet

La añada 2018 en Bordeaux
¡Infierno y paraíso!

Los años que acaban en 8 generalmente terminan bien, y el 2018 no ha sido una excepción. Después de haber ahogado a los podadores en invierno, de agotar la paciencia de los viticultores en primavera y de luchar en cuerpo y alma contra el mildiu, el año dio un giro de 180º a principios de julio y el milagro bordelés se produjo una vez más gracias a un verano e inicio de otoño fantásticos. El verano de 2018 fue el más caluroso después del de 2003, pero sin los excesos y bloqueos térmicos de este. Las reservas hídricas almacenadas en el subsuelo, repleto gracias a las lluvias invernales, y una primavera lluviosa permitieron a las vides soportar la sequía estival. Las altas temperaturas degradaron los aromas vegetales y estimularon la producción de taninos, y las grandes amplitudes térmicas durante la época de maduración llenaron rápidamente de aromas las bayas. La cosecha 2018 será una de las más estructuradas de Bordeaux, pero su carácter sureño no deberá subestimarse. Después de un comienzo tardío de la brotación, la cosecha fue ganando precocidad hasta finalizar con una de las vendimias más tempranas. Continuaba haciendo calor al principio de la vendimia y es probable que algunas parcelas de merlot se recolectaran bastante tarde. Los merlot que crecen sobre suelos calcáreos y los cabernets aprovecharon al máximo estas condiciones cálidas. El granizo y el mildiu redujeron drásticamente los rendimientos de algunos viñedos, especialmente aquellos conducidos con una viticultura ecológica, pues, en lo que respecta al mildiu, incrementó la concentración de las uvas y vinos, así como el riesgo de obtener unas elevadas graduaciones alcohólicas. Los blancos de 2018 serán expresivos, pero también podrán adolecer de tensión si provienen de los suelos más precoces. Para los tintos, 2018 será una añada recordada tanto por su primavera infernal como por su riqueza. Si la añada 2018 estuvo marcada por el calentamiento climático, los vinos de Bordeaux se han visto influenciados positivamente.

Una brotación tardía, pero generosa, después de un invierno particularmente lluvioso

Tabla 1: Media de las temperaturas medias por quincenas

La viña brotó después de un invierno bastante frío, a excepción de un mes de enero particularmente suave (2,5ºC por encima de la media). El mes de febrero fue frío (2,5ºC por debajo de la media), por lo que fue en la segunda quincena de marzo cuando se sucedió una brotación tardía. Las yemas de merlot de los sectores más precoces brotaron el 5 de abril, entre 5 y 6 días más tarde que la media interanual de 2000 a 2018.

Tabla 2: Cómputo de número de días con heladas (diurnas y nocturnas) del 1 de noviembre al 31 de marzo

Desde noviembre de 2017 a marzo de 2018 la estación de Pessac registró 19 noches con una temperatura mínima negativa y tan solo 2 días con una temperatura media diurna inferior a 0ºC en comparación con los 5ºC de media. Las condiciones térmicas suficientemente frías del invierno favorecieron una correcta hidrólisis del almidón de la madera después de que la añada 2017 favoreciese su almacenamiento.

Estas condiciones térmicas invernales, sin excesos, estuvieron acompañadas de precipitaciones regulares desde principios de diciembre hasta finales de marzo y asociada a una acumulación importante (515 mm este año 2018 frente a los 313 mm de media para este periodo).

Gráfico 1: Acumulación de precipitaciones entre el 1 de noviembre y el 31 de marzo de 2018

La acumulación de precipitaciones invernales fue de las más elevadas desde el año 2000, muy próxima a las de 2014 y 2016 y superior a la media.

Estas condiciones invernales tan húmedas permitieron una recarga completa y generalizada de la reserva hídrica del subsuelo, retrasando también su calentamiento y, por tanto, la brotación.

Las condiciones térmicas más suaves de abril, casi estivales entre el 17 y el 24 de abril, y en un contexto de suelo húmedo y con buenas reservas de carbono en los troncos, permitieron una brotación homogénea y generosa sin ventanas en los guyots. Este hecho se conjugó con una buena fertilidad de las yemas, gracias a las excepcionales condiciones de floración en la primavera de 2017, estas buenas condiciones de brotación indujeron un buen potencial cuantitativo ya en este estadio precoz.

Una primavera bajo la lluvia… y cálida

Las condiciones tan suaves de abril permitieron a las plantas ponerse al día con su retraso en la brotación antes de experimentar una fuerte desaceleración en la primera quincena de mayo.

Tabla 3: Media de temperaturas medias por quincenas entre el 1 de abril y el 30 de junio

Las condiciones invernales tan húmedas, favorables para la maduración precoz de las oosporas del mildiu se prolongaron hasta la primavera, pero en un contexto térmico que fue globalmente superior a la media.

Gráfico 2: Acumulación de precipitaciones entre el 1 de marzo y el 30 de junio

La acumulación de precipitaciones entre el 1 de marzo y el 30 de junio alcanzó niveles comparables a los de las primaveras de 2012, 2013 y 2016, pero, a diferencia de lo sucedido en estas tres cosechas, las temperaturas primaverales fueron superiores a la media. La conjunción de precipitaciones frecuentes e importantes con temperaturas suaves condujo a una presión excepcional de ataques de mildiu hasta mitad de julio que fueron los responsables de pérdidas locales muy importantes, especialmente en los viñedos trabajados en viticultura ecológica o en biodinámica.

Las temperaturas suaves favorecieron la violencia del mildiu, pero también permitieron un satisfactorio equilibrio energético de la planta durante la floración y su fase de preparación a pesar de la importante humedad ambiental en este periodo. Las primeras flores se observaron el 25 de mayo con una precocidad próxima a la media interanual y la floración sucedió de manera homogénea y bastante rápida. Se observó un corrimiento regular, pero no excesivo, si observamos la tasa de brotación y la elevada fertilidad de las yemas, aunque fue un factor cualitativo, ya que permitió la aireación en el interior de los racimos. El número de pepitas fue el habitual, que es ligeramente superior a 1,5 pepitas por baya en las parcelas más viejas y caprichosas, y de unas 3 pepitas por baya para las vides más jóvenes.

El corrimiento no fue un problema este año y se observó un potencial cuantitativo en el cuajado, incluso en las parcelas con cepas de merlot viejas más sensibles.

El ambiente tormentoso de primavera trajo granizadas. El episodio más violento tuvo lugar el 25 de mayo, destruyendo la cosecha de algunos viñedos próximos al centro de Bordeaux, desde el sur del Médoc y del norte de la Rive Droite. Las tormentas que estallaron entre el 30 de junio y el 4 de julio en medio de un clima tan cálido fueron la causa de unos ataques de podredumbre marrón de una virulencia excepcional que causaron pérdidas importantes a nivel local, incluyendo varias parcelas que no habían sufrido hasta entonces daño alguno. Este episodio dio fin a una primavera muy difícil que justificaba la necesidad de realizar una protección sanitaria precisa hasta finales de julio.

Uno de los veranos más secos y cálidos

El perfil hídrico de la añada cambió radicalmente desde principios de julio.

Gráfico 3: Balance hídrico-climático interanual en función de la fenología hasta el envero

El último episodio tormentoso importante y generalizado sucedió el 4 de julio (con un índice heliotérmico de 1024ºC/día). A partir de esta fecha el equilibrio hídrico climático empezó una fase deficitaria que continuó aumentando hasta que empezaron las vendimias. Según los datos de la estación de Pessac la tormenta del 15 de julio fue significativa, pero no en Bordeaux. En esta etapa se podía observar que el año 2018 ya formaba parte de las añadas en las que el balance hídrico se había anulado muy tardíamente, evitando así un déficit hídrico precoz antes del cierre de los racimos, y favoreciendo la primera fase de multiplicación y engrosamiento celular de las bayas.

El aumento del déficit hídrico estival se produjo en un contexto térmico significativamente más cálido que el habitual.

Tabla 4: Media de temperaturas medias por quincenas entre el 1 de julio y el 15 de agosto

Tabla 5: Media de temperaturas máximas por quincenas entre el 1 de julio y el 15 de agosto

Las temperaturas medias y máximas tan altas entre el cerramiento de los racimos y el fin del envero permitieron la degradación precoz de los aromas vegetales del tipo metoxipirazinas y estimularon la síntesis precoz de polifenoles.

Estas temperaturas cálidas no llegan a ser las de 2003, pero superaron ligeramente las de 2005. El envero comenzó el 24 de julio en las zonas más precoces, aunque el punto medio del envero sucedió sobre el 1 de agosto y progresó con rapidez gracias a estas temperaturas altas, conservando así la homogeneidad fenológica dentro de cada planta tal y como se venía observando desde la brotación. En lo que se refiere al envero, el retraso observado en el momento de la brotación en comparación al promedio se recuperó.

El aumento del déficit hídrico en julio vino acompañado de episodios de restricción hídrica, aunque moderados durante el envero en los suelos de secano, y favorables desde el punto de vista cualitativo. En este punto, el curso hídrico de 2018 se aproximó a los de 2000, 2012 y 2016.

Unas condiciones de maduración particularmente solares

Tabla 6: Media de temperaturas mínimas por quincenas entre el 1 de agosto y el 13 de septiembre

Tabla 7: Media de temperaturas medias por quincenas entre el 1 de agosto y el 13 de septiembre

Tabla 8: Media de temperaturas máximas por quincenas entre el 1 de agosto y el 13 de septiembre

Tabla 9: Media de las amplitudes térmicas diarias por quincenas entre el 1 de agosto y el 13 de septiembre

Las medias térmicas quincenales mostraban muy buenas condiciones para la maduración en la añada 2018. Las temperaturas medias y máximas fueron altas durante todo el mes y medio que siguió al envero (+1,2ºC de temperatura media y +1,7ºC de temperatura máxima desde el 1 de octubre al 31 de septiembre) y estuvieron asociadas a grandes amplitudes térmicas, próximas a las de los años 2006 y 2010, que resultaron particularmente interesantes para el potencial cromático y aromático de las bayas. Las temperaturas nocturnas entre mitad de agosto y mitad de septiembre fueron próximas a la media interanual del conjunto de añadas, y permitieron una correcta recuperación de los niveles de agua de las plantas y exacerbaron la riqueza aromática de las uvas.

Gráfico 4: Balance hídrico-climático interanual en función de la fenología hasta el final de la maduración

Estas condiciones térmicas cálidas se inscribieron en el curso de una tendencia de condiciones hídricas restrictivas hasta el comienzo de las vendimias que resultaron particularmente favorables para la calidad. Dependiendo de la situación geográfica, los niveles hídricos de 2018 fueron similares a los de 2000, 2012 y 2016, siendo localmente demasiado estresantes para las viñas jóvenes, cargadas o implantadas en los suelos más secos, pero ideal para la maduración de las semillas y la trama tánica en la gran mayoría de las situaciones.

Gráfico 5: Comparación del balance hídrico climático interestacional

Las pocas tormentas de finales de junio, mediados de julio y principios de septiembre fueron dispares, lo que provocó algunas diferencias significativas entre las varias denominaciones, pero también dentro de ellas. El centro y el sur de Médoc fueron las áreas con mayor déficit al comienzo de la vendimia, luego vinieron algunas zonas del Libournais. En Pessac y Saint-Estèphe la situación fue un poco menos deficitaria. Hay que destacar que todos estos ejemplos son muy cualitativos. Las situaciones más deficitarias parecían mostrar las concentraciones tánicas más importantes.

Gráfico 6: Índice heliotérmico interanual hasta el 13 de septiembre

El índice heliotérmico, particularmente robusto para apreciar la precocidad de las diferentes añadas, confirmó la precocidad de 2018 a pesar de su retraso en la brotación de las yemas (indicador que no se tiene en cuenta a partir del 1 de abril, indiferentemente de la cosecha). Teniendo en cuenta este retraso en la brotación, 2018 se posiciona cerca de 2005 y más precoz que 2015. Esta tendencia precoz y el carácter solar de la cosecha se reforzaron durante la vendimia con pronósticos de temperaturas cálidas y dentro de un contexto que permaneció seco hasta el fin del mes.

Unas uvas muy sabrosas y tánicas, graduaciones elevadas y acideces bajas

Igual que en 2016, las condiciones de humedad primaveral beneficiaron más al tamaño de las bayas del merlot que a las del cabernet. El tamaño de las bayas de merlot era próximo al promedio interanual, mientras que las de los cabernet eran mucho más pequeñas.

Las altas temperaturas y las restricciones hídricas en el envero, e incluso después, fueron muy favorables para el metabolismo secundario que indujo una riqueza fenólica de las más altas, particularmente en el Médoc. Las amplitudes térmicas altas asociadas con temperaturas máximas altas, fueron favorables para la rápida progresión de la expresión aromática de las uvas. El riesgo a mediados de septiembre fue que esta riqueza aromática se convirtiera rápidamente en notas más evolucionadas, incluso confitadas en los vinos de merlot si las altas temperaturas persistían.

Las noches frescas desde mediados de agosto fueron favorables para la acumulación de antocianos en los hollejos y las restricciones hídricas, de moderadas a fuertes, que se dieron al mismo tiempo fueron favorables para la maduración temprana de los taninos, ya fuera de las pepitas o de los hollejos.

Los fenómenos de bloqueo se limitaron a unas pocas cepas jóvenes en terrenos de secano o en parcelas con rendimientos excesivos. El perfil hídrico de 2018 se dio en un escenario ideal que se vio reflejado en el perfil fenólico de las uvas.

La consecuencia de estas altas temperaturas en un contexto de déficit hídrico fue una rápida progresión de las graduaciones, que se acercaron a las de 2009 y fueron potencialmente más altas que las de 2015 en el caso de vendimias demasiado tardías. Esto podía acentuarse en los suelos secos debido a fenómenos de marchitamiento que podían ocurrir rápidamente. La acidez total y el contenido de ácido málico fueron casi tan bajos como en 2016 y los pH estaban entre los más altos en consonancia con las altas temperaturas sucedidas durante la maduración.

En este contexto hídrico de sequía, el fruto llegó al punto de sobremaduración antes de que se completara la madurez mecánica de los hollejos, especialmente en variedades de uva temprana (merlot) y puesto que los suelos estaban calientes y eran sensibles a la restricción hídrica.

Este año la carga tánica es tan importante en los suelos de grava como en los arcillosos o arcillo-calcáreos. Las condiciones meteorológicas anunciadas hasta finales de septiembre fueron particularmente favorables al final de la maduración tardía del cabernet sauvignon y el merlot plantados en suelos arcillo calcáreos.

En suelos arcillosos o calcáreos, los blancos son equilibrados y muy aromáticos a pesar de las altas temperaturas de agosto y principios de septiembre. En los suelos secos y cálidos se sufrieron condiciones demasiado sureñas, lo que implicó, según el caso, equilibrios pesados o, al contrario, un perfil algo mordiente y ligero.

Lo que marcará la diferencia en 2018

La gestión del mildiu

Desde un punto de vista sanitario, las dificultades de la añada se resumen, esencialmente, en la excepcional presión del mildiu. Las pérdidas derivadas de la podredumbre marrón, particularmente en julio, redujeron drásticamente los rendimientos. Los viñedos en los que el merlot era el dominante y que se habían cultivado en ecológico o en biodinámica fueron los más afectados. Hay que puntualizar que este impacto ha sido en términos cuantitativos y no de calidad, gracias a las buenas condiciones meteorológicas durante la maduración que contribuyeron a preservar las hojas en buen estado hasta la vendimia. Se observó, asimismo, una tendencia a la concentración fenólica ligeramente superior en aquellas parcelas afectadas por el mildiu y que se asoció a un ligero retraso fenológico.

Una gestión de los suelos adaptada a las condiciones derivadas de una primavera húmeda y un verano seco

Las condiciones tan húmedas de la primavera junto con unas temperaturas suaves favorecieron una mineralización importante y tardía en la mayoría de suelos que dio origen a un vigor quizás excesivo. Fue importante mantener coberturas vegetales ricas en nitrógeno en los suelos de secano y, al contrario, eliminarlas para favorecer el calentamiento y la mineralización en aquellos suelos más arcillosos y fríos. Esta gestión diferencial del suelo durante la primavera fue complicada debido al poco drenaje, particularmente en los suelos más fríos.

En suelos sensibles al estrés hídrico fue necesario ser reactivo durante el verano y destruir la cubierta vegetal a medida que aparecían signos de déficit hídrico.

La gestión de la carga

La excelente iniciación de las inflorescencias en 2017 y la muy buena brotación de las yemas produjeron cargas potencialmente elevadas en muchas parcelas. Las parcelas de arcilla pudieron soportar esta generosa cosecha, pero éste no fue el caso en los suelos secos donde los altos rendimientos aumentaron el riesgo de bloqueos. Donde el mildiu no produjo daños fue importante asegurarse de que la carga de fruta se adaptase al contexto hídrico de cada parcela.

Vendimias poco tardías

La 2018 ha sido una añada solar. Las condiciones cálidas, que duraron hasta el final de la maduración, después de un verano particularmente seco, aceleraron la progresión de la graduación alcohólica y el aumento del pH; mientras que los taninos maduraron precozmente, así como el sabor de las uvas. El punto de equilibrio entre madurez aromática y madurez fenólica fue de corta duración y las parcelas más precoces se vendimiaron a mediados de septiembre en algunos casos con uvas desequilibradas que dieron vinos con notas de sobremaduración.

En fin…

La 2018 es una añada solar y precoz que será recordada por la virulencia del mildiu, así como por la opulencia de sus vinos. Será una cosecha de clima más que de terroir, como la mayoría de las grandes cosechas (2005, 2010, 2016).

David PERNET y el resto del equipo de SOVIVINS

 

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