La némesis del Rioja

Sostenibilidad en La Rioja

Por Abel Mendoza

¿Se imaginan una D.O.Ca. Rioja con 120.000 hectáreas de viñedos (ahora hay unas 65.000) y una producción de 600 millones de litros de vino (unos 300, actualmente)? Es muy posible. En los últimos 30 años se ha duplicado la superficie y triplicado la producción y la comercialización. La liberalización administrativa europea está en marcha y en poco más de una década es posible que se haya impuesto la libertad total para plantar en cualquier sitio.

Ahora hay registrados poco más de 15.000 viticultores riojanos en 142 municipios, aunque sólo unos 3.500 cultivan cerca del 50 por ciento de la superficie total. La concentración de la propiedad se ha disparado en muchos pueblos. Hay multipropiedad catastral en las familias, pero sólo uno de sus miembros vive de ello.

Las grandes bodegas, los fondos de inversión y los especuladores puros han entrado en el mercado de la tierra y con los altos precios que han pagado por hectárea de viñedo han dañado el fondo financiero de los agricultores que quieren aumentar sus propiedades y han cerrado cualquier oportunidad de hacerse con un viñedo a los jóvenes que desean elaborar sus vinos. Una dificultad más, signo de los tiempos, para los que quieren quedarse.

“Vendo todo. Tierras, tractores y lonja o bodega” Es el anuncio que llega a los oídos de los viticultores de forma casi continua. Los productores de uvas y vino se han hecho mayores, no tienen descendencia o, si existe, no quiere continuar bajo el yugo de las cepas y los siempre azarosos precios. No les atrae esta forma de vida y no quieren tener su residencia en el pueblo. No hay servicios ni oportunidades laborales para sus familias, sería el resumen de su tajante decisión.

Los pueblos de la vid se vacían. Y no hay forma de revertirlo. Se van y muchas de las veces no por motivaciones económicas –como ocurrió en la segunda mitad del pasado siglo–, sino para lograr los envidiados estados de bienestar que ofrecen las ciudades: sanidad, colegios, universidad, más oportunidades laborales y sociales. Las mismas justificaciones que se dan en todo el mundo para emigrar a la ciudad.

El pueblo no puede ni tiene que competir con la ciudad. Debe ser pueblo, pero con un anhelo de gobierno centrado en defender sus formas de vida e incorporar otras nuevas, que proteja su patrimonio histórico e inmobiliario, su naturaleza y sus paisajes agrarios, sin agredir el medioambiente, y apele a unas relaciones laborales saneadas. El objetivo: DESARROLLO SOSTENIBLE. Para lograrlo, hay que facilitarlo, y, en eso, las administraciones deben implicarse a fondo, igual que los vecinos.

Las dificultades son muchas, pero la meta es que los pueblos sobrevivan y que generen atracción en hombres y mujeres que quieran trabajar, en sus diferentes ámbitos profesionales, desde el mundo rural. Donde unos cristalizan en una condena su futuro en los pueblos, otros ven no pocas oportunidades. Quizá nunca tantas como ahora. El cultivo en ecológico, el turismo, las redes sociales para ofrecer y vender productos a todo el mundo, la paz y el sosiego frente a la gentrificación. Sumen otras muchas razones. Algunas hasta pueden soñarlas, porque son posibles. Hace falta tiempo y empeño.

En el mundo del vino y la viticultura, las grandes cifras llevan a pensar que el sector está muy democratizado, pero eso sólo se revela en el ámbito estadístico. En realidad, salvo que seas beneficiario de una herencia, los jóvenes agricultores inquietos y los enólogos formados en medio mundo lo tienen muy difícil para empezar y decidirse a vivir en los pueblos sin miedo al fracaso. Para ello necesitan estar exentos de amenazas normativas a veces absurdas. Aprenderán de sus vecinos y éstos de esos locos chicos y chicas que saben idiomas y química, pero que nunca han “doblado el lomo” en la vid.

La SOSTENIBILIDAD del Rioja –y su capacidad de competir de igual a igual con las otras grandes regiones vitivinícolas del mundo– dependerá en buena medida de ellos, de sus propuestas vitivinícolas, de los riesgos que asuman en el cultivo de las cepas, de que las administraciones no les ahoguen con normas que coartan e impiden la creación de nuevos vinos, sin por supuesto violar ninguna legislación alimentaria. De su heterodoxia surgirán nuevos paladares. No deben ser enjuiciados como una patología nueva para el Rioja de todos los tiempos. Al contrario, deben ser apoyados porque son el futuro de la sostenibilidad de la denominación, como ya ha demostrado alguno de ellos.

En Rioja, unas 40 bodegas de las 600 que tienen registro embotellador, comercializan el 80 por ciento del vino. Catorce de ellas, más de la mitad del total. En el conjunto de España, hay unas 4.000 bodegas, muy lejos de las 35.000 con que cuenta Italia y las 31.000 que hay en Francia. Apoyar a nuevos pequeños operadores que trabajen por la excelencia en el vino engrandecerá a toda la denominación y favorecerá su sostenibilidad económica y social. Las escuelas no se cerrarán en ningún pueblo.

Abel Mendoza
Abel Mendoza Monge (1961, San Vicente de la Sonsierra – La Rioja) trabaja la vid y hace vino desde siempre. Con su padre, Pedro, supo que la buena uva es cosa de destripaterrones, y en eso sigue, cuidando racimos. Sus botellas son consecuencia de sus imperfecciones, las propias de los autodidactas, de los que han aprendido con sus errores.  

Impactos: 93

Este artículo tiene 5 comentarios

  1. JAVIER PASCUAL Reply

    Como sus vinos, las opiniones de Abel son siempre fruto de un profundo y sincero sentimiento de arraigo a la tierra y a una forma de vida propia de los pueblos vinateros riojanos, amenazada por el signo de los tiempos y abocada a la desaparición. Sentimientos que expresan una visión romántica e incluso de resistencia heroica, identificada con su propia forma de trabajar la viña. Sentimientos que hacen grandes sus vinos. Yo sí me imagino una D.O. Ca. Rioja con 120.000 has. Sería como Burdeos, que no parece tan mal ejemplo con sus 5.000 bodegas y, como allí, daría cabida a muchos más Abel Mendoza diseminados por los pequeños núcleos rurales. El problema no está en el tamaño, sino en el enfoque y la estrategia, asunto sobre el que Abel acierta en su análisis, con algunas recomendaciones interesantes para hacer sostenible y competitivo el modelo.

  2. José Luis Martínez Reply

    Hola Abel, muy de acuerdo con tu comentario. El futuro está por el desarrollo endógeno y por sumar también todo lo bueno que tiene el Enoturismo como dinamizador de todos los entes que tienen algo que decir en el mundo del vino. En una sociedad como la nuestra creo que hay exceso de licenciados de profesiones y/o oficios de dudosas salidas profesionales y aún muchos remilgos por dedicarse a la noble tarea de la Agricultura. También te digo que es algo digno de elogio por todos los sufrimientos que tenéis mirando al cielo en años como éste y por los enormes sacrificios personales que realizáis. De ahí que nada tenga que ver el valor añadido que tratan de arrancar los pequeños productores con proyectos industriales, que, siendo igual de lícitos, nada tienen que ver en cuanto al enfoque.
    Sólo difiero en que en Espala, según tengo entendido, hay entre 6 y 7.000 bodegas en toda España con más de 20.000 marcas de vino y en que el Enoturismo es otra herramienta con la que las pequeñas bodegas tienen mucho que ganar, dado que el mensaje y el entusiasmo que lanzan de forma directa a los visitantes no tiene parangón. Un abrazo, Abel

  3. Maite Reply

    Aupa, Abel!! Esperemos que alguno de nuestros jóvenes deseen trabajar en su tierra y por supuesto, puedan conseguirlo. Estoy segura que les vendrá bien tener como referencia gente como tú, que ama su profesión y su pueblo y eso al final se traduce en elaborar unos buenos vinos…lo que se hace con cariño, siempre sale excelente!!
    Un saludo y que ambos, Maite y tú, sigáis con vuestra bonita tarea.

  4. Eladio Gutiérrez Reply

    Magnífico y esclarecedor trabajo, que conviene hacerlo correr hasta que llegue al despacho de los gestores públicos con responsabilidad de gobierno. Leerlo no les hará daño, como mucho les sacará los colores.

    El escrito, además de puntualizar con verdades de barquero el fenómeno de las estadísticas (qué malo es dejarse engañar por ellas, o no saber interpretarlas como corresponde, que viene a ser lo mismo), infunde la energía necesaria para afrontar dificultades que aunque sean evidentes no tienen por qué ser insuperables.

    En la línea del párrafo anterior, ¿es mucho pedir si se pide al autor que en un próximo artículo desarrolle detalles inherentes a las “amenazas normativas a veces absurdas” que aquejan al Rioja? Viendo esos detalles escritos, quién sabe, a lo mejor los instructores de esas normas escuchan el “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”, que hizo caer del caballo al apóstol hostigador de cristianos.

  5. Eladio Gutiérrez Reply

    Magnífico y esclarecedor trabajo, que conviene hacerlo correr hasta que llegue al despacho de los gestores públicos con responsabilidad de gobierno en La Rioja. Leerlo no les hará daño, como mucho les sacará los colores.

    El escrito, además de puntualizar con verdades de barquero el fenómeno de las estadísticas (qué malo es dejarse engañar por ellas, o no saber interpretarlas como corresponde, que viene a ser lo mismo), infunde la energía necesaria para afrontar dificultades que aunque sean evidentes no tienen por qué ser insuperables.

    En la línea del párrafo anterior, ¿es mucho pedir si se pide al autor que en un próximo artículo desarrolle detalles inherentes a las “amenazas normativas a veces absurdas” que aquejan al Rioja? Viendo esos detalles escritos, quién sabe, a lo mejor los instructores de esas normas escuchan el “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”, que hizo caer del caballo al apóstol hostigador de cristianos.

Deja un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *