El vino es el vino y sus circunstancias

Por José Luis Cuerda

El vino es un estado de ánimo. El vino se justifica, adquiere su identidad más elocuente por el hecho de ser visto, olfateado, paladeado. Sentido. Hasta ese momento es un Don Nadie de potencial variable que va del cero al summum.

El vino, convertido mediante cata en motor del ánimo nuestro, puede erigirse en raptor total o parcial del ser que llevamos dentro. Por un segundo, por un ratito, por una velada, por toda una vida en nuestros recuerdos…

Cuando, a la altura de Leiro, me desvío por el ramal que indica el acceso a Cubilledo, tomadas en cuesta un par de curvas, se llega a un bosquecillo fragoso, con todos los verdes, con todas las formas vegetales del universo, yo me siento a salvo. Unos metros más adelante se entra en mi finca, en mi viña, en mi casa. ¿Os acordáis cuándo en los juegos infantiles conseguíamos escapar de quien nos perseguía y, llegados al lugar designado previamente, lo tocábamos con la mano y gritábamos “¡casa!”? Nos habíamos salvado. Eso me pasa a mí al llegar ante las puertas de hierro forjado que dan acceso a la “Cerrada da porta”. Que es mi viña, que es mi descanso, que es mi afán. Mi casa.

La compré en el año 2002. Había pertenecido a la familia Gómez Arias durante generaciones y su último propietario más ilustre fue don Emilio, abogado de Calvo Sotelo –el “protomártir” de la Guerra Civil del 36–, líder del Partido Liberal de Ribadavia y padre de Don Pablo, catedrático de Literatura y borrachín pacífico, que durante su multitudinario velatorio –unas decenas de aldeanos– fue agredido por uno de los lugareños que se plantó a los pies de su cama, le gritó un reprochador “¡borracho!”, se le acercó y le arreó una bofetada portentosa. Ni a Valle Inclán se le hubiera ocurrido tal esperpento. Pues, un sobrino de este Don Pablo, y a las alturas del 2002, su único heredero, Juan, fue el que me vendió la casona y unas seis hectáreas de viñas abandonadas que componían la propiedad de “Cerrada da Porta”, “Aguieira” y “A Planada”, por treinta y cinco millones de pesetas, lo que no fue impedimento para que, al día siguiente, corriera por el valle la noticia de que “el del cine, que no tiene ni la más ligera idea de cómo andan las cosas por aquí, ha pagado setenta millones de pesetas por lo de los Arias”. Operación con la que in pectore los linderos duplicaban el precio de sus posesiones.

Jose Luis Cuerda_Blog_Vila Viniteca

La compra se realizó en El Corte Inglés de Vigo en cuya cafetería me esperaban la esposa del comprador y el comprador, que nada más verme dio un respingo: “¡Coño, si tú eres Cuerda!”. “Si llego a saber que eras tú el comprador, te pido más”. Había estudiado Fotografía en la Escuela de Cine de Madrid y me conocía; pero no sólo no pidió más, sino que añadió a la oferta por el mismo precio unos retales de tierras abandonadas, desde hacía siglos y que me fueron útiles para hacer permutas con otros viticultores y racionalizar en la medida de lo posible el territorio. Él quería desprenderse de aquella herencia campesina –no de otras propiedades en Vigo capital– y permitirse algún lujo caprichoso: Se fue a Egipto, a hacer un crucero por el Nilo.

Yo, en cuanto a ríos, me he conformado con el Júcar de mi Albacete natal, el Mundo –no un delirio de grandeza, sino limpio, cristalino, lo contrario a “inmundo”– a cuyas orillas rodé “Amanece, que no es poco”– o el Avia y el Arenteiro, manso uno, saltarín y juguetón el otro, vecinos de mis viñas.

Muchas noches, al llegar a la pequeña fraga que antecede a mi propiedad, tengo que levantar el pie del acelerador porque, detrás de una curva, una jabalina suele cruzar la carretera con sus jabatos camino de un regato que les sirve de abrevadero. Estos bichos son torpones, guarrotes y descuidados. Entran en las viñas, escarban, hociquean, dejan todo hecho un asco y además no recuerdan por donde entraron y, para salir, joroban la cerca con gran eficacia. Los corzos, que por desgracia también están llegando a estas latitudes, por lo menos saltan las vallas y los zorros, otros visitantes, tienen un comportamiento ejemplar.

Un día, al atardecer, cargado con mi cámara de fotos, como suelo hacer, subí hasta “Aguieira” la viña, de las mías, que sobrevuelan las águilas, y mientras contemplaba sentado en un pedrusco el valle a mis pies, vi que algo se movía entre las filas de cepas. Usé el teleobjetivo de mi cámara para mejorar y mi visión: Era una zorra que con meticulosidad de gourmet arrancaba con sus dientes una a una las uvas y las comía con delectación. Pudo ser una foto preciosa. Estaba encuadrada y enfocada. Sólo tenía que disparar. Hubiera ilustrado a la perfección un bello texto sobre la zorra y las uvas. Per en vez del artista que se supone que uno está obligado a ser, aunque sea por currículo, me salió el propietario que convive con él, más cerca de la billetera que del corazón. Dejé la cámara, y a palmadas y gritos ahuyenté a la zorra. El animal no podía creérselo. Me miró un instante y tranquilamente se dio la vuelta y se alejó sin prisa ninguna. Aún se volvió a mirarme con desprecio un par de veces. En menos de un minuto llegué a una triste conclusión: Definitivamente, yo era un imbécil: La zorra como mucho se hubiera comido un racimo, dos racimos… Al precio que está el vino, habría sido más rentable para mi billetera de propietario la venta de la foto a la National Geographic. O como imagen publicitaria: “Si es tan inteligente como el zorro, consuma Sanclodio”.Blog_Vila Viniteca_Jose Luis Cuerda

José Luis Cuerda
Natural de Albacete, José Luis Cuerda ha dirigido una docena de películas, algunas de ellas imprescindibles en la historia del cine español como El bosque animado o La lengua de las mariposas y también ha sido productor de jóvenes directores como, por ejemplo, Amenábar. Asimismo, continúa inmerso en su tarea de escritor (Total, Amanece, que no es poco, Así en el cielo como en la tierra y Pepitas de Calabaza). Forma parte de la Junta Directiva del Círculo de Bellas Artes de Madrid y del Consejo de Dirección de la Sociedad General de Autores y Editores. En 2002 fundó Bodegas Sanclodio en la parroquia de Gomariz, en Ribeiro de Avia (Orense) que incluye 10 hectáreas de viñedos y un caserón del siglo XVI.

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Este artículo tiene 1 comentarios

  1. ricard valls Reply

    Cuando mas contacto con la naturaleza mas te das cuenta de lo que nos perdemos en el día a día

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