Bourgogne 2018 por Ludivine Griveau

“2018: una añada tardíamente precoz

La climatología

Tras un final de temporada muy agradable a finales de septiembre y octubre, el otoño empezó con una pluviometría récord. Las temperaturas descendieron rápidamente y el invierno se instaló en noviembre y diciembre. Por el contrario, enero fue muy suave, con casi 4ºC más de lo normal para la temporada (la temperatura promedio es de 6,9ºC).

Fue necesario esperar hasta febrero para, finalmente, encontrar unos cuantos días consecutivos de temperaturas negativas y un poco de nieve, que hidrató lentamente nuestras tierras. Las precipitaciones entre octubre y marzo alcanzaron la segunda acumulación más importante de los últimos 25 años, con casi 500 mm en la Côte de Beaune. La luz ambiental era tenue, con déficit de sol durante todo el invierno. Al final, no hubo realmente invierno, ya que solo registramos 8 días a temperatura negativa. En marzo, la vegetación permaneció en su estado de reposo, y se preveía un inicio tardío de la vid.

A mediados de abril, y durante buena parte del mes, los hermosos días primaverales caldearon la atmósfera. La vegetación estaba esperando para empujar, ya a 10 de abril las reservas hídricas eran más que notables (ya había caído más de un 40% de la precipitación anual en Beaune).

La semana del 17 de abril incluso superó en 10ºC la media estacional. Este año, para colmo, el final del mes fue más caótico. Todo el mundo andaba escrutando los pronósticos meteorológicos que anunciaban riesgo moderado de heladas, especialmente porque el crecimiento de los brotes había sido muy activo y, en vista de las condiciones de humedad anunciadas, no iban a resistir más allá de -0,5/-1ºC… Al final, los daños fueron muy leves y el sol regresó: un 12% más de insolación en abril.

A partir del mes de mayo, ¡se acabó el hablar de una añada tardía! A 7 de mayo, las temperaturas estaban entre 26 y 28ºC. De este modo, gracias a la disponibilidad de agua por parte del suelo, todos los factores se alinearon para situar 2018 en el grupo de las añadas precoces, lo fue como 2015 o 2011. El verano se asentó súbitamente, antes de hora, generando altas temperaturas que desembocaron en el primer episodio de granizo (ligero) sobre Chassagne-Montrachet, Puligny-Montrachet, Saint-Aubin…

Las lluvias de mayo fueron en general débiles y, especialmente, muy irregulares de un sector a otro: ¡1 mm en Beaune mientras Meursault mostraba 24 mm en su pluviómetro! La vegetación galopaba y las flores emanaban ya su delicado perfume el 29 de mayo.

En junio, cambió totalmente de la situación, tal y como describió la Cámara de Agricultura el 5 de junio: “¡El pluviómetro está desbordándose!”. Las lluvias eran incesantes, y su carácter tormentoso provocó situaciones muy heterogéneas. Los episodios del 3 y 4 de junio hicieron mella en todos los viñadores, con tormentas durante las cuales la lluvia de todo un mes cayó… ¡en dos días! Apenas comenzado el cuajado, se podía apreciar cierto impacto del granizo en Pommard. Como en los trópicos, ¡las temperaturas seguían siendo clementes y la vid en ningún momento dejó de crecer! En algunos casos, ¡ganó casi 1 metro de sarmiento en una semana! Tuvimos que esperar hasta el 12 de junio para que el frente tormentoso abandonara finalmente el viñedo. Respiramos por fin, una jornada sin lluvia por primera vez en los últimos 18-21 días. A partir del 26 de junio, llegamos a registrar 15 días sin lluvia, con temperaturas estivales durante la última quincena. La insolación ¡acabó siendo incluso excesiva (+ 43 horas)! ¡Estábamos desconcertados!

A principios de julio las acumulaciones de agua eran muy heterogéneas, y la Côte de Nuits no fue una excepción: 85 mm en dos días, mientras que el sur de la Côte de Beaune no recibía apenas agua. El granizo golpeó Premeaux-Prissey, Corgoloin y Nuits-Saint-Georges, a veces severamente (50%). La precocidad de la añada se acercaba a la de 2015. Las primeras bayas cogieron color alrededor del 17 de julio, fecha realmente muy temprana. El 23 de julio, un tercer episodio de granizo en 3 semanas golpeó de nuevo la Côte de Nuits, y también Pommard y Beaune, a veces de forma significativa. Entre cada precipitación, las temperaturas se mantuvieron por encima de las habituales de la estación: de los 31 días de julio, en 22 de ellos las temperaturas superaron los 28ºC. ¡Eso es 2ºC más de lo normal!

La canícula se instaló sobre Bourgogne los primeros 10 días de agosto, durante los cuales la maduración avanzó a un ritmo acelerado. Siendo la acumulación de agua muy irregular, algunas cepas ya habían alcanzado más del 50% de envero, mientras que a otras soñaban con un poco de agua. La insolación batió récords el 2 de agosto, con una diferencia de 86 horas por encima de lo normal.

El ciclo vegetativo

Tras una primavera fría en marzo, las viñas avanzaban a cámara lenta, siendo la recuperación de la actividad pausada y gradual. Para el 4 de abril, las yemas apenas parecían querer brotar, y las fuertes lluvias, mezcladas con mucha bruma, frenaron la salida de la vegetación. Todo el mundo tenía la sensación de encontrarse ante una añada tardía… Los hermosos días entorno al 10-15 de abril aportaron el detonante necesario, y las puntas verdes no tardaron en llegar; ¡parecía como si las vides estuvieran en la parrilla de salida! La brotación se oficializó alrededor del 20 de abril, colocando a la cosecha en un nivel maduración medianamente temprana…

A partir de ese momento, ¡comenzó la carrera de persecución! En apenas unos días, las hojas se desplegaron una tras otra a una velocidad récord: en una semana, la yema se ha convertido en un brote de 4/5 hojas. ¡Lo nunca visto! El adjetivo tardío ¡quedó borrado de nuestro vocabulario! Hasta finales de abril, la aceleración siguió y el crecimiento fue deslumbrante: las tareas de poda en verde por poco se superponen a la recogida de los pámpanos. El ritmo era intenso: en el equipo del Domaine los esfuerzos se multiplicaron por diez a fin de llevar al día todas las labores en verde que se iban encadenando. Los trabajos se mantuvieron a buen ritmo para no llegar a vernos desbordados, y podemos hablar, sin duda, de un incremento en la movilización de los equipos. Se realizaron precisos trabajos de poda en verde en todas las parcelas del Domaine, a fin de controlar los rendimientos y optimizar así la calidad de los futuros frutos.

A mediados de mayo parecía que llegaba un poco de calma al crecimiento, pues las temperaturas eran muy fluctuantes. Las grandes cantidades de agua disponibles en el suelo contribuyeron a un desarrollo explosivo, y el 2018 ¡se situaba poco a poco entre las añadas precoces! ¿Quién lo hubiera creído? Las viñas eran de un verde brillante. Las hermosas inflorescencias nos confirmaban que la producción sería generosa y que habíamos hecho bien en apostar por un control anticipado de los rendimientos.  Las primeras flores aparecieron alrededor del 19 de mayo tanto para la pinot como para la chardonnay: ¡las dos variedades marchaban codo con codo!

Muy pronto, los delicados efluvios de las flores de la viña pudieron ser percibidos en toda la Côte. Lo que se traduce en ¡10 días de avance respecto con 2017! Este año, además, optamos por limitar el riesgo de corrimiento al esperar a que la floración llegara a su 50-75% antes de realizar el deshojado. En algunos casos, las ramas eran largas, y resultaba necesario favorecer la afluencia de savia hacia los frutos en lugar de hacia los vértices de las ramas. En paralelo, el clima era tropical, y las lluvias, frecuentes. En junio las enfermedades ejercieron una fuerte presión. Era obligado mantener el ritmo, ya que los productos de contacto que optamos por usar (ECO) desparecían rápidamente con las lluvias.

La capacidad de respuesta que la estructura de los Hospices de Beaune permite fue desplegada oportunamente: cada una de las 117 parcelas fue de este modo monitoreada dos veces por semana por el mismo equipo, lo que permitió tomar decisiones adaptadas a cada situación y a cada sector.

Las bayas de algunas parcelas de chardonnay habían alcanzado ya de 2 a 3 mm el 5 de junio. 2018 se situaba, de este modo, entre las 3 añadas más precoces de los 10 últimos años. Este ritmo se mantendría durante todo el mes de junio, con un rápido desarrollo de la pinot noir y una presión fitosanitaria bastante pronunciada en el conjunto de sectores. Con todo, detectamos fenómenos de corrimiento en la chardonnay, en algunos casos bastante previsibles (brotaciones rápidas + lluvias intensas + altas temperaturas).

Para el 25 de junio, estábamos en el primer estadio de la compactación del racimo, y la llegada del anticiclón fue nuestra mejor aliada para aplacar los feroces ataques de mildiu. No llegamos a observar ningún ataque de mildiu sobre los racimos en el interior del Domaine; el follaje sí que mostró algunas manchas, pero no lo suficiente como para poner en peligro la función de fotosíntesis de las hojas, primordial para la futura maduración.

Los deshojados se llevaron a cabo de manera sistemática, y más o menos severamente dependiendo del sector y del vigor de la vid. Aquí, de nuevo, se requería actuar caso por caso. De hecho, la elección de una conducción ECO debe compaginarse con una considerable profilaxis, y el deshoje es un gran aliado.

En torno al 3 de julio, los racimos llegaron, en muchos casos, su fase de cierre. De nuevo, hablábamos en términos comparativos de 2007 y 2011, y finales de agosto/principios de septiembre se esbozaban ya como las fechas de vendimia. Un episodio de granizo sobre la Côte de Nuits, el 5 de julio, nos hizo temblar de nuevo; y no sería esta la última gran alarma meteorológica del año, ya que todavía viviríamos otros dos episodios de granizo de gran intensidad, el 15 y el 20 de julio.

La Côte de Nuits se vio especialmente afectada: Pommard y Beaune tuvieron, en ciertos lugares, significativas pérdidas de follaje. Estas lluvias tormentosas fueron en algunos casos el origen de grandes acumulaciones, muy irregulares: el sur de Nuits-Saint-Georges recibió 112 mm, mientras que Meloisey, ¡tan solo 8!

Del 15 al 17 de julio, los primeros racimos se tiñeron ya de rojo, ya que el cierre de los racimos no se había hecho esperar. El progreso se confirmaba, y empezamos entonces la preparación de la sala de depósitos y del equipo para la recepción de la cosecha.

A principios de agosto, todas las viñas fueron objeto de un chequeo parcelario a fin de:

  • establecer en qué punto se encontraba el envero y, así, empezar a definir una fecha de vendimia
  • realizar una estimación más precisa posible sobre la cantidad de la cosecha
  • y de hacer un balance del estado sanitario

El 3 de agosto, arrancó el envero en el 100% de las cepas, tanto de chardonnay como de pinot noir. El estadio medio de cada cepa ¡oscilaba entre el 40 y el 70%! ¡Y Volnay rompió los records! Tras más de 3 semanas de calor extremo, la maduración seguía galopando.

A lo largo del verano, el clima seco y caluroso continuó; ¡el colmo hubiese sido llegar a quedarse sin agua! ¡Temimos entonces un “bloqueo” de la maduración, y nos pusimos a esperar las pocas gotas de lluvia anunciadas con impaciencia! Aun así, ¡la vid es realmente una planta mágica! En efecto, pese a que, en algunas zonas, unos pocos viñedos del Domaine mostraron leves signos de estrés hídrico en la parte baja de las cepas (algunas hojas amarillentas), el follaje estaba saludable y cumplía su cometido, por lo que la maduración prosiguió con regularidad y las diferencias se acortan entre los diferentes sectores de la Côte.

Llegados al 20 de agosto, el estado sanitario era excelente, y tuvimos la sensación de que sería más necesario centrar la clasificación de uvas en base a su diversidad de madurez que enfocarla a apartar las dañadas por podredumbre gris, ausente en esta etapa. La pinot noir rebosaba azúcares, y el chardonnay viraba más y más hacia un hermoso color dorado.

De nuevo, los controles de madurez y la degustación de las bayas resultaron esenciales. Tomamos la decisión de repetirlos en toda la finca, en sus 117 parcelas; comenzamos el 6 de agosto en Mâconnais (Cuvée de Pouilly Fuissé) y, luego, a partir del 20 de agosto, en la Côte-d’Or.

La pinot noir parecía ir un poco por delante de la chardonnay: ¡nada que ver con lo que habíamos podido prever en abril! Entonces, todo se aceleró y, nos vimos ya tijeras de podar en mano: el 27 de agosto, en Chaintré; y el 30 de agosto, en Beaune. Los chardonnays maduraron de golpe, y acabaron incluidos en el planning de la vendimia cuando ya estábamos convencidos de que nos harían esperar… El pronóstico del tiempo era más que indulgente, así que nos permitimos tomarnos el tiempo de cosechar las uvas en su perfecta maduración, bajo un sol radiante, a lo largo de 15 días de vendimia.

En el momento de escribir estas líneas, todos los vinos están en barrica. Los vinos blancos han realizado ya su fermentación alcohólica, y los tintos reposan tras una maceración de aproximadamente 3 semanas en cubas. El reto era cosechar en un punto óptimo, sin aromas de sobremaduración.

¡Prueba superada!

Los vinos blancos ya muestran una hermosa profundidad y densidad, sin pesadez. El trabajo de las lías comienza a notarse y cada cuvée resulta única.

Los tintos lucen fuertes capas, aromas solares, aunque frescos, y la línea común al pinot en esta cosecha parece contener una materia muy hermosa, estructuras con profundidad y taninos de textura suave y amable.

Las decisiones sobre viticultura tomadas a lo largo de la campaña –incluyendo el control temprano de los rendimientos–, que los Hospices de Beaune han liderado, parecen haber tenido peso para garantizar esta rica complejidad de nuestros vinos, y forman parte de nuestra continua búsqueda de vinos excepcionales.

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