Jerez: gozos y frustraciones

Por Jens Riis

Confieso tener una debilidad especial para los jereces (y otros generosos). A lo largo de los años he podido gozar de de estos grandes vinos, muchas veces. Pero el bajo nivel de interés que percibo, me produce gran consternación y frustración. El dicho “nadie es profeta en su tierra” lo define a la perfección y, por lo que veo, sigue sin ser una bebida de consumo habitual en este país.

Pocas veces he visto a la gente pedir un fino en un bar o restaurante, pero en los últimos años ha habido importantes mejoras: 1) la prensa especializada ha tomado la batuta en hacer mucho más visible los generosos jerezanos; 2) bares y restaurantes como Palo Cortado en Madrid con una oferta estupenda de jereces; 3) ha aumentado el interés en mercados de exportación como Estados Unidos; 4) jereces especiales como los de Equipo Navazos y Tradición; 5) sumilleres mejor preparados y más cosas.

¿Por qué?

Muchas veces me han preguntado “¿por qué los jereces?”. La verdad es que no lo tengo claro, lo único que sé es que me entusiasma como pocas cosas. Resulta curioso como un americano, desplazado hace décadas a España, se ha convertido en consumidor, promotor y un verdadero forofo de los vinos del Marco de Jerez. Son grandes vinos, sin duda.  Pero hace falta algo más para explicar esta locura mía.  La vida en si es básicamente una serie de experiencias, y seguramente las experiencias vividas alrededor de los generosos tienen la culpa de esta desmesurada pasión. Voy a intentar, a través de estas anécdotas, contaros parte del porqué.

Amigos en Cádiz

Nada mejor para explicar mi frustración que lo que ocurrió hace un par de años en Conil de la Frontera, Cádiz. Estaba allí con tres amigos españoles para una semana de golf, cenando en un restaurante en la playa. Era un buen restaurante con todo tipo de pescado, marisco y jereces en la carta de vinos. Nada mejor para esta cena que una botella de manzanilla, producto de la tierra que hubiera sido acompañante perfecto para la comida. Fue inútil, nadie quería saber nada de mi propuesta, una botella bien fría de Solear manzanilla. “Muy fuerte, cabezón, no me va” y cosas así me decían. Así fue, ellos con su cerveza o un verdejo de poca monta, y yo solito con mi copa de manzanilla. Una pena…

Mi madre y su copita de jerez

Sin duda, parte de mi afición al jerez es hereditaria. Mi madre era “fan” del “sherry” de toda la vida. Los presupuestos familiares han limitado su consumo durante años, pero una vez jubilada se permitió su copita de jerez a media tarde. De hecho, el día que murió hace ocho años, estaba sola, sentada en su salón con su “sherry on the rocks”, se dio cuenta de que algo pasaba y llamó a la ambulancia. Cuando llegaron, estaba un poco grogui –por culpa del ictus que acabó con su vida aquella noche– pero los de la ambulancia pensaban que podía haber sido la copita que Sally tenía a mano.

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Un francés en éxtasis

Hace unos años tuve una experiencia que de alguna manera me ayudó a entender la pasión que puede despertar un vino. Me encargaron una cata didáctica en una feria comercial. La idea era entretener a los visitantes al stand con una mini-cata de tres vinos españoles: un tinto, un blanco y un generoso, Gran Barquero Amontillado. En el transcurso me avisaron de que iba a venir un empresario francés, reputado aficionado y consumidor de grandes vinos. Nunca olvidaré su cara cuando probó el amontillado, un vino que no conocía. Era de éxtasis total, de una experiencia inolvidable que le obligó a volver varias veces al stand. Hasta el día de hoy, sigo emocionado cuando hablo de ello. ¡Algo increíble!

Dirk Niepoort

Una persona clave para mí ha sido Dirk Niepoort. Conocí a Dirk en el año 2000, en una comida de amigos del vino en Madrid. Nos reunimos en un restaurante, simplemente para compartir y disfrutar del vino y la comida. La aportación de Dirk fue espectacular: un magnum de Grands Échezeaux 1985 y un oporto del año 1900 de la bodega Niepoort. Los vinos, de impresión, pero lo que más me impactó aquella noche fue un comentario del bodeguero portugués: los españoles no están sacando provecho de uno de los grandes vinos del mundo, el fino. ¡Ojo!, ¡“Uno de los grandes vinos del mundo”! Desde entonces, soy cada vez más forofo de los jereces.

Visita a Valdespino, más que memorable

A lo largo de mis más de 20 años en el mundo del vino, he podido visitar y conocer a fondo un montón de bodegas en todo el mundo: España, Portugal, Burdeos, Borgoña, Alemania, California, Argentina  y Chile, pero la visita a Valdespino en 2011 ha sido sin duda la más memorable. Era un día festivo, pero Eduardo Ojeda, jefe de producción y enólogo, recibió personalmente a nuestro pequeño grupo de profesionales y acompañantes para ver la bodega, conocer y catar decenas de vinos de Valdespino y La Guita.

Con nosotros, el que escribe, Dominik Huber y su equipo de Terroir al Límit (Priorat) y cuatro familiares. Resulta difícil resumirlo, pero allí estábamos con Eduardo y su venencia, probando todo de botas: desde vino joven y sobretablas hasta amontillados de más de 60 años. Quizás lo que más llamó la atención era la de diferencia entre botas –el mismo vino de una bota, no tenía nada que ver con él de la bota a lado. Cada bota es un mundo y pudimos apreciar como los micro-organizamos del entorno (una especie de microclima microbiológico) de la bota deja huella propia en el vino criándose allí dentro.

Día memorable, vinos memorables, tanto de Valdespino como de La Guita, una comida inolvidable en el Bar Navarro, lugar de aspecto “básico” pero donde se come de maravilla. Rematamos la faena con vistas a la bahía y café en el Palacio de los Duques de Medina Sidonia. Aunque no lo necesitaba, me dio otro motivo para amar al Jerez.

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Resumen

Con estos relatos/anécdotas pretendo exponer en parte el trasfondo de mi pasión por los maravillosos vinos de Jerez, tanto como consumidor como profesional. Y pienso seguir con mi cruzada particular de promocionar y dar a conocer de estos vinos, tanto aquí en España como en el exterior. ¡Salud!

Jens Riis
36 años en Madrid. Autor de The Spanish Wine Page (1995) y otras páginas seb. Parte del grupo fundador de elmundovino.com (año 2000), catador y sebmaster. Desde 1999 representante en España de Kysela Père et Fils, importador de vinos en EE.UU. Catador de la Unión Española de Catadores (UEC) y La Escuela de Catas de Alicante.

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