El turismo post COVID, razones para ser optimistas

Por Manel Casanovas

El turismo es una de las actividades económicas más importantes tanto en nuestro país como a nivel mundial.

Según datos de la Organización Mundial del Turismo, el movimiento de personas por motivos turísticos a nivel mundial pasa de 25 millones en 1950 a 1.500 millones en el año 2019.

¿Desde cuándo y por qué viajamos por turismo?

El viaje por motivos de turismo de ocio comienza alrededor del siglo XVII y arranca con la década de 1820 con el inicio del ferrocarril por parte de las clases más acomodadas de la sociedad. De esa época es el conocido Grand Tour, viaje de iniciación de los ingleses para conocer el continente europeo, o la moda de realizar baños de mar en la Côte d’Azur.

En nuestro país, sin embargo, no es hasta los años 60 cuando empezamos a recibir a los primeros turistas. En 1962 se crea la Dirección General de Promoción del Turismo y, por nuestra parte, también empezamos a salir a conocer mundo.

Los hombres viajamos por diversos motivos: negocios, deporte, cultura, ocio, gastronomía. Tradicionalmente se ha segmentado el turismo por su motivación: sol y playa, congresos y convenciones, urbano, de aventura… No obstante, a mí me gustaría focalizar la cuestión de los desplazamientos en relación a la motivación más antropológica y social, que, creo, forman parte de las razones que no varían en función de los cambios coyunturales. Viajamos para descubrir y para conocer, pero también viajamos por el sentido de pertenencia, para identificarnos con un grupo social, y por eso mismo somos coleccionistas de destinos, un hecho que nos ayuda a diferenciarnos del resto. En el momento que conseguimos un cierto bienestar económico, viajar se incorpora dentro de nuestras necesidades para ampliar los conocimientos y disfrutar del ocio, pero muy importante, para ser reconocidos por este hecho y visitar los sitios donde ha ido nuestra tribu. No hace falta decir que el mundo del cine, ahora las redes, la literatura… han creado mitos alrededor de los destinos y han internacionalizado singularidades locales.

En todo grupo social hay unos parámetros que nos ayudan a identificarnos y que nos clasifican. ¿Qué vinos hemos catado para ser reconocidos como connaisseur? ¿En qué restaurantes y mercados hemos estado para ser reconocidos como foodie? Ni qué decir tiene que, si queremos tener una distinción cultural, tenemos que haber visitado el Top 10 de los edificios, museos, esculturas del mundo… Me interesa destacar este hecho, porque creo que es uno de los principales motores que mueve a la gente a viajar.

El turismo, sin embargo, es miedoso; cualquier hecho que haga peligrar nuestra integridad o el buen funcionamiento del viaje nos hace posponerlo. Y digo posponerlo porque creo que actualmente el turismo, viajar, ya no es una actividad prescindible.

Hemos vivido ataques de terrorismo que hacían pensar en bajadas irrecuperables de visitantes. Casi todas las ciudades turísticas han sufrido de una manera o de otra estas desgracias y en todos los casos solo han notado bajadas puntuales y rápidamente han recuperado los visitantes. Tras la desgracia del 11S, parecía que el mundo de la aviación sufriría un retroceso, nada más lejos de esta amenaza.

¿Qué es lo más importante ahora para volver a viajar?

Evidentemente ¡¡¡la seguridad sanitaria!!! Ahora toca garantizar que nuestro destino sea seguro en términos sanitarios, y por eso, esta seguridad la debemos añadir a las garantías que hasta ahora eran imprescindibles para hacer turismo. Si queremos recuperar el turismo, nos tenemos que preocupar de hacer evidente que cuidamos de este aspecto en términos de garantía.

¿Cuáles serán, entonces, estos turistas a partir de ahora?

En general no creo que difieran demasiado de los perfiles y procedencias que teníamos antes de la COVID. A nivel local, en los destinos de interior, rurales, hemos tenido un verano con altas ocupaciones del llamado “turismo de proximidad”. Ninguna de las mejores campañas de promoción hubiese hecho tanto como el hecho de poder dar a conocer nuestra oferta de forma práctica a nuestros conciudadanos.

Pero, tal y como está pasando en otros aspectos de nuestra vida, la COVID ha actuado, también, como un acelerador de tendencias. Los famosos mercados emergentes (China e India) serán una de las principales fuentes de visitantes, ya que estos dos grandes países disfrutan de estabilidad y de un crecimiento exponencial de clases acomodadas, preparadas para coleccionar destinos y con muchas ganas de diferenciarse y reproducir el ocio que han visto o han disfrutado sus coetáneos de clase. A modo de ejemplo, un artículo reciente de la BBC destacaba que los chinos son, con diferencia, los principales estudiantes extranjeros de las mejores universidades del mundo para el curso 2020/2021. Tendremos que adaptar así nuestra oferta a algunas especificidades de estos dos mercados tan diferentes entre ellos. Debemos, aun así, distinguir entre ambos países, los chinos tienen mejores perspectivas de crecimiento que la India y en ningún caso podemos hablar de inmediatez.

En la situación que vivimos, también tenemos que añadir nuevos perfiles, como los de las nuevas generaciones que están entrando en el mercado laboral. Además, para las empresas es complicado disponer de todos los perfiles en la plantilla, para cubrir las nuevas disciplinas que están evolucionando rápidamente. Cada vez cobra más fuerza el concepto “trabajo por proyecto” o freelance especializados en sus pasiones profesionales.

Tal y como describe Fabiola Mancinelli, antropóloga y profesora de la Universitat de Barcelona, estamos delante de los llamados “nómadas digitales”, es decir, personas que huyen de los esquemas tradicionales de empresa/trabajo. Esta clase emergente de profesionales autónomos, freelance y emprendedores, se llevan el trabajo de viaje y optan por un estilo de vida donde el trabajo se mezcla con el ocio y el crecimiento personal. Con esto anticipan las actividades que se suelen dejar para la edad de jubilación, ya que viajan y producen al mismo tiempo. No obstante, viajar y trabajar así requiere una buena conexión y un buen sitio donde sentirse libres y seguros.

Soy optimista por todas estas razones y porque, bajo mi perspectiva naive, tengo la ilusión de que el cambio haya servido, entre otras cosas, para discernir aquellas propuestas turísticas basadas en la superficialidad y en la oportunidad, de las realmente cualitativas, que dan valor a los destinos y que serán valoradas por los visitantes. El Turismo es economía y genera beneficios a la sociedad, pero también puede ser destructor y perjudicial. Debemos exigirnos trabajar en la excelencia, no caer en el engaño y medir mucho la oferta para no transformar nuestros destinos. El equilibrio entre la vida real de un destino y los visitantes es clave por tal de no caer en caricaturas de mal gusto. La sostenibilidad tanto ambiental como económica es una condición sine qua non para mantener nuestros destinos en armonía entre sus habitantes y los visitantes.

Se trata de mejorar como destino y de tener la capacidad de adaptarnos a los nuevos retos sin perder la razón de ser.

Manel Casanovas Pagès
Desde el año 1985, Manel Casanovas trabaja en el sector del turismo, inicialmente en el mundo de las agencias de viaje y a lo largo de más de 28 años en la promoción de Barcelona y en el sector hotelero. Durante el periodo de Turisme de Barcelona, vivió la transformación de una ciudad no turística a uno de los destinos de turismo urbano líder junto con las principales capitales del mundo. El objetivo de Turisme de Barcelona fue llevar la marca Barcelona por todo el mundo y competir para atraer los principales eventos en el mundo de los cruceros, turismo de ciudad, congresos y ferias. A lo largo de los años, ha desarrollado tareas de Dirección de Marketing (8 años), así como la dirección de diferentes programas de la casa. Participó activamente en el posicionamiento de Barcelona como destino gastronómico a nivel mundial y durante el 2004-2005, el ayuntamiento le encargó la conceptualización y posterior dirección del Any Internacional de la Gastronomia. En el sector hotelero, ha participado como directivo en el inicio de la cadena AC Hoteles y en la apertura del Hotel Gran Marina 5*GL. Actualmente, vive y trabaja en el Santuari del Miracle llevando a cabo múltiples proyectos.

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