La añada 2016, ¡Bordeaux siempre puede tener una gran añada!

Después de la añada 2015 muy (demasiado) esperada y aclamada, es difícil reconocer abiertamente la calidad de la añada siguiente. Ya pasó con la añada 2001 y, aunque más moderadamente, con la añada 2010. Parece que la historia se repite en 2016. Pocos comentarios aparecen al principio de la vendimia de las variedades tintas y son poco unánimes (o incrédulos). Aunque el 2016 aglutina la mayoría de características necesarias para ser un muy buen año con una floración homogénea que permite una buena fecundación, un período de déficit hídrico climático importante durante el verano, combinado con muchas horas de sol y un envero, ciertamente tardío, pero homogéneo. La maduración tuvo lugar en un contexto fuertemente soleado, juntamente con grandes amplitudes térmicas y una situación hídrica menos perjudicial durante las tres semanas precedentes a la vendimia que la de principios de verano.

Además, estas condiciones favorables se han dado en todas las regiones sin excepciones, ya que ha habido una fuerte ausencia de tormentas estivales.

El único punto débil de 2016 es el déficit hídrico, localmente excesivo, que padecieron las viñas en las zonas más secas, agravado por las altas temperaturas nocturnas dadas a finales de verano. Pero las regiones que han padecido estos problemas de blocaje eran minoritarias y no deberían enturbiar la tendencia hídrica positiva que han tenido la mayoría de parcelas.

La dificultad para reconocer el potencial de 2016 viene dada esencialmente por el entusiasmo excesivo atribuido al 2015 (debido a su homogeneidad) y al impacto psicológico que causó una primavera extremadamente lluviosa y sanitariamente complicada con algunas viñas excesivamente deshojadas a principios de septiembre. 

Un brotado precoz y homogéneo

El brotado de 2016 empezó alrededor del 25 de marzo en la mayoría de los merlot tempraneros, con unos 6 o 7 días de anticipación comparado a la media 2000-2016.

Tabla 1: media de las temperaturas medias por quincenas

Las temperaturas medias por quincenas des del 1 de noviembre confirman el pronóstico de un invierno excepcionalmente suave, con unas temperaturas medias entre el 1 de noviembre de 2015 y el 28 de febrero de 2016 superior en 1,9ºC respeto a la media 2000-2016 de las temperaturas medias en este mismo período.

A finales de febrero se hacen visibles los primeros signos del brotado con unas yemas muy hinchadas, a veces con la yema de algodón en los pies jóvenes. Esta precocidad en el retomo de la actividad vegetativa tan preocupante dada la fecha, se calma gracias a la bajada de temperaturas medias entre mediados de febrero y finales de marzo con unas temperaturas medias de 8,8ºC en este mismo período contra los 9,4ºC de la mediana de 2000-2016.

Estas temperaturas bajas del mes de marzo y las importantes cantidades de agua en los suelos, retardan el recalentamiento situando la cinética de principios de brotado más próxima a los valores de la media plurianual, con sólo una semana de adelantamiento.

Tabla 2: contabilización del número de días con heladas (diurnas y nocturnas) des del 1 de noviembre al 31 de marzo

Este invierno extremadamente temperado se confirma a través de los escasos días de helada. Sólo se registraron 5 días con una temperatura mínima inferior a 0ºC en la estación de Pessac, sin que las temperaturas negativas se mantuvieran todo el día. Estas condiciones invernales suaves favorecieron localmente la aparición de numerosos gasterópodos en el viñedo.

Las temperaturas muy suaves en invierno, fueron acompañadas de precipitaciones extremadamente importantes entre enero y febrero, con un cúmulo de más de 500 mm entre el 1 de enero y el 15 de marzo de 2016, obteniendo un valor medio en este período entre 2000 y 2015 de sólo 177 mm. Estas condiciones muy húmedas favorecieron el mantenimiento e incluso todo el desarrollo de la cobertura vegetal de los suelos, así como su compactación.

Tabla 3: media de las temperaturas medias por quincenas entre el 1 de abril y el 30 de junio

Estas condiciones invernales tan húmedas se alargaron hasta la primavera, pero en un contexto térmico claramente inferior a la media. Los daños provocados por heladas se observaron en las zonas más frescas de Bordeaux entre el 28 y el 30 de abril, sobre todo al oeste del Médoc y de Graves, así como al este de la Rive Droite. Estos daños son menores comparados con los que padecieron las regiones vitícolas más septentrionales.

A causa de este hecho, después de un brotado con una semana de anticipación, la viña retrasa su desarrollo hasta finales de junio. A pesar de esto, la homogeneidad observada en el brotado se mantiene hasta la floración.

Gráfico 1: Precipitaciones acumuladas entre el 1 de marzo y el 30 de junio

Las precipitaciones acumuladas entre el 15 de marzo y el 30 de junio llegaron a los 257 mm en 2016 por una media 2000-2015 de 217 mm (349 mm en 2012 y 2013) con una acumulación total de 130 mm entre el 20 de mayo y el 20 de junio. En este contexto de higrometría, las temperaturas frescas de la primavera son, no obstante, suficientes para que a mediados de mayo y junio el mildiu tenga unas condiciones favorables para desarrollarse induciendo una presión particularmente fuerte de enfermedades fúngicas y pérdidas significativas de la cosecha. 

Una floración milagrosa

A partir del 15 de mayo, la fase de preparación de la floración tiene lugar en condiciones frescas y sobre todo muy húmedas, pero afortunadamente menos deplorables que el 2013.

Tabla 4: Media de las temperaturas medias por quincenas desde el 1 de mayo al 30 de junio

Tabla 5: acumulación de precipitaciones por quincenas des del 1 de mayo al 30 de junio

En los suelos de grava o arena, gracias a su capacidad de drenar el agua y de recalentarse, el desarrollo vegetativo de las viñas en el momento de la floración es correcto o incluso excesivo, por lo contrario, en los suelos fríos, calcáreos y/o arcillosos, la densidad foliar es baja y las viñas presentan regularmente síntomas cloróticos y de asfixia. El balance energético de las viñas a finales del mes de mayo es insuficiente a causa de estas condiciones climáticas desfavorables durante la fotosíntesis.

La floración empieza este año durante los primeros días de junio en los sectores más tempraneros. Mientras que se contabilizan más de dos días sobre tres de lluvia entre el 21 de mayo y el 19 de junio, la floración llega en la mayoría de sectores entre el 7 y el 11 de junio coincidiendo con una tregua de 5 días de buen tiempo con algunas temperaturas medias cálidas, por sobre los 20ºC. Estos días contados de sol en medio de un período particularmente lluvioso y fresco evitan una floración difícil como la de 2012 o como la catástrofe de 2013. Así mismo permiten un porcentaje de cuajado del fruto satisfactorio y una buena homogeneidad fenólica. Como resultado hay un número elevado de semillas por baya (próximo a los 2,5) aunque los racimos queden poco compactos.

Gráfico 2: Índice heliotérmico interanual entre el 1 de abril y el 30 de junio

Como indica el índice heliotérmico a finales de junio, el 2016 se sitúa, en lo que se refiere al ciclo de la floración, entre las añadas más tardías, entre el 2012 y el 2013. Todo está por hacer aún, pero la añada parece haber empezado con mal pie.

Un verano sin gota de agua

Es a partir del 20 de junio que la añada cambia radicalmente de perfil.

Tabla 6: Media de las temperaturas medias por quincenas desde el 1 de julio al 15 de agosto

Tabla 7: media de las temperaturas máximas por quincenas des del 1 de julio al 15 agosto

Es a partir de esta fecha que las condiciones térmicas se acercan a las medias, marcadas por un pico de temperaturas por encima de los 35ºC el 18 y el 19 de julio, en un contexto sin precipitaciones como constata el balance hídrico climático hasta el envero.

Gráfico 3: Balance hídrico climático interanual en función de la fenología hasta el envero

Después de un invierno y de una primavera particularmente lluviosa, las condiciones hídricas son poco restrictivas entre el cuajado y el cerramiento del racimo permitiendo una primera fase del engorde de las uvas importante (que encontramos en la medida final de las bayas de merlot). Los pocos días calurosos son favorables a una degradación precoz de los aromas vegetales de tipo pirazina sin que los escaldamientos lleguen a ser importantes. Durante el envero, el balance hídrico climático indica una situación que ya es claramente deficitaria próxima a la de 2012 y 2010. Estas condiciones hídricas restrictivas son suficientemente precoces para favorecer el espesamiento de las pieles y su carga polifenólica, sobre todo en las parcelas tratadas moderadamente con nitrógeno.

Gráfico 4: Índex Heliotérmico interanual en el envero

Las condiciones térmicas de julio, próximas a la media plurianual, no permiten recuperar el retardo acumulado en la primavera y el envero empieza tardíamente a principios de agosto. El envero sólo llega al 50% entre el 9 y el 10 de agosto en los sectores más precoces. Por el contrario, se desarrollan con una homogeneidad remarcable, ligeramente acelerada por una decena de milímetros de precipitaciones caídas el 4 de agosto.

Condiciones de maduración casi veraniegas pero con noches frescas

Tabla 8: Media de las temperaturas mínimas por quincenas desde el 1 de agosto al 30 de septiembre (26 de septiembre en el 2016)

Tabla 9: Media de las temperaturas medias por quincenas desde el 1 de agosto al 30 de septiembre (26 de septiembre en el 2016)

Tabla 10: Media de las temperaturas máximas por quincenas desde el 1 de agosto al 30 de septiembre (26 de septiembre en el 2016)

Las medias térmicas por quincenas muestran las muy buenas condiciones de maduración del 2016 con temperaturas medias y máximas elevadas en el mes siguiente al envero. Las temperaturas bajaron considerablemente los quince días previos a la vendimia. Estas temperaturas elevadas van asociadas a fuertes amplitudes térmicas, próximas a aquellas del 2009 y 2012 particularmente interesantes para el potencial colorante y aromático de la uva. El único punto débil de la añada viene dado por el hecho que las noches fueron un poco demasiado cálidas durante la fase de la maduración acentuando así los efectos del estrés hídrico, antes que llegaran las precipitaciones del 13 de septiembre.

Tabla 11: Media de las amplitudes térmicas diarias por quincenas entre el 1 de agosto y el 30 de septiembre (26 de septiembre en el 2016)

Gráfico 5: Balance hídrico climático interanual en función de la fenología encontrada a finales de la maduración

Estas condiciones térmicas cálidas se inscriben dentro de un comportamiento hídrico particularmente restrictivo hasta el 13 de septiembre. La tendencia hídrica de 2016 se acerca a la de 2000, 2010 y 2012 localmente demasiado estresante para las cepas jóvenes implantadas en los suelos más secos, pero ideal para mejorar la maduración de las semillas y de la trama tánica en la mayor parte de los casos. Los procesos de maduración tecnológica y fenólica son claramente reiniciados en la mayoría de parcelas gracias a los 25-50 mm de precipitaciones obtenidos el 13 de septiembre sin, por tanto, comportar una degradación sanitaria.

Gráfico 6: Comparación del balance hídrico climático interestacional

La situación hídrica es tan favorable como homogénea en toda la región, el mismo caso de 2005, 2010 y 2012, pero diferente de 2015.

Gráfico 7: Índice heliotérmico interanual hasta el 30 de septiembre

El índice heliotérmico, particularmente indicativo para apreciar la precocidad de las diferentes añadas, confirma el carácter tardío de 2016, próximo al 2001 y 2012, ligeramente más precoces que el 2002, 2008 y 2013. Si tenemos en cuenta que la carga tánica es más importante este año que en 2012, parece evidente no volver a correr demasiado y conservar la fecha de inicio de vendimias de 2012 como punto de referencia para este año. Las vendimias que deberían empezar hacia los últimos días de septiembre en los sectores más precoces se pronostican serenos con unas condiciones climáticas favorables.

Uvas suculentas y tánicas, grado alcohólico y nivel de acidez moderado

Los seguimientos hídricos durante la temporada indican limitaciones hídricas bastante tardías, pero aún y así, ya significativas para los suelos antes del envero y muy marcadas para la mayoría de los terruños de mejor calidad después del envero. En los suelos más secantes, estas limitaciones severas provocan la pérdida de hojas bloqueando la maduración de forma precoz. Hay que tener en cuenta que estas situaciones de estrés excesivo son minoritarias y que la gran mayoría de parcelas, incluso todas aquellas demasiado proveídas en agua en la mayoría de añadas, han padecido limitaciones muy positivas este año.

El déficit hídrico marcado y las temperaturas máximas muy altas en agosto, han provocado una degradación precoz de los ácidos y más particularmente del ácido málico. Los grados alcohólicos potenciales son medianos pero observamos una progresión tardía significativa de estos últimos después de las precipitaciones del 13 de septiembre. Aunque el nivel de acidez sea bajo el pH se mantiene mayoritariamente dentro de los valores correctos, a veces bajos en los suelos arcillosos y calcáreos, un hecho que favorece la expresión aromática de las uvas. El punto fuerte de los tintos de 2015 se encuentra en su consecuente potencial tánico en relación con la riqueza fenólica de las pieles y sobre todo del elevado número de semillas por baya. Hay que tener en cuenta que la importante proporción de taninos observada en los resultados del análisis, provienen de las semillas y principalmente están ligados a la cantidad de semillas y no a su falta de madurez.

Las extractibilidades peliculares han tenido una evolución muy lenta, pero en vigilia de vendimias son globalmente superiores a la media. A excepción de las situaciones más difíciles, el potencial de antocianos total y sobre todo el extractivo de los merlot es bastante elevado aunque la medida de las bayas está dentro de la media interanual. El del cabernet sauvignon permanece elevado, pero con un peso de las bayas inferior a la media interanual.

La importante trama tánica de la añada necesita una afinación larga, hecho que es posible por sus muy buenas condiciones meteorológicas actuales y anunciadas hacia la primera quincena de octubre. Nada justifica anticipar la vendimia, con la presión además, de ser penalizado por unos vinos demasiado rígidos (como fue el caso de la añada 2006).

En los terruños arcillosos o calcáreos los blancos son equilibrados y aromáticos, a pesar de los rendimientos generales y las temperaturas tan elevadas del mes de agosto. Así como las uvas tintas lo corroboran actualmente con muy pocos aromas de evolución, los blancos han conservado un frescor aromático bastante sorprendente. En los terruños más cálidos, han sido perjudicados por las condiciones demasiado secas y demasiado cálidas en fase de maduración y muestran un perfil más neutro.

Lo que podría hacer la diferencia en 2016

La buena gestión del mildiu y de las orugas

El mildiu ha sido particularmente virulento esta primavera. Ha generado en algunos casos pérdidas de la cosecha potencial antes que el cuajado, pero el follaje ha quedado en buen estado durante la maduración gracias a las condiciones estivales muy secas.

El impacto cualitativo de las orugas del racimo (Eudemis y Cochylis) es más importante este año que el impacto del mildiu y la presión, aunque particularmente fuerte durante la tercera generación, podría avanzar la vendimia en los sectores insuficientemente protegidos.

Una gestión de los suelos adaptada a las condiciones húmedas de la primavera y muy secas en verano

Las condiciones tan húmedas de la primavera han favorecido una mineralización importante y tardía en los suelos cálidos responsables de un vigor a menudo excesivo. Fue importante mantener las coberturas temporales compitiendo contra el nitrógeno en los suelos que se secan fácilmente y, al contrario, favorecer el recalentamiento y la mineralización en los suelos arcillosos fríos. Esta gestión diferencial de los suelos en primavera fue importante para mantener las viñas en un buen equilibrio vegetativo. La cobertura vegetal tan útil en primavera en suelos de grava o arena ha tenido que destruirse en verano a medida que los signos del déficit hídrico aparecían. Las viñas muy vigorosas en primavera han tendido a malgastar el agua y a encontrarse en situación de fuerte estrés en agosto. La gestión del trabajo y de la cobertura vegetal de los suelos en 2016 ha tenido que ser diferente a la de 2015.

La gestión de la carga

La muy buena iniciación de las inflorescencias en 2015, y las condiciones de floración milagrosas sin restricciones hídricas precoces de 2016, han producido cargas potenciales importantes en numerosas parcelas. Las arcillosas han podido soportar esta cosecha generosa pero no ha sido el caso de los suelos secantes en los que los rendimientos elevados han conducido a blocajes perjudiciales. Ha sido importante adaptar la carga al régimen hídrico de cada parcela con el objetivo de optimizar el rendimiento a nivel de toda la propiedad, limitando así los riesgos de blocaje. En algunas parcelas vigorosas, a veces el mildiu primaveral ha jugado un rol esclarecedor forzado que podría tener un impacto positivo en la calidad.

Vendimias tardías

Después de la primavera y del inicio fresco del verano, las temperaturas de agosto y septiembre han permitido recuperar una parte del retraso, aunque ha sido insuficiente para hacer de la añada 2016 una añada precoz. La fenología de 2012 es la que se parece más a la de este año. Si añadimos, además, la estructura fenólica superior de 2016 parece que las fechas de vendimia tendrían que acercarse a aquellas de 2012 o ser ligeramente más tardías… La estrategia de una vendimia demasiado precoz puede resultar en vinos de una gran rusticidad.

En fin…

Sabiendo su transcurso climático y habiendo catado las uvas, es difícil comprender por qué la añada 2016 no produce más expectación estando ya al inicio de las vendimias del merlot. Su transcurso hídrico y térmico es totalmente inédito y muestra similitudes con las añadas 2000, 2010 o 2012 con un final de período más próximo al de 2010 aunque sin beneficiarse de las noches frescas que tuvo esta añada de excepción. Sabemos que, en las añadas de más calidad, la viña, en beneficio de sus uvas, pasa por fases de sufrimiento, a veces localmente excesivas. Algunas imágenes puntuales de viñas sin hojas en algunos terruños de renombre, no deberían esconder la calidad de la añada. 2016 se presenta como una añada de “clima” más que de “terruño”, con unas condiciones que hacen posible que terruños medios se acerquen a los niveles de los Grandes, un fenómeno extendido a escala Bordelesa. Este hecho caracteriza a menudo las grandes añadas. No ver las buenas cualidades de esta añada ahora que empieza la vendimia podría impedir conseguir lo mejor de ella.

¡Buena vendimia!

David Pernet y su equipo.

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