¿Caída y ascenso de la garnacha en Aragón?

Por Norrel Robertson

Mientras escribo, la cosecha de 2014 en Aragón está llegando a su fin. En esta vendimia hemos visto, posiblemente, la mayor cantidad de garnacha en España desde la cosecha de 2004. La calidad está probablemente determinada por aquellos que fueron lo suficientemente valientes como para vendimiar en verde antes del envero y evitar el riesgo de enfermedades, especialmente botrytis, la cual ataca a los racimos fuertes y compactos que la garnacha produce cuando se prescinde de la intervención en favor de los kilos.

Para muchos productores, viticultores y bodegas esta vendimia ha supuesto un respiro tras cinco o seis añadas austeras en las que la garnacha se había convertido en una mercancía  escasa. El precio de la garnacha a granel ha ascendido durante los últimos años, dado el interés internacional que ha suscitado, aunque el valor de la botella no ha aumentado consecuentemente. Algo no funciona.

Como propietario de cinco hectáreas de viejos viñedos de garnacha soy muy consciente de los costes de producción involucrados. Para gestionar y obtener uvas en 1 Ha plantada a marco real —una densidad de plantación de 2,5 x 2,5 metros, con alrededor de 1.400 viñas por Ha—, estamos hablando de unos 3.000 euros por Ha cada año para podar, arar, cosechar, etc. Incluso si se están produciendo 3.000 kg por Ha —en muchas ocasiones los viejos viñedos de calidad sólo pueden producir de 1 a 2 toneladas, dependiendo del año— se paga 1 euro por kilo de uva. ¿Por qué estamos vendiendo “viña vieja” de garnachas de Aragón a un precio cercano de 1 euro por botella?

Norrel Robertson

Esto me lleva a definir lo que es una viña joven y vieja. Parafraseando al destacado viticultor español José Ramón Lissarague, es como pedirle a alguien opinión sobre una mujer joven o mayor: las valoraciones pueden variar. Existe la concepción generalizada de que las viñas viejas tienen un equilibrio natural, ya que la planta se ha adaptado, incluso, a condiciones extremas y ha llegado a un punto en el que el vigor de la planta es equilibrado, y el sistema de raíces ha explorado el suelo y se ha autorregulado. En el caso de Calatayud, el término de vino viejo puede utilizarse para viñedos con 35 años o más y parcelas cuyo rendimiento se limita a 4.500 kg por Ha. Por experiencia personal, diría que es raro mantener el más alto nivel de calidad con más de 3.500 kg por Ha. En la cosecha 2014 hemos visto muchos viñedos que, realmente, han alcanzado y superado los límites legales de producción. No es sorprendente ya que muchas cooperativas pagan habitualmente tan sólo 0,35 euros por kilo,  por lo que los costes de producción mencionados anteriormente carecen absolutamente de sentido. Dicho esto también tenemos un escenario en el que algunas bodegas pagan alrededor de 1 euro por kilo de uva procedente de viñas viejas seleccionadas con un escaso rendimiento. 

A mi llegada a Calatayud en 2003 compré los mapas de 1955 a 2001. En la actualidad, Calatayud tiene poco menos de 3.500 Ha —aproximadamente la misma superficie de viñedo como Châteauneuf-du-Pape aunque menos concentrada—, ampliamente plantadas en lo que es una de las mayores comarcas de España geográficamente hablando. En 1955 he calculado que el área tenía alrededor de 45.000 Ha de viñedo. Desde ese año hasta nuestros días hemos perdido más del 90% de los viñedos originales. Esta extracción de la vid no se restringió sólo a la garnacha en Calatayud, sino al conjunto de Aragón y, por ende, de España. Hasta 1990 España aún tenía la hegemonía con 169.000 Ha de garnacha: entonces la variedad tinta más plantada en el país. En 2013 ésta se había reducido a unas escasas 63.000 Ha (fuente JR Lissarrague) y, a pesar de ser el lugar de nacimiento de esta variedad, España ya ha sido desbancada por Francia en este sentido. El país galo lidera en este terreno con más de 95.000 Ha plantadas a pesar de que en 1958 tan sólo disponía de 24.886. Entonces, ¿qué ha precipitado tal desastre y la pérdida del patrimonio y los viñedos heredados de la garnacha española? Actualmente en Aragón comprar 1 Ha de vides viejas de garnacha puede costar entre 5.000 a 10.000 euros. No obstante, en Châteauneuf-du-Pape el precio ronda los 400.000 euros (fuente Adam Dakin, Vinea Transaction).

Podemos llamar alegremente a esta situación un triunvirato de desastres. En primer lugar, como era el caso en muchos otros países productores de garnacha como Australia, las viñas viejas de esta variedad cayeron presas de las subvenciones destinadas al arranque de viñedos, con muy poco respeto por las viñas viejas difíciles de manejar a las que se sumaba el bajo rendimiento y, en ocasiones, el terreno inhóspito y complicado de trabajar para muchos viticultores. Por estas razones, estoy totalmente en contra de los subsidios disponibles de la Unión Europea sin miramientos ni discriminaciones para favorecer el patrimonio vitícola.

En segundo lugar, en España, como ocurrió en muchas naciones que elaboraban vino, fuimos testigos de la internacionalización de los viñedos desde la década de los ochenta en adelante con nuevas plantaciones que favorecieron la selección de cabernet, merlot, chardonnay, etc. Esta internacionalización también se acompañó de la selección clonal de garnacha que favoreció la formación y crecimiento de los racimos y un mayor rendimiento en muchos viveros franceses mientras que a los viticultores se les ha dado una limitada selección clonal para elegir en caso de querer plantar garnacha.

Esto, en primer lugar, va en contra de los argumentos originales de arrancar las viñas. A día de hoy estoy asombrado por la escasez de material disponible para aquellos que desean plantar nuevos viñedos de garnacha. De las cerca de 100 Ha solicitadas para la siembra en los últimos 2 años, todavía veo a nivel local muchos productores plantando clones 70 y 224 —que favorecen la fructificación y rendimiento por encima del color, taninos y sabor—, los cuales no me atrevería a recomendar ni para la elaboración de vino rosado. Existen buenas selecciones que se basan en estudios realizados en Aragón, Navarra y Castilla León y es alentador ver cómo todavía en algunos pueblos se cultiva la selección masal para defender el concepto de garnacha Fina. Sin embargo, hasta que no exista una clara guía por parte de los gobiernos locales y las Denominaciones de Origen, donde la garnacha es predominante, e incentivos para que los productores se basen en una menor rentabilidad y clones de mayor calidad, lo más probable es que vayamos a ser testigos de la plantación de cepas por debajo de los estándares.

Norrel Robertson con un racimo de garnacha

La estructura socio-económica de la industria del vino en España seguramente ha jugado un papel importante en la desaparición de la garnacha, el malestar actual y la imposibilidad de seguir adelante basándose en un argumento de calidad del patrimonio y en las viñas viejas. Alrededor del 60-65% de la producción de vino español está impulsada por las cooperativas. En Aragón, sin duda, la cifra es superior. Es difícil asignar la definición francesa de vigneron en España con el mismo significado que en el país galo ya que la mayoría de productores de uva en España se ganan la vida con la policultura (se dedican a otros cultivos, frutas, cereales, etc.).

Es decir que, en realidad, rara vez en Aragón tenemos una cultura de viticultores de garnacha que, realmente, elaboren y comercialicen su propio vino tomando las uvas de la cooperativa. Una vez más, volviendo al ejemplo de Châteauneuf-du-Pape, las cooperativas sólo suponen el 7% de la elaboración del vino, hay alrededor de 320 productores o négociants independientes y de una producción promedio de 105. 000 hectolitros producidos se generan alrededor de 13.750.000 de botellas al año. Eso equivale a un 100% de conversión del viñedo en botellas sin vender nada a granel o bajo el concepto de vino de mesa: ¿Por qué hacerlo cuando tu patrimonio cuesta 400.000 euros por hectárea? No existe ninguna zona de producción de garnacha en España que se acerque más a esa envidiable defensa del terroir, pero la realidad es que la garnacha española y aragonesa supera a Francia en el día a día cuando se habla de calidad. En el concurso Grenache du Monde de 2014 celebrado en Perpignan, Calatayud se alzó con 14 medallas de oro aun siendo franceses la mayoría de miembros del jurado.

Con la excepción del Priorat, Montsant y la aparición en los últimos 10 años de los productores de calidad-terroir centrados en Gredos y el resurgimiento de la viña vieja de garnacha en Navarra, La Rioja y algunos productores en Aragón, España carece de la  cultura del vigneron. Hasta que no desarrollemos este concepto en Aragón es probable que sigamos vendiendo nuestro vino demasiado barato y tiremos también nuestro patrimonio por la borda.

La comercialización y el posicionamiento de la garnacha de viñas viejas en los mercados de exportación han agravado aún más la situación. Cualquier comerciante de vino dirá que una vez el consumidor ha forjado su opinión de calidad-precio del vino es muy difícil hacerle subir en la escala de calidad, incluso añadiendo marcas de halo ultra premium a tu gama, como una idea de última hora.

Si tomamos como ejemplo el mercado estadounidense —donde la mayoría de la garnacha de Calatayud se exporta como si fuera Campo de Borja— muchos productores de garnacha están peleando por un segmento de precios que suponga un coste de 7 a 10 dólares para el consumidor final. La conclusión es que si se aplica la estructura de viñedo típica discutida previamente y se tienen en cuenta los costes de producción,  las cuentas no salen. Entrar en este juego en Estados Unidos significa vender la garnacha a menos de 2 euros por botella ex cellar. Una vez que se eliminan los costes de la uva y la elaboración, podemos ver que para la mayoría de viticultores estas prácticas de negocio no son sostenibles a largo plazo.

No es de extrañar entonces que muchos productores de garnacha de otros países se opongan a competir con tales precios en mercados internacionales. ¿Por qué tendrían de hacerlo? Los presentes en el Simposium Internacional de la garnacha de 2010 que tuvo lugar en la Provenza recordarán la férrea defensa de la garnacha por parte de los productores australianos tales como Dave Powell de Barossa y Chester Osborn del McLaren Vale, quienes se burlaban de las versiones más baratas e incluso dieron un paso más allá y dijeron que la producción de garnacha rosé era un desprecio a la variedad. Su negocio reside en la defensa y recuperación de las viejas parcelas de garnacha en ambas regiones y esto podría y debería ser el futuro paso también en Aragón. En 2007 en Barossa Valley, Australia, Yalumba y Michael Hill lanzaron The Barossa Old Vine Charter con un registro de viejos viñedos “para ayudar a destacar y proteger estos tesoros vitivinícolas con tal de que no vuelvan a ser arrancados de Barossa”. En el caso de McClaren Vale, también han puesto en marcha un plan similar denominado Cadenzia para proteger sus viejos viñedos y el patrimonio, pero con un enfoque más centrado en la diversidad de estilo y terruño de la zona. “Cadenzia es una expresión creativa e individual de la garnacha de McLaren hecha por un inspirado enólogo para demostrar armonía, emoción y energía”. La iniciativa más parecida que tenemos en España son las garnachas de Gredos en Madrid y Ávila, pero en el resto de España esta iniciativa para proteger la garnacha brilla por su ausencia. Todavía hay mucho trabajo por hacer para proteger el patrimonio y la diversidad de la garnacha.

Norrel Robertson y su vino

Norrel Robertson

Norrel Robertson MW lleva elaborando vino en España desde hace más de 10 años y, actualmente es el único Master of Wine viviendo y trabajando en nuestro país. Norrel nació y se crio en Escocia y, tras graduarse en la Universidad de Aberdeen con MA Honours en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, trabajó en la industria del vino durante 20 años, empezando en ventas, compras y desarrollo del producto. En la década de los noventa, Norrel decidió seguir su carrera en el mundo del vino y decidió que la mejor manera era trabajando y aprendiendo en una bodega. Trabajó varios años en Chianti (Italia), Portugal, Australia, Francia y Chile. Desde 1998 a 2000, estudió para Master of Wine, título que obtuvo en noviembre de 2000 junto con el premio Robert Mondavi. De 2002 a 2003, estudió un Posgrado de Viticultura y Enología en la Universidad de Lincoln en Christchurch (Nueva Zelanda), obteniendo su postgraduado con distinciones. En 2003, se trasladó a España como Winemaker for International Wine Services y pronto se enamoró de los viñedos de garnacha situados en la zona de Calatayud (Aragón) y decidió empezar a elaborar sus propios vinos. Su compañía, El Escocés Volante SL (The Flying Scotsman) saltó a la fama y, actualmente, Norrel produce numerosos y premiados vinos de viñedos especialmente seleccionados y plantados a elevadas altitudes en Aragón.

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Este artículo tiene 2 comentarios

  1. Aragonés Volante Reply

    Si bien muchas de las cosas que dice el Escocés Volante son ciertas (como el error de las cooperativas y muchas bodegas con producciones altas y sin potenciar la garnacha como se debería), también lo es que en Aragón, en todas sus DO e incluso fuera de ellas hay proyectos interesantes. La mayoría con base en la Garnacha y cuidándola desde hace siglos. No creo que tenga que venir un escocés a decirnos lo que tenemos que hacer simplemente porque se ha hecho amiguete de ya sabemos quién. Le animaría a conocer alguna de las bodegas con concepto vigneron o simplemente cuidando los viñedos con sus propias manos, que hay por Calatayud, Borja, Cariñena, Somontano, Ayerbe, Lanaja, Lécera…
    Ánimo con su proyecto pero sin menospreciar lo demás.
    Un saludo

  2. Francisco Cestero Reply

    Me parece acertadísima la exposición del Sr Robertson. Desde siempre se ha potenciado(al menos en las cooperativas) la cantidad sobre la calidad lo que ha conducido a que las explotaciones vinícolas no fuesen rentables y al poder arrancar las viñas con subvenciones, la gran mayoría de viñas viejas se arrancaran.
    Una de las claves para la viabilidad futura de la garnacha es invertir en márketing tanto a nivel nacional como internacional, ya que si el producto que hay es bueno, como se demuestra en los diferentes certámenes internacionales a los que se presentan las garnachas de Aragón, lo que falta es saber vender el producto, así como favorecer la viticultura de calidad por encima de la calidad.

    Muchas gracias por haber elegido Calatayud para llevar a cabo su proyecto personal.

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