La noche

Por Àngel Juez

La noche

Al terminar del trabajo, cualquier trabajo, no apetece ir a dormir. Se trata de acostarse tarde. Ésta es mi visión, seguramente habrá otras. Empezamos.

La vida es corta pero ancha y sin duda la noche es media vida. La noche es mística, da miedo, la noche distorsiona y confunde, destiñe, es romántica o canalla. Por la noche se hace el amor y se organizan las guerras. La noche es cara y musical, incluso el silencio de noche es música, de noche salen los sentimientos. ¿Quién no ha ahogado sus penas, expresado sus alegrías o explicado sus inquietudes? ¿Quién no se ha enamorado de noche? ¿Quién no sueña durmiendo?

De noche la luna actúa

Por la noche pasas cosas, hay espectáculo, el cuerpo tiene un comportamiento especial, cambian los colores y los olores. La noche es fiesta, hay conciertos y bailoteo, se va al teatro o al cine, y cuando se acaba vuelves a la cruda realidad. Ya se sabe “noches de desenfreno, mañanas de Ibuprofeno”, antiguamente decían “noches alegres, tristes mañanitas”.

Pero de noche no todo el mundo baila, sino que se lo digan a los panaderos, a los doctores, a los médicos y a los vigilantes, o a los jugadores, a los ladrones y a los impostores, y a la gente de guardia en general.

De noche hay sustos

La noche a menudo es mágica y la magia tiene trucos que hay que conocer para evitar el engaño y conservarlos para mantener el encanto. La noche se tiene que conocer para poder pasearse por ella sin tropiezos. Hay noches de todo tipo: de luna nueva, de carnaval, de San Juan. Hay noches buenas, noches de bodas y noches de fin de año. Hay noches de nacimientos y también muertes. Nos faltan las de luna llena. Alerta con la luna llena.

La noche y la hostelería

La noche es para vivirla, pero estaréis de acuerdo conmigo que para que una mayoría la viva, una minoría la tiene que sufrir. Hay lugares donde no hay noche. Hay lugares de negra noche.

De noche se trabaja con los sentimientos, de noche se necesitan anfitriones y ésta es la tarea a la que se dedican todos los profesionales de la hostelería. No en vano, te esperan bares y restaurantes, prolongaciones de la vida que, a veces, si no se saben enchufar sacan chispas. Si toda va bien te encontrarás como en tu casa.

Cuando llega la noche, y cada día de la semana es diferente, hay un abanico de posibilidades (“vamos p’aquí, vamos p’allà, ¿no?”) para todos los gustos, para todas las edades y para todos los bolsillos. Desde siempre, ha habido cosas que no tienen precio, con dinero o sin él.  

La cultura del bar está cambiando en general y en la noche en particular, evoluciona. El bar Manolo está en vías de extinción. La gente ya no va a los bares en masa cuando termina de trabajar, unos porque no tienen trabajo, otros porque son inmigrantes. Todo ello ha provocado que se creen focos muy activos de bares populares en todos los barrios de la ciudad. A menudo son vermuterías y vinaterías, algunas de ellas tocan bien la tapa y el platillo a precios populares. “Las vinotecas” permiten a menudo que compres una botella de vino a precio de tienda y te la puedas tomar pagando el “descorche” que nunca es demasiado. Los más jóvenes son aficionados a los bares cooperativos que siempre son baratos y tienen mucha ética. A todo este abanico se añaden las bodegas, recuperadas o no.

Si subimos un poco más arriba en poder adquisitivo encontramos vermuterías – restaurantes de todo tipo o unos cuantos bares para degustar conservas en lata de calidad artesanal. No es menos numerosa la oferta de la taberna y el gastrobar. Muchos escogen a primera hora las coctelerías y no hay pocas. Visto el abanico de posibilidades es la hora de hacer planes. El plan número uno casi siempre es la cena. La noche sigue.

No hablaremos mucho de la cantidad de cenas sórdidas que se producen, solo apuntar que hay de muy dignas y también mucha tomadura de pelo. A todo el mundo le gusta ir a cenar bien, es la fiesta del día, hay auténticos entendidos y sobra la información, buena o no. Ahora todo el mundo sabe, “los bonvivant” se han multiplicado.

La oferta de nuestra ciudad está más que preparada en cuanto a restaurantes de élite. Allí donde el trato es exquisito, allá donde puedes encontrar aquellos vinos, allá donde te puedes poner aquel vestido.

Hay excelentes establecimientos de casi todas las culturas culinarias del mundo, la primera la de la cocina catalana y sus chefs que han evolucionado los platos tradicionales. Ha sido fusionada, tuneada, vilipendiada y glorificada. La cocina de todos los pueblos de España sigue siendo un referente.

Lo más importante que nos ha pasado últimamente ha sido la implantación de la cocina asiática. La ciudad está repleta de buenos restaurantes de este continente. Destacan los japos con luz propia. Desde siempre hemos tenido buenos italianos de las diversas regiones, sin la pizza y la pasta no seríamos nadie. Sorprende la calidad de algunos griegos y de los árabes, tanto libaneses como egipcios, tanto mesopotámicos como turcos. Muy líderes son los mejicanos y todo el continente latino en general. La cocina peruana es la más apreciada actualmente para los entendidos, el “asadito” no morirá nunca. En Oceanía no tienen cocina y de Norte Americanos hay unos cuantos.

No nos podemos olvidar de la madre África y sus arroces, como tampoco de Europa del Este ni de Alemania. Francia sigue estando muy bien posicionada. Los países nórdicos a veces consiguen la excelencia. Y de Inglaterra siempre nos quedará el Roast Beef.

En cuanto al interiorismo tampoco nos quedamos atrás, algunos restaurantes tienen incluso vista. Hay para todos los ángulos de la estética, desde cenas románticas en pareja, siguiendo por todos los tipos de salas y salones, y un buen número de reservados de todo tipo. Nunca han faltado grandes barras para cenar. La cocina a la vista es un “atrezzo” natural.

Si queremos seguir la noche debemos escoger. El que es oportuno no molesta a nadie y de pesados siempre habrá.

Durante las cenas se bebe vino y casi siempre acaban con licores. Podemos retirarnos o no. Si seguimos, el camino ya es más estrecho. Nos esperan los bares de noche para tomar copas, los musicales para bailar desde primera hora y las coctelerías que regalan fantasía y alimentan los sentidos. Hay bares de hotel que organizan fiestas espectaculares con la gente más exclusiva de la ciudad. También hay un bar con alma a pesar de que son muy pocos.

Es la hora de los sentimientos, allá donde todo se relaja, es el momento de liarla y triunfar.

Los bares de copas y las coctelerías son como un concierto de flamenco, siempre hay un momento para una exclamación o unes palmas (sordas por favor). Si no se hace en el momento preciso los artistas os fundirán con la mirada. En los bares quien os hará callar son los camareros. Se dicen muchas mentiras en los bares pero hay normas de comportamiento que hay que respetar.

De nada sirve preparar, calcular o esperar, siempre cuando menos te lo imaginas la noche se vuelve eterna. Cualquier noche puede ser la noche de tu vida.

Después de los bares de copas puedes retirarte o no. Si decides seguir de ruta te esperan las discotecas, allí donde se baila y casi no se puede hablar, se va a lo que se va. También hay establecimientos que cierran tarde donde la música no es tan fuerte y te puedes comunicar hablando. Quedan pocos, pero todavía hay algún bar clandestino que lleva a la noche terminal.

Somos conscientes que en el mundo de la noche hay dos parámetros más importantes, se trata del mundo del sexo y el de las drogas, que no desaparecerán nunca y se merecen un capítulo aparte.

Siempre hay noches que aportan algo, pero es muy posible que no aporten nada.

La próxima parada es peligrosa, puede transformar el Doctor Jeckyll que llevamos dentro en un Mister Hyde brutal. Son los “afterhours”, protagonistas de la noche sin fin que seguramente durará hasta el mediodía. Hay luz, pero no la ves. Muchas noches de sábado son así a pesar que el lío está garantizado cada noche.

La realidad se encargará de poner las cosas en su lugar, no tiene miedo a la oscuridad.

Como podéis imaginar son millones las cosas que pasan de noche, tanto en los bares como fuera de ellos, se come, se bebe, se fuma se fornica y se consume hasta la saciedad.

El sol se pone, las puertas se cierran. Se encienden las luces.

Se hace de noche, la luna sale. Y tú, ¿sales?

 

Àngel Juez

Nace en Barcelona en 1953. Cursa estudios hasta preuniversitario. Con diecisiete años se incorpora a la empresa familiar de accesorios de automóvil hasta los veinticuatro, cuando coge en traspaso el bar L’Ascensor. Combina este trabajo con colaboraciones con diversas empresas del mundo musical, destacando el management del guitarrista Toti Soler y la Barcelona Boulevard, para quien organiza conciertos internacionales. En el año 91 recibe el encargo de programar todos los eventos musicales en la Vila Olímpica durante los Juegos Paralímpicos; y sigue con esta tarea en las carpas de la Devesa y después en la sala Platea de Girona.

A parte del bar L’Ascensor, también dirige durante unos años el bar del Walden. En el año 93 monta el Vici de la bici, al lado de la oficina de ventas de Nova Icaria. En 1994 coge el traspaso del café bar Fusina en el Born, que regenta durante quince años. En el año 99 obtiene la concesión del bar Sherlock Holmes del Barcelona Pipa Club en la plaza Real hasta enero de 2006.

En su faceta de cronista forma parte del Col·lectiu Yate que edita con “Plaza & Janés” Barcelona Bar, la primera guía moderna de bares de la ciudad. En el año 91, junto con Oriol Comas y “Parsifal Ediciones”, salen Nits de Bars con gran éxito de ventas. En el año 2011 edita Barbaritats, un pequeño manual de hostelería nocturna y en 2018 Històries de Bàrbars.

Actualmente dirige su bar, L’Ascensor, y promete una segunda y una tercera parte de Històries de Bàrbars: un compendio técnico, histórico y anecdótico sobre hostelería.

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