El Bierzo 2019 por Ricardo P. Palacios

Cielo cambiante como de eternal primavera

El vaivén climático marca una añada definida por la temprana cosecha de unas uvas en perfecta maduración

Lluvia y humedad despidieron 2018. Nada fuera de lo normal; por supuesto, nada que hiciera prever el invierno de 2019, marcado por un tiempo meteorológico fluctuante en extremo, inusual hasta la extrañeza. No recordamos haber vivido una mayor inestabilidad desde que nos establecimos en las laderas de Corullón.

En esta observación sobresale el mes de febrero, seco en demasía y cambiante como un capricho. Durante unos días helaba y nevaba, con temperaturas que cayeron hasta los cinco grados bajo cero. Durante otros, con pocas jornadas de diferencia, se imponía un sol radiante y los termómetros ascendían hasta los 24 grados. Nos visitaron nieblas persistentes por espacio de varias semanas y luego el cielo volvía a abrirse a una bonanza que llegaba a aturdir. ¡Qué excentricidad meteorológica!

En este tiempo de tumbos sin descanso, se sucedían —a un ritmo aproximado de dos semanas— ciclos alternos de sequía y de humedad, de frío intenso y de un calor que retaba los registros normales. Durante toda la primera mitad del año nos abrazó una sensación de alocada primavera. La pura contradicción: el cambio de tiempo como condición casi permanente.

Junio acabó, como en muchas zonas de España, con un pico térmico. Con todo, en el Bierzo no nos afectaron como en el Priorat o en Rioja Oriental la sequía y las temperaturas extremas del verano de 2019. Las máximas se anotaron al final del mes de julio, con los casi 37 grados del día 22. A esas alturas del año, superado su cénit semestral, llevábamos ya más de 600 litros de precipitación, un registro superior a las últimas medias.

Agosto volvió a regalarnos el acostumbrado ambiente mediterráneo, con algunas lluvias gratas y con una acusada oscilación térmica durante la recta final del mes: el día 23, ¡26 grados de diferencia entre día y noche! Con estas condiciones favorables entramos en un septiembre que iba a sorprendernos por su acusada aridez y su inacabable final de verano. La vendimia se benefició sobremanera de esta situación: no solo concentramos la cosecha en apenas tres semanas sino que obtuvimos en todas las orientaciones, parcelas, viñas y rincones una uva sana, pletórica de equilibrada madurez.

La luz en vinos de estructura y acidez excepcionales

Tantos vaivenes, tanta incertidumbre meteorológica, y finalmente tanto primor el que brilla en los vinos. La naturaleza muestra una vez más la recompensa de la adaptación y del cultivo al modo del saber antiguo. Mucha atención al campo y a las plantas de la vid. Mucho trabajo cuando ha sido necesario hacerlo. Mucha y buena dignidad las de las viejas cepas de mencía. Y un resultado que sume en la meditación y el respeto: vinos de estructura extraordinaria, de acidez sin igual y de un mundo de aromas sutiles que augura larga vida.

Datos Relevantes

Precipitación anual: 800 litros.
Temperatura media: 11.93 ºC.
Humedad media anual: 76.74 %.
Horas de sol: 4.455 horas.

Brotación

Corullón: del 28 de Marzo al 20 de Abril.
Moncerbal: 9 de Abril.
Las Lamas: 11 de Abril.
La Faraona: 20 de Abril.

Floración

Corullón: del 20 de Mayo al 15 de Junio.
Moncerbal: 1 de Junio.
Las Lamas: 5 de Junio.
La Faraona: 15 de Junio.

Envero

Corullón: del 2 de Agosto al 1 de Septiembre.
Moncerbal: 10 de Agosto.
Las Lamas: 14 de Agosto.
La Faraona: 18 de Agosto.

Fechas de vendimias:

Corullón: del 4 al 28 de Septiembre.
Moncerbal: 12, 13 y 14 de Septiembre.
Las Lamas: 14 y 16 de Septiembre.
La Faraona: 23 de Septiembre.

Impactos: 300

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