La gastronomía y el turismo en Barcelona, un motor económico que hace país. No un perjuicio para el ciudadano ni en beneficio de las élites 

Por Manel Casanovas

En los últimos años la ciudad de Barcelona ha disfrutado de un crecimiento del nivel gastronómico de primer orden; paralelamente hemos visto como año tras año los visitantes tanto de turismo vacacional como de negocios (ferias, congresos, incentivos…) no han parado de crecer y sitúa a la ciudad a la cabeza de muchos rankings de nivel mundial.

Sin querer buscar una relación aritmética entre el uno y el otro, sí que me gustaría destacar qué efectos y beneficios tienen estos dos hechos.

Por un lado, está claro que el crecimiento del nivel gastronómico ha sido fruto del trabajo de mucha gente y desde hace tiempo, con la ayuda evidente de algunas personas que con su singularidad y visión de vanguardia han situado nuestra cocina como bandera y guía para muchos profesionales alrededor del mundo. Por otro lado tenemos el crecimiento de la demanda de visitantes (más de 14 millones de personas pernoctan en la ciudad de Barcelona cada año), hecho que no podemos atribuir solamente a las circunstancias coyunturales, climatológicas o de oferta arquitectónica y cultural de primer nivel. Estoy convencido de que entre los muchos motivos que hacen de Barcelona un destino muy atractivo, la gastronomía es una de las piezas clave. Con esta afirmación quiero decir que nuestra oferta y atractivo se basa sobre todo en las experiencias que tienen relación con el estilo de vida, con el ocio, con la tradición, con la estacionalidad del producto de proximidad y, en definitiva, con la utilización de la cocina catalana como una muestra identitaria.

No quiero desligar un hecho del otro; todo lo contrario, creo que tienen mucha relación. Es la demanda lo que fuerza la oferta para mejorar, y es esta mejora lo que satisface la demanda y hace que el visitante repita o se convierta en prescriptor.

¿Y cómo ayuda eso a hacer país y qué hace que sea tan transversal a nivel económico? La respuesta es evidente. Gracias a la apuesta clara de muchos cocineros por la cocina catalana, los primeros beneficiarios son los productores de aquí, el pequeño productor del Berguedà que sirve las pulardas a los mejores restaurantes de la ciudad, o el que sirve patatas del Solsonès o el pescado de L’Escala o el cerdo de Osona… Los mercados de producto fresco de la ciudad (una de las redes más bien estructuradas del mundo). Siempre me gusta repetir lo que me comentó sobre Turismo un carnicero del mercado del Clot (por cierto, sin ningún turista entre sus clientes); él tenía muy claro el calendario de congresos y ferias de la ciudad para cuadruplicar las compras y contratar más personal. No es necesario decir lo que representa en porcentaje de clientes si hablamos de restaurante de “alta gama”. En muchos casos reconocen que representan hasta un 70% de su clientela. No cabe incidir en lo que supondría no contar con esta demanda a nivel de puestos de trabajo y riqueza en general. Según datos de Turisme de Barcelona, el año pasado sólo con tarjetas de crédito extranjeras y sin contar el cash son más de 300 millones de euros.

Últimamente estamos viendo que hay en la ciudad y en sus actuales autoridades voces muy críticas con el turismo, me parece que son fruto de una primera mirada sin mucha profundidad. Si hablamos de bienestar, de justicia social, de desahucios… No podemos negar o no cuidar un sector que nos está trayendo trabajo, riqueza y, además, muy repartida. Debe quedar claro que estoy de acuerdo en la ordenación, en el respeto a los vecinos, en las prioridades sociales, pero eso no quiere decir “disparar” hacia la oferta que nos da nombre y riqueza y que es fruto, en el caso de la gastronomía, del trabajo de muchos pequeños negocios y de gente con nombre y apellidos que cada día sube la persiana con voluntad de seguir manteniendo y reforzando el nombre de Barcelona relacionado con una de las capitales mundiales de la gastronomía.

Manel Casanovas
Inició su vida profesional a los 17 años trabajando en una agencia de viajes y, al poco tiempo, junto con cuatro socios creó su propia agencia de viajes de aventura. Regentó uno de los primeros albergues juveniles de Barcelona y en 1989 empezó a trabajar en la promoción de Barcelona. Allí ha desarrollado la mayor parte de su vida profesional con un intervalo de dos años, cuando desarrolló labores como Director Comercial y de Zona para AC Hoteles. En Turisme de Barcelona ha sido el responsable de diferentes programas, así como de impulsar el Año de la Gastronomía, del que fue comisario por encargo del Ayuntamiento de Barcelona. En los últimos años, ha ejercido como Director de Marketing y Promoción en la misma entidad. Desde hace 7 años, también es el vicepresidente y responsable de marketing de la red mundial Delice Citys, que agrupa más de 25 ciudades que trabajan por la difusión de la gastronomía como eje de su promoción. Estas funciones las compagina con un proyecto global en el Santuario del Miracle, su residencia.

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