Cuestión de percepción

Por Christián Carles-Tolrà

Hace unos días tuve la fortuna de poder participar en una divertidísima cata extraordinariamente bien organizada por Vila Viniteca.
Era una cata a ciegas donde cada mesa del restaurante tenía que adivinar de qué vino se trataba, después de que tres sumilleres, a veces cuatro, de Vila Viniteca, intentaran convencernos con todo lujo de detalles de que el vino catado era el que defendía cada uno. Pero solo uno era el acertado.
Las mesas estaban colmadas de gente, si no experta, supuestamente grandes conocedores del mundo del vino y muy aficionados a la enología. La sorpresa avanzaba a medida que degustábamos los vinos porque casi nadie acertaba el vino a escoger entre tres propuestas.
He de reconocer que yo no acerté ninguno, quizás porque me fijaba más en el engaño de la explicación que en el propio vino. A saber. En cualquier caso, la velada fue entretenidísima, la compañía fue magnífica y los vinos estaban buenísimos.
Un comentario habitual durante toda la velada fue la enorme dificultad de adivinar los vinos catándolos a ciegas, lo muy experto y entrenado que había que ser y que aun así era algo casi exclusivo de narices y paladares especialmente dotados.

¿Acaso no es todo cuestión de percepción? ¿Nuestra percepción de las cosas es constante?
Tenemos una tendencia a pensar que nuestra capacidad de percibir la realidad es constante, o mejor dicho, que aunque se pueda modificar con entrenamiento, la estructura que percibe tiene –como estructura que es– estabilidad. Pero ¿es eso cierto?
Por un lado, el concepto de estructura es interesante ya que nos habla de una forma o aparato perceptivo de la realidad. Al decir forma-estructura me refiero a cómo está hecho nuestro cuerpo, nuestro cerebro, nuestros nervios, todos los órganos del cuerpo y su manera de interrelacionarse. A cada persona le funciona distinto. Uno siente más, otro tiene un pensamiento más abstracto, otro más concreto, otro más memoria, otro más voluntad, otro ve muchas posibilidades, otro tiene más foco, etc. Una de las cosas más interesantes de observar en la estructura humana es que, aunque aparentemente somos similares, mismas cantidades y tipos de órganos, la estructura de cada individuo es diferente, no hay una estructura igual a otra. Las combinaciones son infinitas, por eso, lector: nunca hubo, no hay y no habrá nadie como tú.
Las distintas características morfológicas, como estructuras perceptivas y creadoras de la realidad individual lo hacen de manera única y particular. La forma de crear la realidad que vivimos viene determinada por el funcionamiento de nuestra morfología y por eso cuando varía nuestra forma, percibimos la información de manera distinta y generamos una realidad diferente. Cada uno vive una realidad distinta del mismo hecho.
No se trata de lo que ocurre sino de cómo percibimos lo que ocurre, ya que esa es nuestra realidad, es cómo la construimos.
Tenemos una tendencia a buscar la objetividad como fin para establecer reglas que nos ayuden a ponernos de acuerdo para convivir. A lo máximo que solemos llegar es a ponernos de acuerdo con los que tienen estructuras que perciben la realidad de una forma parecida a nosotros.
Por eso me parece interesante el concepto de estructura personal totalmente diferenciada de los demás, que percibe la realidad de una forma singular. Eso es lo que nos convierte en una singularidad.
Vamos a complicarlo un poco más, ya que como hemos dicho antes, la estructura va variando ligeramente en el tiempo, pero nuestra percepción puede cambiar mucho y muy rápidamente. ¿Qué hace que nuestra percepción pueda ser tan cambiante?
Los lectores que hayáis tenido pareja habréis observado que a veces todo lo que hace vuestra pareja es estupendo y es monísim@ y a veces todo lo que hace es desastroso, y me refiero a las mismas cosas. Las cosas eran las mismas pero la percepción era totalmente diferente, incluso opuesta. Misma estructura, mismas cosas percibidas de forma distinta.
¿Qué filtro estaremos poniendo sin darnos cuenta para que esto ocurra?

Nuestras emociones nos hablan del estado mental en el que estamos en cada momento y ese estado mental es el que crea la realidad que vivimos desde la estructura que tenemos. Recibimos una información siempre filtrada por nuestro estado mental-emoción y construimos una percepción con la estructura particular que somos. Por eso la misma experiencia la podemos vivir de una forma completamente distinta, ya que construimos nuestra percepción de ella según nuestro estado mental-emoción.
Con todo esto quiero apuntar a que el rango de percepción de una estructura-persona depende más de su estado mental-emoción que de otra cosa, y que la forma de construir la percepción está extraordinariamente limitada por la estructura.

Esta barroca explicación de la forma de percibir nos puede señalar el porqué de la enorme dificultad de acertar un vino en una cata a ciegas. Los extraordinarios y abundantes matices que tienen los vinos no son perceptibles por todas las estructuras, y aquellos que podemos percibirlos los variamos según nuestro estado mental. Eso no quiere decir que la educación y el entrenamiento no vayan a aumentar el rango de matices a percibir, pero considero fundamental entender que la percepción tiene más que ver con nuestro estado mental-emoción que con otra cosa.  

El otro día en la cata, Vila Viniteca nos invitó a todos a estar en un estado mental emocional de grandísima calidad. Los que tuvimos la suerte de poder asistir a ese acto pudimos pasar una noche extraordinaria con nuevos y buenos amigos, degustando unos vinos buenísimos y no acertando casi ninguno. Cuestión de percepción.

Christián Carles-Tolrà
Creador y director de la escuela de psicología transpersonal El Centro durante 18 años. Galerista y conferenciante con más de 2.500 conferencias impartidas. Profesor del máster en desarrollo personal y liderazgo creado por Borja Vilaseca. Actualmente socio y cocreador de Reset Principles, empresa que se dedica al tratamiento del factor humano tanto a nivel particular como empresarial a través de invitar a ver la realidad desde un punto de vista diferente.

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Este artículo tiene 1 comentarios

  1. Bernard Reply

    Admirable claridad de lenguaje para describir algo tan complejo como es la percepción.
    La comprensión de ésta visión resulta muy relajante y desacompleja a cualquiera facilitando una lectura amable de lo que podría ser una incompetencia, al proponer que la incompetencia puede ser un hecho, pero no la única explicación en muchas ocasiones donde la palabra ” fracaso ” asoma con demasiada rapidez.
    Al margen del análisis objetivo de, por ejemplo, un vino, cohabitan otras percepciones menos edificantes en un entorno profesional; pero no por eso menos reales a nivel íntimo.

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