¿Elaborar vino es un acto artístico?

Por Hervé Bizeul

¿Podemos comparar el trabajo del enólogo al de un pintor, un escultor o un poeta? La pregunta parece interesante. Hace pocas semanas, leyendo un buen thriller de Elizabeth Georges que se desarrolla en el ambiente de la pintura, me llamó la atención un capítulo que describe increíblemente bien el itinerario, las alegrías y las penas de un pintor.
De párrafo en párrafo, he encontrado que algunas inquietudes, motivaciones y expectativas del artista –descritas con gran detalle– muestran sorprendentes similitudes con mis pequeñas angustias diarias de vigneron.
Transcribo algunos fragmentos con comentarios.

Los extractos citados son de Elizabeth Georges (Elizabeth, si nos lees, espero que no estés enfadada).

Situación: su detective favorito, Lynley, visita el taller de un pintor, observa las pinturas.
-“No podía dejar de compararlas con las acuarelas que había visto en casa de Antony, bellamente ejecutadas, pero sin originalidad. Estas obras, en cambio, eran un desafío tanto en términos de color como en términos de concepto”.
Nota HB: ¿no es eso lo que sentimos cuando catamos algunos vinos, técnicamente perfectos, pero que no despiertan ninguna emoción, ningún entusiasmo y que se nos olvidan muy rápidamente? ¿Cuántos enólogos son verdaderos “creadores” en el sentido de que sus vinos no se parecen a ningún otro, llegando a combinar la perfección gustativa, la emoción y, a veces incluso la creación?

-“Crear es optar por ofrecer una parte de uno mismo a los demás y de someterla a su opinión. Como artista, pensaba reírme del recibimiento reservado a mi obra. Pensaba que lo esencial era el acto creativo y no cómo era recibido. Por desgracia, dejé de creerlo. Y cuando dejas de creer que el acto de crear es más importante que el análisis que otros puedan hacer, te quedas paralizado. Esto es lo que me pasó”.
Nota HB: ¿Y no es justamente esto lo que reprochamos, en el fondo, a algunos vignerons de hoy en día? No pensando en otra cosa que en complacer a algunos críticos –un hecho esencial, es cierto, para el éxito comercial de su negocio–, ¿no es cierto que pierden gran parte de su capacidad de crear, de innovar, de expresar una visión única o un terruño sin explorar? ¿Si pierdo esta capacidad de mostrarme desnudo delante de mis clientes, arriesgándome a su entusiasmo o su rechazo, aunque soy un vigneron digno de este nombre? Mantener el acto creativo en el lugar que le corresponde, allí, en la parte superior y en el centro, y luego avanzar hacia él con todas las fuerzas, eso es lo que es difícil de hacer cotidianamente… Especialmente en estos tiempos de normalización exagerada…

-“He perdido la pasión. Pero sin ella, no hay otra cosa que masas, que objetos. Pintura, arcilla, cera, piedra: sólo la pasión puede hacer que cobren vida. Sin pasión, la materia permanece inerte. Claro que siempre se puede dibujar, pintar, esculpir. Mucha gente lo hace. Pero no es más que un ejercicio de estilo. No es la expresión de uno mismo. Pero esto es lo que quería recuperar –el deseo de ser vulnerables, la capacidad de sentir, de asumir riesgos. Si para conseguir este resultado, necesitaba cambiar de técnica, de estilo, estaba decidido a intentarlo. Estaba dispuesto a intentar cualquier cosa”.
Nota HB: Los vignerons, ¿no es cierto que actualmente tienen todos las mismas herramientas o casi? (Los mismos clones, las mismas despalilladoras, las mismas barricas, el mismo acceso a la información, etc.). Y, además, todos no son creadores. Algunos sólo hacen vino. A veces tengo la sensación de que no hago el mismo oficio. “Tomar riesgos, ser vulnerable,” estamos diciendo, y aunque no me considero “artista”, realmente me siento siempre en peligro, que me pongo todo el rato en peligro. Ahora sé que mis mayores enemigos se llaman rutina, seguridad, comodidad, certeza. ¿Ejercicios de estilo, quién no los ha probado? La expresión de un “yo”, de una personalidad forjada por la vida, sus experiencias y desafíos, eso es lo que es más difícil de poner en una botella… ¿No es, entonces, lo que esperamos encontrar los amantes del vino que hemos probado mucho?

-“Eso es para moler los colores”, le explico Sarah. En este momento, yo misma me estaba haciendo los colores.
-“Eres un purista”, comentó Lynley. Ella sonrió, aunque con resignación.
-“Cuando empecé a pintar, hace unos años, quería dominar cada paso. Quería ser cada una de mis pinturas. Hasta construyo los marcos. Para decirte hasta que punto era pura…
-“¿Has perdido esta pureza?”.
-“A la larga, el éxito lo estropea todo”.
-“Y has tenido éxito…”.
Nota HB: ¿Hay comentarlo? Pero he dicho que lo haría. El éxito es vital para un enólogo, aunque sólo sea porque tiene una familia que alimentar, que a menudo hace bastantes sacrificios. Tiene bajo su responsabilidad varias familias a quien debe seguridad. El éxito también permite disponer justamente de los medios necesarios para asumir riesgos, de estar en movimiento. Pero hay que vigilar, de forma permanente, los efectos de este éxito. Continuar refinando los detalles, no dejarse llevar a la tentación que se esconde, esforzarse en la excelencia sea cual sea el precio, no relajarse nunca. ¿Seré capaz? Un hombre previsor vale por dos. Esperemos que así sea.

-“Un hecho interesante, Lynley, porque no es lo que se llama un artista moderno. Se podría pensar que para ser reconocido en el mundo del arte, hay que innovar. Pero vi su trabajo y no parece que le interese el descubrimiento de nuevos territorios”.
-“El descubrimiento de nuevos territorios… Pintar latas de sopa, quiere decir”, sonríe Pen.
-“Quizás lo que es importante no es sumarse a la moda actual, sino tener un estilo que retenga la atención de los coleccionistas y críticos, Tommy. Un artista que tiene un estilo propio crea una obra innovadora. Y si este estilo recibe la aprobación internacional, ya tiene la carrera hecha”.
HB Nota: ¿Abrir el camino hacia un nuevo territorio, tener un “estilo” propio, intentar lo imposible, es decir complacer a los clientes noveles, a los aficionados avanzados que lo han probado todo y a los críticos que tratan de existir, es esto todavía posible, manteniendo su alma? Artista maldito, artista académico, los dos extremos también pueden coexistir en el mundo del vino.

-“Algunos artistas se limitan a hacer admirar su técnica, no toman riesgos, no transmiten nada. Otros se contentan con llegar a ser expertos en el material que eligieron. Trabajan la arcilla, la piedra, la madera o la pintura con la misma habilidad y facilidad que los artesanos normales. Y otros, más exigentes, tratan de crear algo de la nada. Hacen surgir el orden del caos, buscan un equilibrio entre la estructura y la composición, la materia y el color de manera que cada una de sus obras transmita un mensaje específico. Una obra de arte interpela a las personas, obligándolas a tomarse tiempo para mirar –algo que se hace cada vez menos en un mundo en constante movimiento. Y cuando la gente se para en frente de una obra de arte –ya sea una pintura, una escultura en bronce, vidrio o madera, se puede decir que el creador ha conseguido plenamente su objetivo. En lugar de tratar de llamar la atención, provoca la reflexión”. “Él pertenecía a la última categoría. Él sabía transcribir sus pasiones en el lienzo”.
Nota HB: ¿Cómo explicar el papel fundacional de determinados vinos? ¿Cómo explicar que son anclas reales, pilares, cimientos de una pasión y una búsqueda? Si uno de mis vinos un día provoca esto, aunque sea en una persona, entonces yo sabría, como cualquier vigneron que se respete, que mi trabajo, mis esfuerzos, mis sacrificios no han sido en vano. Mi satisfacción será a mi entender, legítima. Y por eso, habrá que empezar de inmediato a recuperar la inseguridad, la duda, la urgencia.

-“No estás aquí para aprender a hacer unos toques de tempera sobre el lienzo… Cualquier tonto puede salpicar de pintura un lienzo y llamarlo arte”, añadió. “Pero no es de eso de lo que se trata en mi casa. Estáis aquí para saber cómo poner una parte de uno mismo en vuestro trabajo, para expresaros a través de la composición, la elección de los colores, los volúmenes. Para obtener un resultado. Hay que conocer un poco lo que ya se ha hecho, y, a partir de ahí, ir más allá; elegir un tema, pero pintar un concepto. Os puedo enseñar las técnicas, los métodos, pero si lo que se desea es dar a su trabajo la dimensión de una obra de arte, es necesario que lo que cree provenga de su alma”.
Nota HB: hacer pruebas, aprender a elegir un modelo, un maestro, y luego separarse y un día, finalmente, crear solo y sobre todo ser innovador. ¿No es eso lo que hacen bien muchos vignerons? Poner en la botella un poco de sus experiencias, sus alegrías, sus penas, sus éxitos, sus fracasos, sus emociones, su inteligencia, sus burradas, eso es lo más difícil. ¿Pero soy el único que piensa que muchos vinos son como los vignerons que les hicieron nacer? ¿Cuándo el vino refleja y revela la parte inconsciente que hay en ellos, como un dibujo a veces revela el trauma y la ansiedad de un niño?

– “Si no tenéis alma o no la habéis descubierto aún o si tenéis un poco de miedo de descubrirla, tendréis éxito de todos modos al crear algo. Será agradable de ver y gratificante de hacer. Pero será técnica. No necesariamente arte. El objetivo, nuestra meta, es comunicar algo a través de un medio. Pero para llegar a él, hay que tener algo que decir”.
– “Sutileza”, les dijo. “La clave del éxito está en la sutileza. Un lienzo es un susurro, no un grito…”.
Nota HB: ¿Los grandes vinos no son también, en última instancia, “susurros”? ¿Los grandes productores de vino, no tienen también “algo que decir”? ¿No es por eso que nos gustan sus vinos? Sí, sin duda, un gran vino es un murmullo sutil, no un grito…

Después de todo esto, después de todos estos años, pronto serán veinte, no sé si elaborar vino es un arte. Y por supuesto no me creo un artista porque el artista es la viña, la naturaleza, el terroir. Sin embargo, algunos días, los más difíciles, pensar que comparto algunas alegrías y algunas penas me hace sentir bien.

Hervé Bizeul
Formado en la escuela de Hostelería de Niza, Hervé Bizeul es nombrado el Mejor Joven Sommelier de Francia y, años más tarde, abre un bar de vinos en París y se convierte en periodista. En 1997, adquiere unos viñedos en Roussillon de los que se hace cargo durante el fin de semana, pero en 1998, junto a su mujer Claudine decide dedicarse a ellos en exclusiva. En la sexta vendimia sus vinos se posicionan como los más reputados de Languedoc-Roussillon.

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