De la coplantación 

Por Mathieu Deiss

El papel histórico de la coplantación o plantación conjunta es relativamente desconocido para el público. De hecho, tenemos que entender que la coplantación se remonta a la época en que los viticultores eran todavía campesinos, no “viticultores”. La primera diferencia notable es relativa a la autosuficiencia: antes de que los recientes progresos de la agricultura tuvieran lugar en el siglo pasado, debemos comprender que el material vegetal vitícola, para describirlo en términos modernos, había sido seleccionado con poco detalle técnico. Las variedades (cepas) eran muy variadas y se constataron variaciones considerables en cuanto a la sensibilidad del corrimiento

Europa no conocía en ese momento las enfermedades “modernas” (mildiu y el oídio principalmente, importados de Estados Unidos con los primeros porta injertos). ¡La cuestión de las pérdidas de corrimiento fue LA pregunta central! Y la respuesta lógica, campesina, conocida desde hace siglos, era plantar diferentes variedades “mezcladas” en el campo: las pérdidas de unas eran entonces compensadas por la producción de otras. ¡Al año siguiente, con diferentes condiciones de floración, se veía el equilibrio invertido!

El tiempo ha dado unas proporciones y selección características del lugar, pero nunca con la pureza “moderna” (100%) de una sola variedad, que suponía demasiado riesgo técnico para la subsistencia de los vignerons y que no ha llegado realmente a predominar.

Cabe recordar que los enólogos han sido históricamente los agricultores más pobres: trabajaban las zonas menos fértiles, las viñas se cultivaban en suelos pobres (piedra caliza, esquisto, granito, etc.) o en fuertes pendientes (caracterizadas por un suelo de margas), al no poder implantar otra viticultura.

¡Así que con el tiempo y mucho antes de la creación de los textos legales de las denominaciones modernas, se hablaba de vinos del lugar por encima de todo, sin posibilidad de nombrarlos más que por su origen a falta de variedades puras! ¡Por lo tanto, hay que entender el significado de las denominaciones, lejos de crear nombres de lugares, principalmente como resultado de una voluntad de proteger a los viticultores de usurpaciones, y en segundo término, de “protegerles” de la globalización, la mundialización, que ya actuaba en aquella época!

La desaparición de la coplantación como método cultural mayoritario se puede atribuir a dos motivos principales:

-El declive de los viñedos históricos a causa de la filoxera abrió el camino para futuras investigaciones sobre variedades más desarrolladas y, por tanto, para la replantación “dosificada”, pero no “racionalizada”. Los mejores ejemplos son las viñas más viejas, pre-filoxéricas y, por supuesto, plantadas entremezclándose, que todavía se encuentran en algunas apelaciones con presencia de arena (y donde la filoxera, por tanto, no podía contaminar las parcelas). Naturalmente, los textos modernos de las apelaciones fueron adaptados a estas situaciones históricas, constatando que permiten la producción de vinos igual de “puros” o casi que si se contase con un número importante de cepas. ¡Por este motivo Châteauneuf-Du-Pape es un ejemplo famoso!

-Por último, el segundo factor: las fábricas de pólvora, sin destino después de la Segunda Guerra Mundial, encontraron uno muy práctico durante la situación de escasez de alimentos que marcaría el final de la guerra. La producción de los primeros fertilizantes industriales, cuya fabricación se dice que es muy similar a la de la pólvora, junto con la conjugación de los primeros herbicidas, contribuyó a aumentar considerablemente el vigor de los viñedos. Puesto que la coplantación es esencial para entender que el rendimiento es la única clave que permite vendimiar la parcela con una madurez suficientemente homogénea. De hecho cuanto más vigorosas son las viñas, más diferencia constatamos entre las cepas. Por el contrario, cuanto menos vigorosas son las vides, más avanza la madurez al mismo ritmo, en la misma proporción, por las limitaciones naturales impuestas por el terruño.

Aparte, muy revelador en mi opinión, con otro tipo de viticultura y objetivo, el caso de la selección de la semilla de colza es muy interesante: los seleccionadores tratan de poner en relieve la expresión genética de cada planta, con el fin de seleccionar las características que les interesan. Para ello, le dan a la planta el máximo vigor posible: así distinguen mejor las diferencias entre las plantas. Nota: también se puede pensar que, históricamente, el exceso de vigor no ha existido jamás antes de los herbicidas y fertilizantes, las plantas siempre han estado compitiendo unas con otras, o como mínimo con la hierba circundante, que los vignerons retiraban lo mejor posible cavando las parcelas (dos veces al año, lo que estaba lejos de dar un resultado en relación a los herbicidas sintéticos actuales, como los fertilizantes).

Un último factor poco conocido a tener en cuenta en relación a la coplantación y que ha surgido a la luz en los últimos estudios es ¡la comunicación entre las plantas! Por lo tanto, es necesario entender la planta como un ser vivo: es decir que se comunica con sus semejantes, en un lenguaje propio (exudado de la raíz, la secreción de hormonas, etc.). Son muchos los estudios que aparecen sobre este tema actualmente (leer el artículo de ‘Du monde’).

Por lo tanto, estoy convencido de que la coplantación es sinónimo de  una “gran familia”, una que vive unida, se comunica unida, y finalmente tiene un comportamiento de grupo que supera el comportamiento que tendría cada una de las cepas individualmente (¡que es lo que ocurre cuando ésta se planta sola o rodeada de… Sí misma… (clones)! La idea de que un terroir en armonía con las viñas que allí crecen puede formar una familia toma entonces ¡todo su sentido!

Mathieu Deiss
Tras su amor por las matemáticas, la física y la química, Mathieu Deiss, hijo del vigneron Jean-Michel Deiss, se dio cuenta de que echaba de menos la naturaleza y el aire fresco, así que estudió ingeniería agrícola en Purpan, enología en la facultad de Toulosse y varios cursos en Estados Unidos y Australia (Grosset y Tapa Nappa). Además de trabajar en la bodega familiar (Domaine Marcel Deiss), Mathieu Deiss es responsable de Vignoble du Rêveur, una propiedad de 7 ha en las afueras del valle de Kayserrberg, certificada como Ecocert orgánica y biodinámica Demeter, para escribir un nuevo capítulo en la historia del viñedo de su abuelo materno. Mathieu, al igual que su padre, cree en la armonía entre la variedad de la uva, la vendimia y el terruño y en la habilidad del enólogo para reflejarla en la botella.  

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