Bordeaux 2021 por Bordeaux Vins Sélection

2021: LA AÑADA DEL VITICULTOR

La viticultura es una escuela dura. No podríamos olvidarlo con esta añada debilitada por sucesivas oleadas de desafíos. Heladas, mildiu, botrytis. Muchos miedos, dudas, incluso lágrimas. Cosechas perdidas o tristemente disminuidas. Noches de abril tan intensas como los días. Constantemente movilizados, los viticultores tuvieron que dar muestras de vigilancia, paciencia y obstinación. Sin embargo, con sus finas observaciones y sus intervenciones cada vez más precisas, pudieron superar esta difícil vendimia que no cesó de complicar las labores de cultivo. La añada 2021 es sin duda la de la resiliencia, gracias a las habilidades humanas empleadas y a un otoño generosamente soleado que completó la maduración de la uva. Nos temíamos lo peor, y sucedió lo mejor… En ambas orillas, grandes éxitos.

UN INICIO LLUVIOSO Y UNA PRIMAVERA FRÍA

Al igual que el año anterior, 2021 comenzó con un invierno muy húmedo, con un mes de febrero históricamente suave (+2,49 °C en comparación con el promedio de diez años). Gracias a las abundantes precipitaciones invernales, se pudieron reponer las reservas de agua y, en consecuencia, se produjo una brotación temprana y rápida a mediados de marzo. Seguidamente comenzó un tiempo seco y templado. El 31 de marzo fue el día más cálido jamás registrado en marzo desde 1900. En los viñedos comenzaron a brotar las yemas. ¿Podía ser que el verano ya estuviera aquí? Luego, un cambio de escenario como en la ópera: el invierno volvió repentinamente el 5 de abril. El pronóstico del tiempo anunciaba una ola de frío que debía durar varias noches. Algunas propiedades optaron por apresurar las labores del suelo, desherbando las hileras para secar las parcelas más frágiles. Otros se equiparon con velas, braseros, calefactores, aerogeneradores, incluso helicópteros para agitar el aire y mantener un poco el calor entre las filas. Las noches del 6 y 7 de abril sacudieron a toda la región: un episodio de frío excepcional movilizó a todos los equipos. Todas las denominaciones de Bordeaux se vieron afectadas. Los viticultores estaban exhaustos. Era el momento de la desolación o el alivio.

El ciclo de la vid se vio ralentizado por una primavera fría (-1,6 °C de media respecto a años anteriores). Las primeras flores aparecieron alrededor del 24 de mayo. Otro motivo de preocupación: la combinación de bajas temperaturas y episodios lluviosos, cuyas primeras consecuencias fueron alterar la fructificación (fenómeno de corrimiento), junto con los primeros ataques de mildiu. Desde mediados de mayo hasta mediados de julio fueron dos meses de lluvias intensas, con tormentas eléctricas en junio. La triste singularidad de la añada 2021: precipitaciones que alcanzaron un nivel pocas veces observado en Gironde: 380 mm registrados del 1 de mayo al 15 de julio de 2021, frente a los 170 mm de promedio normal. Una climatología que generó un fuerte aumento de la presión de enfermedades, no solo por mildiu, sino también por black-rot (podredumbre negra). Las peores condiciones sanitarias de los últimos veinte años, según el recuerdo de los viticultores. Todos pedían la llegada del buen tiempo para acabar con esta auténtica pesadilla. Para facilitar la maduración de la uva y preservar la integridad del viñedo, se realizaron deshojados selectivos hasta el final de la temporada.

UN VERANO INCIERTO

Por fin, el regreso del sol a mediados de julio. Por fin, el mercurio sube. Tímido comienzo del envero… Hasta mediados de agosto, las vides carecían de suficiente calor y luz. Se redoblaron los esfuerzos de la poda en verde. A finales de agosto, las uvas catadas todavía eran blandas y acuosas.

UN OTOÑO MILAGROSO

En la primera quincena de septiembre, el verano se prolongó, trayendo alegría a los viticultores. Las uvas sauvignon blanc y sémillon completaron su fase de maduración en condiciones ideales; sus pieles adquirieron una bonita tonalidad ambarina y notas cítricas. La vendimia comenzó a principios de septiembre. Quince días después, se cosechó la sémillon, que luego tendría una agradable textura y redondez. Para las variedades de uva tinta, más preocupaciones: las altas temperaturas combinadas con diez días de inestabilidad amenazaron la integridad de las uvas. Algunos optaron por vendimiar, otros prefirieron esperar a pesar de las alarmantes previsiones meteorológicas. Hay que decir que el trabajo realizado durante todo el año, tanto en la preparación del suelo como de la planta, mitigó considerablemente los efectos del exceso de lluvia y la falta de luz. Casi todo septiembre fue caluroso, con picos de temperatura no vistos desde 1911. Las temperaturas diurnas (+1,6 °C) y nocturnas (+2,5 °C) estuvieron muy por encima de la media de los últimos treinta años.

VENDIMIA EN EL MOMENTO ADECUADO

Para muchos, la obsesión era favorecer aún más el sabor y la madurez fenólica para atenuar la acidez y las notas vegetales. Decisiones difíciles a causa de la botrytis que podían conducir a rendimientos más bajos. Gracias a la extrema vigilancia y dedicación del personal, hubo muy pocos daños. Los equipos pasaron por los viñedos varias veces, tanto durante la semana como en los fines de semana. Para la gran mayoría de fincas de ambas orillas, las primeras uvas de merlot se cosecharon a finales de septiembre.

Octubre fue un mes beneficioso: la alternancia de días cálidos (por encima de 20 °C) y noches frescas (por debajo de 10 °C) permitieron una mayor concentración y aroma. Las pieles se refinaron y las pepitas perdieron su amargor. En general, los restantes cabernet franc y sauvignon se vendimiaron a partir del 4 de octubre.

INTERVENCIONES MINIMALISTAS EN LA BODEGA

Otra grata sorpresa: la materia prima que entraba en los depósitos era normalmente de gran calidad y la drástica selección de la uva fue satisfactoria. En bodega se realizaron extracciones suaves al inicio de la fermentación y luego, durante la maceración post-fermentativa, algunas infusiones para estructurar el paladar medio. Otros practicaron solo remontados ligeros y bazuqueos. Todos buscaban conservar la delicadeza de la fruta y los taninos. Los ensamblajes harían el resto.

UN EPÍLOGO FELIZ

Las uvas que nos seducen tuvieron que escapar de muchas posibilidades de destrucción; sobrevivieron a pesar de las heladas, el corrimiento y las enfermedades. Durante las catas realizadas antes de la vendimia, ya deleitaron con su expresión. Este año, los vinos de merlot son dulces, afrutados y ricos, mientras que los de cabernet sauvignon muestran una frescura e intensidad seductoras, con niveles de alcohol moderados. Es cierto que no existe la carnosidad y la densidad de los años 2019 y 2020, pero la añada, con su estética clásica, tiene mucho encanto. Llena de promesas.

La añada 2021, es sin duda una victoria humana.

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