D.O. Montsant, ¿estilo consolidado?

Por Joan Asens

Este año se han cumplido los 25 años de la salida al mercado de los míticos vinos del Priorat llamados Clos. Sin dudarlo, Alvaro Palacios, René Barbier, Josep Lluís Pérez y Daphne Glorian revolucionaron el Priorat con su trabajo. Esta revolución pronto salpicó a muchas zonas vitícolas y, entre ellas, a las viñas más cercanas que comparten comarca política, aunque no D.O. Así, en 1989, estas viñas vecinas, formaban parte de la D.O. Tarragona, subzona de Falset. Sus uvas alimentaban 23 bodegas, mayoritariamente cooperativas, que se contagiaron de la ilusión renovada reflejada por el Priorat, uniendo así esfuerzos para la elaboración de un nuevo reglamento. Tras varios borradores y diversos años de trabajo, en 2001 el Ministerio de Agricultura aprobaba la D.O. Montsant.

En un principio la imagen que lanzó Montsant fue la de una D.O. joven, dinámica, con vinos amables, directos y fáciles de beber, pero con un poso de historia, más de 900 años cultivando viñas en esta zona, que le permitía también elaborar vinos más expresivos y concentrados. Pronto, esta nueva D.O. consiguió buenas cuotas de popularidad y la crítica especializada la ensalzó por sus vinos. De las 700.000 botellas vendidas los primeros años se ha pasado a los 6 millones y el número de bodegas ha crecido hasta las 60. Durante estos años, el Consejo Regulador ha realizado un estudio climático que ha culminado en una primera zonificación con 6 áreas distintas, así como en el impulso de la garnacha y la cariñena como variedades tradicionales, dotándolas de un sello distintivo 100% monovarietal para los vinos que superan una analítica y una ficha de cata muy rigurosa.

Vinyes al barranc de la Vall,  DO Montsant Capanes, Priorat, Tarragona

Actualmente, la superficie de viña es de 1.890 Ha, cultivadas por 772 viticultores que producen entre 7 y 9 millones de kilos anuales. Esta producción no se comercializa todavía en su totalidad por las bodegas del Montsant. Fruto del buen trabajo hecho durante estos años, han aparecido empresas comercializadoras que, sin infraestructuras presentes en la D.O., compran el vino embotellado y con su marca propia salen al mercado, ilusionados hablan de las bondades de su vino y del Montsant. Estas nuevas tipologías de empresas vendedoras de vinos, en parte, están mal vistas por algunas bodegas del Montsant que piensan que se aprovechan del trabajo realizado por ellos y, sin arriesgar nada, se llevan los beneficios fuera aportando poco a nuestra D.O. También existe otra visión. Si lo miramos desde otro ángulo, estas comercializadoras, con su trabajo, ayudan a potenciar y engrandecer el nombre de la D.O. En parte, esta nueva situación se debe a que el consumidor, tras 13 cosechas en el mercado de nuestros vinos, está dispuesto a descubrir nuevas etiquetas, está interesado en beber nuestros parajes y se deja llevar por el estilo Montsant. Ahí reside el éxito, en tener estilo propio.

Pienso que ahora el éxito pasará por mantener cada vez más el estilo y consolidarlo. ¿Cómo hacerlo? Sólo tenemos que recordar qué es una D.O, algo tan obvio como una zona geográfica que por sus singularidades climáticas, suelos, variedades, elaboración, dan como resultado unos vinos con una calidad prácticamente única. Harían bien los consejos reguladores en reforzar, potenciar y mimar todas las prácticas que ayuden a la obtención de este tipo de vino.

Si miramos atrás, en Montsant los primeros vinos se elaboraron seguramente en una villa romana establecida en el pueblo de Marçà, allí se han encontrado ánforas de vino que seguramente se consumía en Tarraco o Roma. Pero esta tradición vitícola se perdió y no es hasta finales del 1.100 que la viña y la elaboración del vino se vuelve a arraigar con fuerza en nuestras tierras. Son los monjes Cartujanos, que se establecen en Scala Dei para administrar estas tierras, los que promueven el cultivo de la viña. El máximo esplendor llega en el siglo XIX, antes de la filoxera, con garnachas y cariñenas elaboradas en trulls de cemento, barricas de diferentes tamaños, donde los bocoys de madera de pino y/o roble de 600 litros eran muy comunes e, incluso, tinas de madera de mayores volúmenes. Esos vinos son los que dan el nombre al Priorat, los que colocan en el inconsciente colectivo vitícola nuestra comarca, ahora explicada en dos D.O.’s.

Pallell Segat_Montsant_JoanAsens

Un buen vino es aquel que al beberlo nos permite reconocer con facilidad la zona de elaboración, así un buen Montsant será aquel que nos permita descubrir su estilo propio. Para eso revisar el pasado nos ayudará, será bueno utilizar variedades tradicionales, con marcos de plantación estrechos, fertilidades bajas, no irrigación, elaboraciones en pequeños volúmenes y crianzas en maderas usadas. Con esto no quiero decir que la barrica nueva sea mala, sólo que no es tradicional en Montsant. Tampoco que el cabernet sauvignon o el merlot, entre otras, hagan vinos defectuosos, sólo que nos cambian el estilo propio, nos globalizan y despistan al consumidor.

Hay que volver al principio, con un 33% de garnacha y un 29% de cariñena plantada, muchos viticultores ya están reinjertando las variedades foráneas. La llegada de nuevas comercializadoras o bodegas será constante y Montsant será mejor si todos entendemos el estilo. No es necesario ser el más innovador y plantar otra nueva variedad para “deslumbrar” con un nuevo gusto y ser el primero. Los nuevos viticultores y bodegueros nunca podrán ser los primeros, en estricto orden de llegada, pero con respeto podrán obtener cuotas de popularidad y calidad.

¿Nos imaginamos comprar una viña en Borgoña y sustituir el pinor noir porque da poco color? Para mí es incompresible. Así que seamos fieles al estilo, trabajemos las viñas y elaboremos los vinos lo mejor posible, sin prejuicios a la hora de aprovechar los avances tecnológicos de nuestros días, para ganarnos el respeto, la confianza y la fidelidad de los consumidores y, así, del estilo propio pasaremos al estilo consolidado.

Joan Asens
Ingeniero técnico agrícola en Industrias Agroalimentarias por la Universitat Politècnica de Catalunya, Joan Asens lleva desde su infancia aprendiendo sobre cultivos agrarios  y desde los 5 años elaborando vino en el Priorat. Durante los años 1982, 1983 y 1984 recibió el premio Cirit por fomentar el espíritu científico entre la juventud gracias a un trabajo relacionado con la adición de anhídrido sulfuroso durante la fermentación de los vinos. En el 85 recibe el diploma de honor por ser la primera promoción de enólogos de Catalunya como Técnico especialista en Viticultura y Enología de la escuela de Viticultura y Enología Jaume Ciurana de Falset. Durante casi 10 años, de 1989 a 1998, ejerció como director del Centre Enològic de Falset y, de 1992 a 2009, fue director técnico de Alvaro Palacios. En 2008 cofundó el Celler Orto Vins y desde 2009 hasta la actualidad ha sido asesor de varias bodegas: Celler Portal del Montsant, Celler Portal del Priorat y Celler Alfredo Arribas.

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