Cata de óperas imprescindibles que hay que conocer

Por Joaquim Uriach

Si può? (¿se puede?)

Ésta es la famosa frase que Tonio, uno de los personajes de la Pagliacci, pregunta al público antes que la ópera empiece. Con la cortina aún bajada, pide permiso a la audiencia para introducirles al maravilloso mundo al cual están a punto de entrar.

Es el mismo permiso que pido para hacerte de guía por este complejo y apasionante arte que es la ópera. El hecho que hayas escogido leer este artículo indica que tienes interés en la ópera y que te gustaría aprender más. Pretendo llevarte por un breve viaje a través de los títulos más representativos de la ópera, aquellos esenciales que todo amante debería conocer.

Podría seguir muchos criterios de selección, como el de las obras clave que han marcado la evolución del género: Orfeo de Claudio Monteverdi (por ser la primera ópera de la historia), Tristán e Isolda de Richard Wagner (una de las piezas más revolucionarias de la historia, cumbre del arte universal de todos los tiempos) y Wozzeck de Alban Berg (una mezcla de técnicas atonales con tradicionales que se convirtió en una de las obras de mayor influencia en toda la música del s. XX). Sin embargo, introducirse en estas óperas sería demasiado complejo ya que, aunque excepcionales, son densas y difíciles.

Prefiero que conozcas alguna de las obras más representadas de la historia (según la base de datosoperabase.com), que lo son precisamente por su facilidad de llegar al público, y de entre ellas me quiero referir sólo a las que tienen algún momento relacionado con el vino. El vino se convierte así en una buena pista (una más de tantas posibles) para explorar el apasionante mundo de la ópera.

Como cualquier cata en la que se seleccionan vinos, mi selección de momentos operísticos es criticable, pero quiero solo acercarte a la ópera y que la disfrutes. No se trata aquí de descubrir la acidez, los taninos o el aroma a Roasted hazelnut sino que, al margen de tecnicismos, que también los hay en el mundo de la ópera, disfrutes con las piezas y, como puede llegar a pasar con un gran vino, te emociones con el placer que despiertan.

“Las cosas buenas no hace falta entenderlas” dice Morgan Freeman en Cadena Perpetua mientras escucha la canzonetta Sull’aria de Las Bodas de Fígaro de Mozart. Vale la pena reproducir esta famosa escena ya que recoge toda la emoción que puede llegar a transmitir un delicioso fragmento de ópera. Emoción es, sin duda, lo más importante al oír un fragmento operístico o musical.

He querido escoger diversidad en nuestra cata, en forma de distintos bodegueros (compositores), distintas variedades (verismo, bel canto, clasicismo), distintas DO (Italia, Francia, Austria) y, por supuesto, distintas añadas (desde 1787 hasta 1900). Comencemos.

  • LA TRAVIATA (1853) de Giuseppe Verdi

La ópera más representada de la historia fue un gran fracaso el día de su estreno. Verdi, como buen italiano del norte, era un hombre testarudo, y ante dicho fiasco dijo “…o yo estoy equivocado o ellos (el público) yerran. No creo que haya dicho la última palabra. Volverán a verla y entonces hablaremos”. Al final tuvo razón.

La obra, traducida al castellano como La descarriada o la extraviada, trata sobre Violetta, una dama cortesana, es decir, alguien que ejerce la prostitución de manera elegante o distinguida, en el París de mitad del s. XIX. Cortesanas han existido siempre y en España tuvimos a la famosa “Bella Otero”, que murió pobre en Niza, víctima de su ludopatía.

La Traviata está llena de arias famosas y de frases que se han hecho célebres: el “È tardi!” de Violetta para pedir perdón por su vida pasada o el “…io vivo quasi in ciel” de un Alfredo enamoradísimo. Pero quizás la frase más famosa es “la cena é pronta” (la cena está servida) pronunciada por un siervo, el papel más corto de la historia de la ópera.

Es precisamente esta obra y la escena de “Amani, Alfredo!” la que emociona a Julia Roberts en Pretty Woman: “…la reacción de la gente la primera vez que va a una ópera es muy espectacular…o les encanta o les horroriza; si les encanta será para siempre”:

El vino es protagonista importante de La Traviata ya que aparece continuamente en sus fiestas en forma de vino espumante. El champagne era la bebida preferida que, junto al baile y al juego, amenizaba aquellos salones burgueses del Segundo Imperio francés; ya eran entonces varios los productores de champanoise importantes, que aún hoy existen, con la única diferencia que entonces les encantaba tomar el champagne frappé, o sea muy fresco o helado, a unos 2 ó 3 grados.

La importancia del vino se refleja en el celebérrimo brindis del primer acto, en el que Violetta conoce a Alfredo; para muchos está considerado “el himno de la ópera”, ya que es posiblemente la pieza musical más conocida de la historia. Todos sabemos tararear su ritmo de vals, pero lo que quizás no conocemos tanto es su letra, que aquí reproduzco, por su significado para los que amamos el vino:

Bebamos alegremente de este vaso
resplandeciente de belleza
y que la hora efímera
se embriague de deleite.

Bebamos porque el vino
avivará los besos del amor.

Yo quiero compartir mi alegría con todos vosotros;
todo en la vida es locura
salvo el placer.

¡Disfrutemos! El vino y los cantos
y las risas embellecen la noche;
y que el nuevo día nos devolverá al paraíso.

La vida solo es placer (Violetta)
…para aquellos que no conocen el amor (Alfredo)

Es conocido que Verdi era un gran amante del vino; aunque nacido en la Emilia-Romagna, zona de Lambruscho, su predilección eran los tintos de la vecina región de Toscana, con predilección por los Chianti y, para ocasiones especiales, un buen caldo de la DOC Pomino. 

  • TOSCA (1900) de Giacomo Puccini

Puccini era un hombre elegante, guapo y mujeriego (¡se llegaba a cambiar de ropa hasta cinco veces al día!). Fumador empedernido y amante de los buenos placeres como los coches y el vino.

Cuando escribió Tosca, Puccini era ya una celebridad internacional, que había escrito óperas famosas como La Bohème (1896), que se encuentra también entre las óperas más representadas de la historia. Casualmente, La Bohème y nuestra anterior ópera, Traviata, aun siendo de compositores distintos, coinciden en que tienen como protagonistas a dos mujeres, que mueren ambas trágicamente de tuberculosis (algo muy romántico en la época) y en París. Casualidades.

Diría que Tosca, por su drama, por su musicalidad y por su duración (cerca de tres horas, con intervalos incluidos), es la obra ideal para iniciarse en el mundo de la ópera, conjuntamente con Rigoletto.

Tosca es un psycological thriller, con mucho terror, amor y suspense entre tres personajes principales: Floria Tosca (una diva de ópera), Mario Cavaradossi (un pintor con ideas volterianas) y el barón Scarpia (un malvado jefe de policía vaticana, ¡siciliano de origen!).

El rol de Tosca es uno de los más retadores y dramáticos del repertorio operístico, por la voz y por la interpretación; la mítica soprano Maria Callas lo bordaba, fascinaba al público; siempre muy metida en su papel, no sólo porque era “una diva interpretando a otra diva” sino porque en su vida real su Scarpia era Onassis, el poderoso magnate que la deseó y traicionó. Su gran momento musical es la famosa aria “Vissi d’arte, vissi d’amore” (he vivido del arte, he vivido del amor), que acaba con las singulares palabras que declama ante el cadáver moribundo de Scarpia y que todo amante de la ópera sabe pronunciar: “E avanti a lui tremava tutta Roma!” (Y pensar que delante de él temblaba toda Roma). Recomiendo encarecidamente ver esta escena en la genial creación de la Callas en el Covent Garden de Londres en 1964:

El perverso Scarpia es quien le da el toque enológico a la obra. Es un amante del vino y, en particular, del vino español. Puccini también lo era. Por eso, en la conocida escena que acabamos de mencionar, en la habitación de Scarpia en su Palacio (el Palazzo Farnese, que puede aún hoy visitarse en Roma), cuando recibe a Tosca para someterle a chantaje a cambio de salvar a Mario, le ofrece un trago de vin di Spagna….un sorso per rincorarvi (un sorbo para daros ánimo). Lo gracioso de la escena es que Tosca le pregunta “Quanto? Il prezzo!” (¿cuánto? ¡El precio!) y Puccini, de forma sugestiva, nos deja en el aire la duda de si está pidiendo por el precio de la extorsión… o por el precio de la excelente botella de vino español, seguramente un jerez o un málaga, muy apreciados ya en aquel lejano 1800.

  • DON GIOVANNI (1787) de W.A. Mozart

The opera of all operas (la Ópera de las Óperas) para muchos. “La mejor obra de arte jamás realizada” según el filósofo danés Søren Kierkegaard. Don Giovanni es “la auténtica grandeza imperecedera de Mozart. En comparación con esta ópera todo lo demás es accidental y fortuito”. Nada es comparable a Don Giovanni.

No existe otra ópera que haya sido objeto de tantos artículos, libros, análisis y controversias como D. Giovanni; hay mucho detrás de este, como le tituló Mozart, drama giocoso, que recrea de forma genial, en el terreno operístico, el mito de Don Juan. Parece que hay datos históricos para asegurar que el famoso seductor Giacomo Casanova (amigo de Mozart y de su libretista) colaboró en la elaboración del libreto.

La obra es rica en detalles y en momentos musicales. Muestra de ello es que el día de su estreno en Viena, el Emperador José II le dijo a Mozart que era una obra divina, casi más bella que el Figaro, “pero un manjar muy duro para los dientes de sus vieneses”, a lo que el genial compositor le contestó: “Bien, démosles tiempo para que lo mastiquen”. Eso es lo que se requiere para comprender esta obra, como muchas otras óperas: tiempo, repetición y aprendizaje, como el que hacemos en este blog.

En Don Giovanni todo gira en torno al protagonista. Con excepción del Comendador, que es la voz de la conciencia, todos los personajes tienen una relación erótica con el seductor.

De los muchos fragmentos que podríamos escoger, nuestra cata se centra en un aria que está enteramente dedicada al vino (“Finch’han dal vino, calda la testa”, mientras tengan la cabeza caliente por el vino) conocida también como “el aria del champagne”. Es una aria cantada por Don Giovanni, de las más breves de Mozart, ya que dura apenas dos minutos, pero devastadora, que avanza a toda velocidad (presto). Es un impulso endiablo, rapidísimo, que muestra el continuo deseo erótico que mueve al protagonista y es, en definitiva, una imagen sonora de su vertiginosa manera de vivir. Lo oímos aquí interpretado por nuestro gran barítono Carlos Álvarez:

En la obra hay otro gran momento dedicado al vino y es la celebérrima cena final; en esta escena, Don Giovanni invita a cenar a la estatua del Comendador y le pide a su sirviente Leporello que sirva el vino y al catarlo exclama “Eccelente marzimino”. El marzimino o marzemino es una variedad de uva nativa italiana, nacida en el siglo XV en Italia en las zonas de Brescia y Padua y es particularmente cultivada en Trentino en las áreas de Isera y Volano.

El Marzemino era famoso en la época de Mozart, aunque la nobleza tenía predilección por el Tokay, que se consideraba un costoso y espléndido regalo, hasta el punto que Luis XIV lo bautizó como “vinum regum, rex vinorum”, es decir, “vino de reyes y rey de los vinos”. Nuestro querido Wolfgang Amadeus más que Marzemino o Tokay era un amante del ponche (punch), al igual que su amigo Giacomo Casanova, que gustaba mezclarlo en sus cenas “íntimas” con un poco de buen champagne.

  • CARMEN (1875) de Georges Bizet

La ópera Carmen gusta mucho al público, por su exotismo español (contrabandistas, cigarreras, gitanos, toreros,… aunque Bizet ¡nunca visitó España!) y por la figura de su protagonista, una feminista avanzada, que ama la libertad por encima de todo.

Algunos han querido ridiculizar su argumento simplificándolo a: “Un hombre conoce a una mujer, a la que encuentra muy guapa. Este es el primer acto. Él la ama, ella también, segundo acto. Ella ya no le ama, tercer acto. Él la mata y cuarto acto final.” Pero detrás de Carmen hay mucho más. Para el filósofo Nietzsche, gran wagneriano en un inicio, Carmen es la ópera más bella jamás compuesta y decía que su música le parecía perfecta…”su música se acerca ligera, suave, de forma amable; es agradable y no hace sudar. ¡Escuchándola, nosotros mismos nos transformamos en una obra maestra!”.

Efectivamente, Carmen es una obra maestra musicalmente, cada compás es interesante pero también desde el punto de vista teatral, con uno de los mejores libretos de la historia. Destacaremos una perla tanto musical como en palabra: El cabo Don José es indiferente a la gitana cigarrera Carmen, lo cual la irrita y le lanza una flor; de repente, se oye un tumulto de la fábrica de tabacos. Carmen ha herido a una compañera y D. José tiene que arrestarla. Entonces Carmen canta la conocida aria “Près de remparts de Séville” (Cerca de las murallas de Sevilla) en la que seduce a Don José para que la libere.

Carmen canta esta aria con las manos atadas. Don José la hace callar, pero ella dice que canta para ella misma y que piensa en voz alta. Le habla a Don José de sus anteriores amantes y de que su corazón se consuela rápidamente (Mon pauvre coeur très consolable), lo que canta con una pizca de humor. El deseo de Don José aumenta, pero al mismo tiempo le sigue la ducha fría, ya que ella puede contar los hombres en cada dedo de su mano (J’ai des galants à la douzaine). Quien quiere amarla, ella lo hace. Pronto llama a Don José su nuevo amante (mon nouvel amant). La vuelta al texto inicial «Pres des remparts de Seville» suena ahora segura de la victoria y Don José se derrite.

Oigamos la versión de la mezzosoprano Marina Domashenko (¡qué no lleva las manos atadas!), con subtítulos en castellano, aunque en la red podéis encontrar las míticas interpretaciones de Agnes Baltsa/José Carreras o la de nuestra pareja Teresa Berganza/Plácido Domingo.

Como habréis podido escuchar, nuestro nexo con el mundo vinícola viene de la manzanilla, que Carmen menciona en varias ocasiones como la bebida que toma en la taberna, mientras baila seguidilla. La manzanilla, como sabemos, es un vino generoso y seco elaborado con uva palomino; desde 1825 (50 años antes del estreno de Carmen) existen registros de la utilización de este nombre para designar a un vino de Sanlúcar de Barrameda. Son muchas las suposiciones sobre el origen de su nombre: su aroma a manzana, su similitud con la planta aromática manzanilla o camomila tan abundante en el Guadalquivir, la existencia de una vid denominada manzanilla, hoy desaparecida… en cualquier caso Carmen sabía muy bien cómo y con qué seducir a su Don José.

Por supuesto que la ópera contiene también otro momento vinatero conocido por todos: el tarareadísimo brindis del toreador (“Votre toast, je peux vous le render, Señors”, vuestro brindis puedo responder señores), que rápidamente se convirtió en uno de los números más populares de la ópera y en el que Bizet emula los sonidos del pasodoble cuando el torero Escamillo describe toda la pompa y el drama de la corrida de toros, con una copa de caldo sanluqueño en la mano. Santé! Toréador, en garde!

  • L’ELISIR D’AMORE (1832) de Gaetano Donizetti

Se suele decir que el verdadero amante de la ópera lo es del bel canto. Y L’Elisir es puro bel canto, puro Donizetti. El bel canto es un estilo de canto operístico que se caracteriza por resaltar la belleza (sonora) y el virtuosismo (como trinos y sobreagudos) y tuvo su era de oro con los compositores Rossini, Bellini y Donizetti, en las primeras décadas del siglo XIX.  Luego resurgió gracias a la extraordinaria Maria Callas que recuperó muchos títulos belcantistas para su propio lucimiento.

Ya antes que Callas, el tenor Enrico Caruso hizo suyo el L’Elisir como un título de poco esfuerzo y de éxito seguro (con la agraciada aria “Una furtiva lacrima” que él tanto biseaba); terminó considerando esta ópera como su amuleto, ya que este papel lo convirtió en leyenda. Es curioso que el tenor napolitano fracasara estrepitosamente con este rol en su ciudad natal: en 1901 se presentó el L’Elisir en el Teatro San Carlo de Nápoles, donde Caruso recibió diversas críticas y burlas; por este motivo, el gran divo decidió no volver a presentarse en su ciudad natal y así lo cumplió durante toda su vida. ¡Nadie es profeta en su tierra!

L’Elisir es una ópera fácil, con un tono simpático y un argumento bucólico; muy recomendable para llevar a niños a su primera ópera.

Esta ópera del maestro Donizzeti está llena de referencias al vino, que han servido de pretexto para escribir sobre enología y ópera en diferentes medios. Sin irnos muy lejos, con motivo de su última representación en el Liceu (2018), Josep Roca (El Celler de Can Roca) escribió un artículo sobre ópera y vinos en el que relaciona los dos mundos y donde señala, como proponemos a través de este blog, que “de vinos se aprende catando, pero también hablando, como imagino también en el mundo de la ópera”. Hay que escuchar ópera, sí, pero también hablar de ella, leyendo y acudiendo a charlas o conferencias.

El elixir de amor es en realidad una botella de vino, un Bordeaux barato, que un charlatán (Dulcamara) vende a un crédulo aldeano (Nemorino). El elixir realmente “funciona” porque “abre los corazones”. Es divertido ver en el segundo acto el dúo de Nemorino “enamorado” tras ingerir el elixir de amor; sin embargo, quiero destacar aquí la cavatina inicial de Nemorino (“Quanto è bella, quanto è cara, qué hermosa, qué adorable), un excelente ejemplo de bel canto, mucho menos conocida que la machacada “furtiva lacrima”. En dicha pieza, el bobo, pero bondadoso Nemorino, representado aquí magníficamente por Luciano Pavarotti, viendo a su amada que está absorta leyendo, se lamenta de su ignorancia con severa autocrítica “Io son sempre un idiota, io non so que sospirar” (soy siempre un idiota, no sé nada más que suspirar):

Hasta aquí nuestra cata. Hay muchos más momentos musicales por catar (sólo relacionados con vino he podido contabilizar más de 60 escenas operísticas). Catar ópera es como catar vino. Hay que tener ciertos conocimientos básicos pero lo que realmente valen son las emociones, lo que realmente cuenta es algo muy sencillo: ¿me gusta o no?, ¿me hace vibrar?, ¿me transmite algo? Detrás de toda ópera, detrás de toda pieza operística, hay mucho esfuerzo, trabajo, sacrificio e ilusión, desde el compositor hasta el intérprete, igual que detrás de cada vino, desde el vinicultor hasta el sommelier. Ya sólo eso merece un reconocimiento y un aplauso a todos los profesionales que se dedican a estas dos artes, tan fundamentales ambos para la humanidad y que aquí hoy hemos querido unir.

La ópera es un arte sorprendente y fascinador; aprendamos a amarlo, a conocerlo y a saborearlo como un buen vino. A ello me han ayudado mucho excelentes catadores de ópera, como Roger Alier o Carlos Calderón, verdaderos Masters of Opera (MO), a los que estaré eternamente agradecido, ya que han sabido hacerme descubrir mucho de los aromas que he pretendido trasladar aquí en este blog hoy.

Joaquim Uriach
Joaquim Uriach Torelló es abogado y miembro de la Mesa Directiva de la Academia Catalana de Gastronomía y Nutrición. Es también miembro de la Junta Directiva del “Círculo del Liceo” y de la Junta Directiva del Orfeó Català.

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