El día que cambiaron ciertos hábitos en nuestra vida

Por Andrés Conde

“El día que cambiaron ciertos hábitos en nuestra vida”. Esto podría ser el título de cualquier novela que salga próximamente al mercado. Pero mi cometido no es este, sino dar una visión de cómo va a cambiar nuestro mundo vinícola, tanto en la producción como en el consumo.

Las perspectivas no parecen muy halagüeñas, por una caída en picado de nuestro sustento económico y nuestra capacidad de compra. A diferencia de lo que conocimos en el 2008, esta situación va afectar a todas las clases sociales, pero en mayor medida a las desprotegidas.

Me voy a centrar un poco en el vino y en la producción. Veníamos ya de una situación complicada por las amenazas a nuestras exportaciones y todos los aranceles que se preveían aplicar a nuestros vinos, con la consiguiente reducción de su demanda en el mercado americano. Esto nos tiene muy preocupados, porque ese proteccionismo que se veía venir parece que, ahora, gracias a este virus, nadie lo va a poner en duda. A esto hay que sumarle que nuestra demanda interna es baja y, aunque hay atisbos de crecimiento en el consumo, parece imposible luchar contra las bebidas alternativas, las cuales tienen un precio más barato y con incentivos a su compra con donaciones pecuniarias. Pero bueno, esto es algo que todos conocemos.

El gran problema actual es una oferta de vino mayor que la demanda, con la consecuente caída de precios y unos efectos muy nocivos para el vino. Las primeras consecuencias: mucha uva se quedará en el campo sin recoger, pérdida de puestos de trabajo y la ruina total de pequeños viticultores. El futuro no es muy alentador, abandono de tierras, drama y desesperación. A corto y medio plazo, veremos una historia bien conocida, las grandes bodegas se convertirán en oligopolios que seguirán comprando tierras a precios muy por debajo del mercado y se volverá a imponer esa agricultura de escala y masiva donde la cuestión precio dominará. Muchísimos proyectos vinícolas de tamaño pequeño se tambalearán por ser insostenibles al caerse la exportación y tener un mercado interno que será marcado por un precio de saldo. En este momento, parece que es mejor abandonar todo y tomar otro camino.

Pero bueno, hay algo grande que tenemos a nuestro a favor: vivimos en la época dorada del pequeño viticultor, no solo en las zonas históricas, y tenemos una generación joven muy bien preparada que posiblemente ha elaborado los mejores vinos de la historia de este país. Solo nos queda una cosa muy importante, concienciar al público sobre qué es la calidad y luchar de manera concienzuda para implantarla en el mercado doméstico, explicando nuestra singularidad y carácter. Ahora tendremos de nuevo el reto de búsqueda de nuevos mercados ante la perspectiva de que nuestros dos grandes mercados (Reino Unido y Estados Unidos) van a dejar de comprarnos paulatinamente.

Asia seguirá siendo muy importante y crecerá en volumen, pero para nuestros vinos de calidad tenemos un mercado muy floreciente y que empieza a estar muy preparado, y ese es Rusia. En los últimos años he ido conociendo importadores y sumilleres rusos que han ido recorriendo Francia e Italia buscando nuevos vinos, pero en nuestro territorio apenas me los he cruzado y creo que ese territorio puede ser un buen escaparate para nosotros. Y para eso necesitamos ayudar a nuestras bodegas para que puedan darse a conocer, bien viajando allí o pidiendo ayuda al Gobierno para que invite a los importadores a visitar nuestro país. Georgia es un país que ha hecho muy bien esa tarea. Es un trabajo duro, pero realizable por la calidad de nuestros vinos y por sus gustos.

Anteriormente he hablado a nivel global, pero ¿cómo será el consumo en las barras y en los restaurantes? ¿cómo nos afectará? ¿variarán los gustos? o ¿la economía?

Personalmente creo que habrá dos realidades. Los que antepondrán los intereses económicos –encontraremos en ese nicho a muchas bodegas que a la desesperada tirarán los precios para copar el mercado–, pero será una solución a corto plazo, siempre alguien venderá más barato. Cierta hostelería saldrá beneficiada, pero creo que en los últimos años todos hemos invertido mucho para tener unos clientes más formado. Al paladar es muy difícil engañarle, tiene gran memoria. Y luego habrá otra dirección de gente concienciada que este problema sanitario ha sido grave y buscará unos vinos de calidad poco intervenidos y no seremos nosotros los que les hayamos impuesto, sino que será algo global. Asistiremos a un boom de lo bio en todas escalas que llevará a una concienciación de beber sano y bien, porque nos lo inculcarán a todos.

Estamos en un momento muy importante, ciertas cosas va a cambiar, para bien. Espero que desaparezca la situación intervencionista en el mercado por parte de importadores y grandes compradores, presionando e influyendo en la manera de vinificar para satisfacer ciertos gustos y mercados. Esta manera de actuar  lo único que hace es borrar la zona y al viticultor dando al público una imagen irreal de la zona. Nuestro fuerte es la textura y la gustosidad, sumado a unas características geológicas y climáticas extraordinarias.

Nuestro mercado y nosotros mismos somos lo suficientemente maduros para todos los cambios que se avecinan, que nos harán situarnos en una realidad diferente, donde sinceridad y honestidad serán nuestra marca diferenciadora para compradores y vendedores.

Espero.

Andrés Conde
Nacido en Santander en 1970, Andrés Conde proviene de una familia dedicada desde hace tres generaciones a la restauración y con grandes vínculos al mundo del vino. Su abuelo fue viticultor en Cigales hasta 1942 y luego partió a Santander para abrir el restaurante Bodega Cigaleña. Fue un gran amante del vino desde casi su infancia y gracias a él, desde pequeño, Conde pudo tener un contacto muy cercano con el vino. Desde 1994 hasta 2006 ha trabajado con su padre y a partir de esa fecha dirigió el restaurante con su hermano. Con estudios en Ciencias Económicas, ha asistido a diversos concursos relacionados con el vino. Fue el segundo clasificado tanto en Ruinart como en el Campeonato de España y tercero en la Nariz de Oro.

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Este artículo tiene 1 comentarios

  1. Ilya Kirilin Reply

    Es muy interesante un articulo, queria hacer un comentario sobre el mercado ruso como vivo y trabajo aqui. No hay que tener muchas esperanzas de Rusia por ahora. Somos un pais muy grande con mucha gente pero la clase media casi no existe, entonces no seria posible crecer rapido aqui. Ya compramos mucho vino espanol pero barato y a granel, y lo que teneis que hacer es apostar mas por la calidad y por nuevo imagen del Espana viticinicola como un pais muy dinamico, con regiones y estilos de vinos muy distintos uno de otro. Hay que vender la riqueza del pais, asi podemos superar la imagen del vino espanol como vino barato y todo tempranillo.
    Un saludo desde Moscu,
    Ilya

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