Côtes du Roussillon 2018 por Hervé Bizeul

“All’s Well That Ends Well” – “Bien está lo que bien acaba”, William Shakespeare

Sin ninguna duda, 2018 es la añada del siglo.

No, estoy bromeando… En fin, sobre todo porque no os escribo desde Bordeaux, vignoble que adoro, donde la ofensiva mediática (victoriosa…) llega a su fin, mostrando al mundo entero que 2018 es la –nueva– añada del siglo. Después de 2000, 2005, 2009, 2010, 2015 y 2016. Siete en menos de 20 años, como lo señala riéndose el divertido Stéphan Von Neipperg, mi amigo, propietario de Canon la Gaffelière.

Antes de contaros la añada, salvada por eBay –como descubriréis si leéis hasta el final– tengo que deciros que ha sido complicada. Para resumirlo os podría decir que ha llovido más en diciembre que en junio. Además cada tres o cuatro días entre marzo y junio. Una primavera horrible, un largo túnel de lluvia, regular, el modelo climático ideal para la proliferación del mildiu.

El mildiu, para que lo entendáis, es un ninja. Sí, eso es, un ninja. Es invisible, tortuoso y mortal. Y cuando lo detectas, es demasiado tarde, ya estás muerto. Un truco pérfido, inglés, de donde proviene su nombre mildew. Una enfermedad sucia, criptogámica, muy conocida, pero que la ciencia continúa descubriendo cada año. Es un subgénero de Fungi, un Chromista, uno de esos nombres que suena como a enfermedad venérea. Atacó el viñedo hacia el 1880, después de destruir las plantaciones de patatas de toda Europa. Venía de América, como todas las porquerías (y no hablo del McDonald’s…) y destruyó los viñedos en el siglo XIX. Allí los viñedos estaban habituados, los nuestros no.

En invierno, los huevos (oosporas), se esconden en las hojas muertas y las maderas durmientes. En primavera, cuando empieza a hacer calor, se transforman en esporangios, que desde que hay un poco de humedad, liberan las zoosporas. Es como si fuera un alien, lo sé, es un poco asqueroso. ¡Imaginaros si fuera grande en lugar de pequeño! ¡Y si tuviera patas! Lluvias, salpicaduras, calor, 4 a 20 días de incubación y ya lo tenemos: la esporulación que forma como pequeñas manchas de aceite sobre las hojas. Después una infección secundaria, el ciclo vuelve a empezar, la enfermedad explosiona destruyendo las hojas. Sin hojas no hay fotosíntesis. De todas formas, si no se para, desciende hasta las uvas jóvenes, aún verdes impidiendo que maduren. Al final, antes de vendimiar, el viñedo puede parecer haber pasado bajo un lanzallamas.

La dificultad está en que la fase de incubación es casi invisible, sobre todo en Roussillon. Parece extraño, ya que la tramontana caza los rocíos matinales y el sol brilla, algunos habían llegado a pensar que el mildiu aquí no existía. Grave error.

El modelo climático era propicio, pero igualmente no nos fiábamos, ya que Serge, nuestro director técnico, al que debemos tanto, viene del norte de la Valle del Rhône, y tiene experiencia con esto y una gran intuición.

Después, al final del invierno, un poco por azar, un amigo periodista me aconsejó comprar por eBay una antigualla, un libro de Joseph Capus escrito en 1930, Como combatir el mildiu en el viñedo. Lo compré, lo leí, lo entendí y esto nos salvó. Os lo voy a resumir porque tengo que guardar un poco de espacio para hablaros de los vinos, pero principalmente, Capus aconsejaba tratar el viñedo muy pronto, con dosis muy pequeñas de cobre sobre todo en los suelos, antes que el viñedo brote, y si llueve constantemente en invierno. Lo hicimos y logramos salir airosos.

Y bien, en las vendimias, no habíamos perdido nada. En otros sitios, algunos no tenían nada que vendimiar. Triste. Pero si la justicia existiera, ¡ya estaríamos clasificados como Grand Cru Classé!

¿Las vendimias? Fáciles. Es por eso que he escogido esta frase de Shakespeare: “Bien está lo que bien acaba”. Además, la pieza explica, como sabéis –no tengo ninguna duda– la tumultuosa boda del hijo del Conde de Roussillon…

¿Por qué os escribo tan contento? Porque, aunque no vaya a utilizar el gran recurso de la añada del siglo, tenéis que saber que 2018 es una Fuck…. Good Vintage, como diría el otro. Eh, ¿pero por qué pone palabras en inglés en todos lados este año Hervé? Va, os lo digo: Clos des Fées será el primer vino fuera de Bordeaux distribuido por Petrus (Duclot) en Estados Unidos. ¡Y esto, nos ha hecho mucha ilusión! ¡Venga va, el que no salte no es Clos des Fées!

La gama 2018 roza la perfección (reservada a Dios, todos los sabemos), los vinos fruta ya están embotellados y dan la talla. El Vieilles Vignes es muy aromático, con un equilibrio asombroso. El Clos des Fées es simplemente impresionante, y 2018 solo tendrá un problema en su vida, como el hermano pequeño: llegar después de 2017, una maravilla que, en la vigilia de su embotellado, cumple todas sus promesas. A La Petite Sibérie no le puedo decir nada. Hace lo que quiere, cambia, gira, a su ritmo: hace 18 años que nos conocemos, y sé con certeza, que dará la talla, como siempre, con honor.

Ah!, una última cosa, lo que se tendrá que recordar de esta añada es que, a pesar de su riqueza e intensidad, los vinos están marcados por unos espectaculares pH, más bien bajos, que finalmente han dado mucha tensión, frescura y haciéndolos fáciles de beber.

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