Côtes du Roussillon 2017 por Hervé Bizeul

Descubre todos los vinos del 2017 de Le Clos Des Fées en Côtes du Roussillon

Querido amigo de Clos des Fées:

Llega el momento de echar la vista atrás, de hacer este ejercicio tan difícil que es juzgar, con perspectiva y honestidad, el trabajo de un año para contarle nuestra experiencia y, –espero de verdad– despertar en usted las ganas de tener unas botellas en su bodega particular. Digámoslo sin más: ¡se lo merece!

Sin embargo, al principio no me lo creí del todo. Fue una añada complicada que nos obligó a adaptarnos de manera constante, a ser versátiles, a actuar de modo ágil a la vez que reflexivo. Recuerdo ahora una conversación, a principio de septiembre, con un amigo viticultor en la que estuvimos por completo de acuerdo en la que comentamos sobre el hecho de que esta sería una añada…mediana: sin vicios ni virtudes. Me he hecho la firme promesa de que nunca jamás volveré a hacer una reflexión tan idiota en medio de una añada. Si uno no aprende esta lección de la vida, la aprenderá con el vino: nunca sabemos nada … ni el porqué, ni el cómo. ¿Se lo cuento? ¡Este ha sido el año de las dos vendimias!

Para empezar, este año nos fastidió las vacaciones a todos. Comenzó el día 8…de agosto. Un mes de adelanto. ¿En serio se empezaron las vendimias el 8 de agosto? Y ¿cuándo terminó? El 8 de octubre; como acostumbra a suceder. ¡No! Bueno. En realidad, sí…

Esta primera vendimia se la debemos al compromiso de todos nuestros empleados. Muchos no se fueron; otros, esperaron para hacerlo. Era absolutamente imprescindible vendimiar ya las cepas jóvenes: las de grenache blanc de Sorcières, y también, un poco, de las jóvenes cepas de muscat que estaban sufriendo. La intención era crear una “reserva de frescura” para el futuro, en especial a partir de una gran parcela de syrah cuyo equilibrio y garra son esenciales en el ensamblaje de Sorcières. Y, por supuesto, el pinot noir, que ya estaba maduro el 10 agosto (y debo admitir que ahora entiendo mejor el dilema en que se encuentran los “delicados vinos de pinot” de Grand Cru en Bourgogne, con rendimientos de 30 hl/ha.) Cuando de 1,8 hectáreas apenas sacas 25 hl, y las bayas son tan minúsculas que tienes la impresión de estar recolectando grosellas, uno entiende por qué en años precoces maduran tan rápidamente…

Si vendimiar fueron todo problemas, vinificar no lo fue menos. Saber qué iba a pasar era imposible, y a mí me podía la angustia. Honestamente: ya no podíamos manejar más cantidad de racimos en pleno agosto, por falta de manos. Por suerte, las viñas más tardías de Vingrau maduraban a su ritmo habitual, dándonos tiempo de correr a hacer una segunda vendimia en fechas casi “normales” (bueno: a finales de agosto, de todos modos…).

¿Cómo explicar estas dos vendimias? Diría que todo se debe, sin lugar a dudas, a la hibernal helada que asoló ciertas regiones, aunque afortunadamente no las nuestras. En los terruños precoces, donde las cepas ya habían brotado, la helada pareció decirles a las plantas: “aquí viene un peligro, ¡acelera!” Y los tardíos, que no habían brotado aún, por el contrario, entendieron: “¡oh! No tan deprisa, aquí viene un peligro. ¡Reduce!” Bueno: eso, si aceptamos que la planta tiene alguna consciencia. Si no, la temperatura del suelo en estos episodios de frío, podría explicarlo mejor. Pero yo no tengo las competencias técnicas para ello.

Entonces, al principio de la segunda vendimia recogimos los primeros syrah y grenache; y yo estaba, ¿cómo decirlo?… Malhumorado. Serían vinos corrientes: no iba yo a estar precisamente eufórico. Ya casi había arrojado la toalla, y entonces …

Entonces todo empezó, extrañamente, a ralentizarse. De entrada, encubamos un syrah hermoso y muy sorprendente. Y luego otro. Y nos lo empezamos a cuestionar todo. La bodega empezó a impregnarse de agradables fragancias. Y los colores, a revelarse. Y los taninos, a asomar la punta de su nariz, y no eran unos taninos cualesquiera, sino ¡unos taninos majestuosos!

Después, la carignan. Y nos dimos cuenta de que algo estaba pasando realmente. Algo grande. La fruta, la acidez, la profundidad, los excepcionales colores… Era todavía pronto para decir qué teníamos, pero desde luego no era esa medianía cuya posibilidad me había tenido desmoralizado.

Faltaba el mourvèdre, que se mantuvo en la planta hasta ser vendimiada casi dos meses más tarde que las primeras variedades blancas. “Hete aquí” –pensamos– “a un jugador de póker que mira su mano y ve que tiene unas cartas perfectas, justo las que necesitaba para ganar”: unas cartas como las que nos permitieron hacer el “dúo mágico” de 2005/2007. Al cabo de 3 meses, mientras degustaba los vinos durante su crianza, quise gritar con todas mis fuerzas: “¡Bingo!”

Menos la grenache. ¡Oh, la grenache! Al descubarla, me sentí francamente pesimista. Poco color, sin profundidad, y taninos sin estructura alguna. Y en mi cara, una mueca. Pero, al fin y al cabo, lo peor no es más que una posibilidad: en febrero, llegado el momento del ensamblaje del Vieilles Vignes y del Clos des Fées, creí que no estaban todas las muestras sobre la mesa. Yo me esperaba una grenache decepcionante, pero lo que tenía frente a mí eran tan diferente a esa idea que no podía aceptar que fuera lo mismo.

Mi grenache ¡había cambiado totalmente hasta el punto de ser irreconocible! ¿Recuerda el film Sabrina, de Billy Wilder? ¿Cuando Audrey Hepburn regresa de París, transformada en una hermosa y sofisticada señorita, y William Holden no la reconoce?… Listo. ¡Eso es!

Y los vinos ¿cómo están? Maravillosos, amigo, maravillosos. Al probarlos, incluso de la barrica, me cuesta mucho no hacer mi pequeño baile, mi famoso “baile de oso feliz”. Estoy realmente feliz, lo cual no es habitual en mí, ¡palabra del oso Balloo! … Algunas uvas, algunos grandes vinos, ¡qué poco se necesita para ser feliz!

En los vinos de este año hay pulsión, sudor, ritmo, sustancia, alegría. Se mezcla el buen jazz clásico de Julie London con una canción de Michel Legrand… ¿cómo decirlo? … ¿Sabe a qué me refiero?  De igual modo, los vinos me hablan, me cuentan su alegría de ser la expresión de un terroir, de una añada, de un trabajo duro, de la permanente proximidad del riesgo, del compromiso de todo un equipo.

¡Ah! Quisiera también decirle que si considera los vinos de Clos des Fées de la añada 2017 son de antología, lo ha comprendido todo. Se basan un poco menos en el syrah que de costumbre, y más en un ensamblaje de mourvèdre/carignan/syrah. Un poco más morenos que rubios, un poco más misteriosos, y no dejarán a nadie indiferente.

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