La fascinación y frustración de Burdeos

Por Andrew Black

A finales de los años 70, cuando buscaba mi primer trabajo, envié una carta a varios famosos importadores de vino en Londres, contándoles que tenía una gran pasión por el vino. ¿Podrían ayudarme? Uno de ellos, Laurence Hayward, respondió con un corto pero alentador mensaje. “Cualquiera que tenga pasión por el vino”, dijo, “se merece una entrevista”. Y así empezó mi carrera en el mundo del vino, aunque sin seguir el camino que yo había imaginado después de recibir esa carta. Mi entrevista fue corta y Mr. Hayward fue al grano. “Joven, si quieres entender el mundo del vino”, insistió, “ve a Burdeos. Cuando hayas entendido Burdeos, podrás decir que sabes algo sobre vino”. No me ofreció un trabajo, pero me consiguió un puesto como peón de bodega para uno de sus proveedores de Burdeos y lo más importante, me puso en la dirección correcta.

Al llegar a Burdeos, me di cuenta de que sólo era uno más entre las numerosas y jóvenes promesas que en los últimos años habían hecho un viaje a la mayor región de grandes vinos del mundo en busca de una carrera. En aquellos días, Burdeos tenía pocos rivales. En la típica carta de vinos de restaurante en Reino Unido, sólo los vinos de Borgoña y Alemania competían con Burdeos. Quizás hoy, el consejo que recibiría de Londres sería diferente. Sería enviado a otra región vinícola como Australia, Nueva Zelanda, California o Argentina. Sin embargo, aunque esas regiones de vino tienen mucho que ofrecer, no parece que aporten una experiencia tan completa como la que brinda Burdeos. ¿Cuantos técnicos españoles del vino han vivido y trabajado en Burdeos y luego han vuelto a España transformados y con una idea mucho más clara de lo que era un gran vino?

Entonces, ¿qué es lo que hace a Burdeos tan especial? Seguramente, hay grandes vinos elaborados hoy en día en numerosas regiones. Ciertamente, Borgoña, el Valle del Ródano, Italia, España y California tienen sus propios megastars que son rivales de los grandes Burdeos. Y no son sólo los vinos top. ¿Cuántas veces he bebido vino español por 10, 15 o 20 euros, y me he preguntado dónde se puede encontrar en Burdeos tal relación calidad-precio? ¿Es la mística la que atrae a tantos compradores de EE.UU., Reino Unido, Rusia y China, e inversores como bancos, grupos de lujo y compañías de seguros, así como técnicos aspirantes de mercados competidores que llegan hasta allí para aprender?

Algunos dirían que sí es la mística, y la historia juega un papel importante en ella. A lo largo de los siglos, Burdeos ha tenido suerte en ese sentido. Estaba convenientemente cerca del dinámico mercado inglés. El Médoc tenía una ubicación ideal para que los barcos ingleses pudieran cargar las barricas cuando Aquitania estaba bajo la normativa inglesa en la Edad Media. Después, en el siglo XVII, esa misma parte del viñedo de Burdeos proporcionaba los vinos de Lafite y Margaux, junto con Haut-Brion de Graves, para las cafeterías de moda en Londres. En los siglos XVIII y XIX, la inversión llega a estas áreas de Burdeos no sólo desde Gran Bretaña, sino también desde Holanda, Escandinavia y Alemania y es todavía evidente en la orilla izquierda de Burdeos en los nombres de los châteaux (Palmer, Cantenac Brown, Clarke, Smith-Haut-Lafite, Dillon, Kirwan, Lynch Bages, Léoville Barton, Boyd Cantenac, Talbot y otros).

Pero no siempre todo fue de color de rosa. Burdeos ha sufrido reveses que se han superado y que, de algún modo, han evolucionado hacia cosas más importantes. Cuando empecé a trabajar en Burdeos, el comercio del vino había pasado por una crisis severa. Muchos négociants eran juzgados por el tráfico y el coupage ilegal, y a una de las más prestigiosas figuras del negocio de Burdeos, cuyo negocio familiar había sido perseguido por el gobierno, se arrojó por el puente colgante de Burdeos. Los precios de los vinos se estrellaron e, incluso, los grandes châteaux pasaron por tiempos difíciles, tanto es así que los viñedos se descuidaron y los propietarios extranjeros buscaron otra salida. Château Margaux se puso a la venta y no podía encontrar comprador –o al menos uno francés; y cuando una firma americana parecía que se iba a hacer cargo, el gobierno francés intervino para detener la venta hasta que se encontrase un comprador francés.

Château Margaux, Burdeos

Château Margaux, Burdeos

Unos meses después de llegar, conduje una furgoneta hasta Pauillac con el objetivo de recoger unas cajas de Château Pichon Lalande para su envío. Una mujer con un pañuelo y unas botas de goma me saludó en medio de la lluvia e insistió en cargarlas ella misma. Se trataba, después me di cuenta, de May-Eliane de Lenquesaing. La elegante, carismática propietaria que, claramente, tenía que hacer personalmente una gran cantidad de trabajo de esa índole durante los tiempos difíciles. Curiosamente, este estado de depresión en los negocios se había visto agravado por el valioso mercado de los primeurs en Burdeos, un sistema en el que los châteaux top ofrecían sus nuevos vinos teóricamente a precios más bajos a los négociants del mercado del vino en Burdeos cuando estaban recién vinificados y tenían unas pocas semanas de crianza.

Antes de explicar por qué los primeurs empeoraron las cosas durante la crisis de los años 70, echemos un vistazo al por qué el mercado de los primeurs es tan famoso. Originariamente, este inspirado sistema de venta, en una campaña exitosa, generó dinero para todo el mundo, empezando por los propietarios de los châteaux quienes por ofrecer un buen precio eran pagados por adelantado un año antes de embotellar, hasta los négociants, quienes juntos obtenían la exclusividad de la distribución para esos codiciados vinos, pasando por los importadores, quienes que tenían unos beneficios fáciles, y los clientes finales, quienes no sólo compraban a un precio ventajoso sino también podían revender el vino y conseguir un beneficio, ya que el buen Burdeos mejoraba en botella e incrementaba su valor en el mercado. En los buenos tiempos, todo el mundo quería un pedazo de esta operación.

Este emocionante fenómeno de marketing contribuyó al aura de Burdeos. Ha generado una especial atención en los últimos años y ha logrado no sólo atraer a los compradores internacionales, sino también a los especuladores, periodistas, emprendedores, así como, más recientemente, a una clase de consultores especializados en vino que saben cómo obtener las muestras primeurs para mostrarlas en su mejor momento en el mes de marzo de cada año. Sin esta tradición única, Burdeos no sería tan especial.

Una de las particularidades de este sistema es que los propietarios de los châteaux no venden (o más bien, no distribuyen) su vino. Ese es el trabajo del négociant. Dado que en Burdeos hay cientos de négociants, se les asigna un château a varios de ellos, teóricamente para cubrir diferentes mercados. Sin embargo, en la realidad, esos négociants compiten entre ellos y también son reacios a divulgar la información sobre sus clientes, incluso a los propios châteaux. Imagínese una bodega española top que desconoce quién compra sus vinos. Eso sería inconcebible: en Burdeos es normal.

Aunque los propietarios de los châteaux top no saben dónde se venden sus vinos, tienen sin embargo un gran poder en el proceso, ya que los négociants están obligados a asumir sus asignaciones cada año si quieren seguir en este juego. Pero, ¿cómo pueden los propietarios de los châteaux, quiénes no tienen contacto con el mercado exterior, tener alguna idea de cuál es el precio correcto a ofrecer al négociant de cada añada? En el pasado, a los négociants se les acusaba de bajar los precios de salida para conseguir mayores beneficios. Hoy en día, se acusa a los propietarios de lanzar precios altos, haciendo presión sobre los márgenes de los négociants. La respuesta tradicional a este tira y afloja es el courtier, una figura que se sitúa entre un bróker y un notario, el intermediario entre ambas partes, y quien debería encontrar el precio correcto de salida para una exitosa campaña de primeurs. Por esta responsabilidad, el courtier generalmente recibe un 2% de comisión en las ventas.

Cata Bordeaux_Primeur_Andrew Black_Vila Viniteca

En los buenos años, los négociants comprensiblemente asumen sus asignaciones con alegría, particularmente si los precios de salida ofrecidos por los propietarios del château son atractivos. Pero, ¿quién puede estar realmente seguro de la calidad de una añada en el primer período de la vida del vino? ¿No es un enorme riesgo para un bien incierto? Aquí es dónde la historia entra en Burdeos. Cuando los compradores hacen una inversión en un vino que sólo se ha vinificado unos seis meses antes, necesitan más que una cata favorable de ese nuevo vino; requieren la reconfirmación de la trayectoria del château. Los grandes vinos son como los valores seguros de la bolsa. En 1855 muchos vinos de Burdeos fueron oficialmente clasificados en base a su historia. Esta clasificación sigue siendo una guía útil, ¿pero cómo de pertinente es tal ranking hoy en día? ¿Y cuántos de estos châteaux, además de los First Growths tienen un historial lo suficientemente bueno como para incitar a los compradores a arriesgar su dinero en una cosecha menor?

Este elemento de riesgo siempre ha existido, y por este motivo los buenos catadores en primeur son esenciales para esos châteaux que no tienen un historial. Es también porque desde los años ochenta, Robert Parker, reconocido como buen catador para los vinos en primeur, ha sido muy importante para Burdeos. Antes de esa década, muchos críticos de vino eran también hombres de negocios que trabajaban para los comerciantes de vino. Nadie realmente decía a los consumidores de vino “no compréis esta añada” o “ese château ha trabajado mal este año”. La responsabilidad era de los compradores que cataban con cuidado y seleccionaban bien para sus mercados.

Con Robert Parker desaparecido del escenario de los primeurs de Burdeos este año, el futuro del sistema parece de repente menos seguro. Los cínicos podrían afirmar que las catas de primeurs son de todos modos una farsa, y que las muestras de barricas hoy no siempre son una muestra representativa del vino que se va a embotellar. Otros pueden quejarse de que la semana de primeur se lleva a cabo demasiado pronto para juzgar la calidad de un vino. Según mi punto de vista, los catadores de primeurs competentes (y estos son muy pocos según los elaboradores de Burdeos) ven lo suficiente como para formarse una opinión considerada. En cualquier caso, el problema actual no es tanto la calidad, ya que las cosechas actuales son mejores que nunca, sino los precios de salida, que son una fuente de resentimiento en los mercados tradicionales de Burdeos. Y esto me lleva de vuelta a mi experiencia en Burdeos a finales de la década de los setenta.

En aquellos sombríos años, el sistema de primeurs estaba fuera de control. La década de los sesenta no había sido buena para las cosechas de Burdeos. Alrededor de la mitad de sus añadas fueron malas, algunas de ellas, desastrosas. Cuando una muy buena cosecha de Burdeos llegó en 1970, los compradores se apresuraron a comprar. Esto fue seguido por otra añada prometedora en 1971, y el dinero continuó fluyendo; y luego el ciclo de la vid prometía una añada 1972 también de calidad. Burdeos estaba en racha, y los precios se dispararon por el incremento de la demanda. Aparentemente,  incluso se pagó por la cosecha de 1972 aunque todavía no se había vendimiado. La especulación estaba a la orden del día. Y entonces sucedió lo inevitable: la vendimia de 1972 resultó ser de calidad pésima. El boom pronto se convirtió en un fiasco. Los négociants no podían vender sus asignaciones de 1972. Algunas casas desaparecieron; otras siguieron adelante a la espera de la próxima ola de buenas cosechas para mantenerse a flote. Yo fui quizás uno de los pocos que se beneficiaron de esta triste situación. Al final de la década, los vinos de 1972 vendidos al por menor tenían un precio más bajo que el de su salida. Incluso, con mi modesto salario podía permitirme comprarlos. Muchos de esos châteaux nunca los había probado antes.

Primeurs_Andrew Black_Vila Viniteca

Me imaginé que esta experiencia castigadora serviría de lección para Burdeos. Es verdad que, actualmente, nadie compra uvas antes de que se vendimien –hasta donde yo sé ahora es ilegal. Pero el sistema continúa, con los precio yo-yo de un año para otro. Burdeos sigue teniendo suerte; cada vez que un mercado abandona porque los precios han subido desmesuradamente llega otro: EE.UU, Asia, Rusia, Londres o China. Y luego aparece la “añada del siglo” y todo el mundo se embarca de nuevo. Pero la última “añada del siglo”, la de 2010, todavía está guardada sin vender en las bodegas de muchos négociants a causa de su alto precio de salida.

Desde hace semanas, el tema aquí es la presión sobre los precios de 2014. ¿Caerá Burdeos a los niveles de 2008 tal y como está pidiendo el mercado? Seguramente no, y eso está haciendo que muchos négociants se pongan particularmente nerviosos. Algunos han dicho que se trata del momento clave de Burdeos (make or break), y que el sistema de primeurs está en un terrible peligro. Tal vez es así o tal vez otro boom está a la vuelta de la esquina. Eso es el glorioso e impredecible Burdeos y la razón de que muchos de nosotros estemos fascinados y a la vez frustrados por ello. ¿He entendido ya Burdeos? ¿A quién le importa? ¡Nunca tuve la intención de volver a Londres de todos modos!

Andrew Black
De nacionalidad británica y licenciado en Lenguas Modernas por la Universidad de Sheffield, Andrew Black empezó su carrera en un négociant de vinos de Burdeos trabajando en los mercados anglosajones. En 1993, empezó su propia empresa de enseñanza 100% dedicada a la formación de profesionales del vino. Imparte todo tipo de cursos en la región de Burdeos desde grupos empezando en el mundo del vino hasta formaciones a medida para directores de châteaux como Pétrus, Margaux, Cheval Blanc y Ausone. Desde 1998 divide su tiempo entre Francia y España donde ha impartido cursos de vino en inglés para 9 Cámaras de Comercio y 6 Consejos Reguladores, así como para varias bodegas en directo. Además, es el traductor para numerosas bodegas en ambos países. Simultáneamente ha sido el fundador de Premiere Presse, una newsletter que ayuda a los productores de vino a comunicarse en inglés con los periodistas y los importadores de vino. Actualmente está desarrollando un proyecto de enoturismo en Burdeos y en 12 regiones de España. En su tiempo libre, cultiva un pequeño viñedo en su jardín con el que produce una barrica de vino cada año.

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