Lo mejor de 2022 (III). Una cata irrepetible de 22 añadas de Castillo Ygay para The Wine Advocate

En mayo de 2010 había tenido la suerte de que Vicente Dalmau Cebrian-Sagarriga me invitara a una cata excepcional, con motivo de la visita de Jay Miller a su bodega, justo unas semanas antes de la inauguración oficial de las reformas que llevaba años realizando en el Castillo. La selección era increíble, con Marqués de Murrieta Blanco Reserva 1925, 1950, 1981 y 1984 y Castillo Ygay tinto Gran Reserva Especial 1934, 1942, 1952, 1978, 1994 y 2001. La degustación para mí fue histórica, y de una dimensión que me dejó tan conmocionado que aún hoy comentamos y recordamos con María Vargas —la brillante enóloga de la bodega y mano derecha de Vicente Dalmau— aquella botella de blanco de 1950. Había disfrutado antes, y en repetidas ocasiones, unas cuantas botellas excelentes de Ygay 1968, 1952, 1942 y 1925, pero aquel día me conmocionó la grandeza de los vinos maduros —o viejos— de Murrieta. Así pues, cuando Vicente Dalmau y Luis Gutiérrez me invitaron —junto a Ignacio Villalgordo, Estanis Núñez, Dirk Niepoort y por supuesto María Vargas— a su cata vertical de todas las añadas de Castillo Ygay tinto que guarda la bodega, sentí que me habían hecho un regalo excepcional, único e irrepetible.

Finca Ygay, 26 de mayo de 2022

Por la mañana y justo antes de la degustación, visitamos las impresionantes y novísimas salas de vinificación y de crianza. Después María nos presentó algunos de los diferentes lotes de Castillo Ygay, con los tempranillo que serán los componentes de las futuras añadas 2017 y 2019, y el graciano y mazuelo de la añada 2021, para terminar con Castillo Ygay 2012 ya embotellado.

Al mediodía e instalados en una gran mesa en una sala del Castillo, empezó una cata de misterio, en el desconocimiento de unas añadas históricas, con algunas botellas sin pistas y con diferentes embotellados.

Decía Vicente Dalmau: “Es la primera vez en la historia que hacemos una cata vertical de Ygay”.

Las botellas se descorcharon al momento y se sirvieron sin decantar, en orden cronológico, degustando botella a botella, de la cosecha más vieja a la más joven.

LOS CASTILLO YGAY

De Castillo Ygay quedan en la bodega una botella de 1894 y otra de 1897 —posiblemente las más antiguas que existen— que se guardan en el museo de la bodega y que no participaron en la cata. Tampoco participó en la cata la añada 1932 —por falta de stock en la bodega— que Luis Gutiérrez recordaba haber disfrutado en el restaurante Rekondo.

Castillo Ygay 1904.
Descorchó esta botella única Dirk Niepoort, verdadero especialista en abrir vinos muy muy viejos. Se cambió el corcho en el año 1964 y en bodega quedan solamente 4 botellas. No hay datos de variedades, ni de tiempo de crianza, ni de fecha de embotellado. Su color es precioso, con los reflejos verdosos que anuncian un vino muy anciano. Su perfume preciso y delicado recordaba los viejos Château Latour. ¡Qué boca! ¡Qué longitud y textura! El umami y un punto salado. ¡Maravilloso a sus 118 años!

Vicente Dalmau: “Recuerdo haber bebido un Castillo de Ygay 1904 en bodega, que mi padre le abrió a Graham Green, que era su año de nacimiento.”



Castillo Ygay 1917.
Variedades de uva:
52% tempranillo, 20% garnacha tinta, 16% mazuelo y 12% graciano.

Proceso de crianza: 7 meses en depósito. 541 meses en barricas de roble americano.
Fecha de embotellado: julio 1963.
Se desconoce la fecha del cambio de corcho, que salió cortado. En bodega quedan 7 botellas.
Aquí hay un cambio de registro respecto al 1904. Su perfume vira hacia las maderas finas de un mueble viejo, y aparece el alcanfor. En boca es increíble, con más materia, amplitud, grasa, longitud y peso. ¡Muy bueno a sus 105 años!

Castillo Ygay 1919.
Salió a la venta en 1948. A la botella que disfrutamos se le había cambiado el corcho en 1966.

Tan solo queda 1 botella en bodega.
¡Menuda subida de color! ¡Wow! Tiene el perfume, el peso, una potencia refinada, con el volumen y un tanino con una trama impresionante envuelta en grasa. ¡Maravilloso!

Castillo Ygay 1925.
Variedades de uva:
 49% tempranillo, 19% garnacha tinta, 17% mazuelo y 15% graciano.

Proceso de crianza: 8 meses en depósito. 60 meses en barrica seminueva. 393 meses en barricas antiguas, con incrustaciones de bitartratos.
Fecha de embotellado: abril 1964.
Tienen una botella en bodega, que era el testimonio que guardaban para certificar una exportación. Al principio su textura se muestra más rústica. En la copa y a medida que pasan los minutos va cambiando y gana en todo. Tiene peso, volumen… ¡Ha resucitado!
“A mí me parece brutal” decía María.

Castillo Ygay 1934.
Variedades de uva:
tempranillo 55%, mazuelo 18%, garnacha tinta 16% y graciano 11%.

Proceso de crianza: 8 meses en depósito. 48 meses en barrica seminueva. 408 meses en barricas antiguas, con incrustaciones de bitartratos.
Fecha de embotellado: julio 1974.
Al principio estaba muy cerrado. Su nariz hermética se fue abriendo, dando paso a una boca con materia y un tanino precioso.
“Esta maravilla…” decía Luis. Su preferido.

Castillo Ygay 1942.
Variedades de uva:
tempranillo 70%, mazuelo 13%, garnacha tinta 12% y graciano 5%.

Proceso de crianza: 9 meses en depósito. 48 meses en barrica seminueva. 479 meses en barrica de roble americano.
Fecha de embotellado: julio 1983.
Tiene una nariz preciosa. En la boca tiene de todo y su textura lo envuelve con delicadeza. ¡Estratosférico!. Mi preferido de la cata. 

Castillo Ygay 1952.
Variedades de uva:
tempranillo 73%, mazuelo 13%, garnacha tinta 10% y graciano 4%

Proceso de crianza: 8 meses en depósito. 390 meses en barricas de roble americano.
Fecha de embotellado: enero 1986.
El vino se embotelló con un nuevo director técnico en la bodega. Su perfume es delicado, con toda la expresión de matices finos de su larga crianza en madera. En boca es grandioso, con materia y quizás un poco rústico después del excepcional trío que le precedía.
Le gustó mucho a Dirk.

Castillo Ygay 1959.
Variedades de uva:
tempranillo 68%, mazuelo 14%, garnacha tinta 14% y graciano 4%

Proceso de crianza: 6 meses en depósito. 46 meses en barrica seminueva. 254 meses en barricas antiguas, con incrustaciones de bitartratos.
Fecha de embotellado: mayo 1986.
En nariz es agua de boletus. En boca le encontré mas finura que el 1952. Tiene la piedra y el tanino. Otra botella excepcional.

Castillo Ygay 1964.
Variedades de uva:
tempranillo 74%, garnacha tinta 14%, mazuelo 10% y graciano 2%

Proceso de crianza: 6 meses en depósito. 266 meses en barricas de roble americano.
Fecha de embotellado: julio 1987.
Esta fue la primera añada que la bodega empezó a embotellar grandes formatos.
Su perfume es elegante, fino, de vino maduro, y al abrirse aparece el sotobosque, con delicados boletus y champiñones. En boca tiene carácter y hechuras. ¡Qué bueno!

Castillo Ygay 1968.
Variedades de uva:
tempranillo 70%, mazuelo 13%, garnacha tinta 12% y graciano 5%

Proceso de crianza: 6 meses en depósito. 162 meses en barricas de roble americano.
Fecha de embotellado: enero 1983.
Disparidad de criterio con esta añada. La primera botella con un poco de corcho y la segunda que se abrió era mejor pero te dejaba la boca seca.

Castillo Ygay 1970.
Variedades de uva:
tempranillo 75%, mazuelo 11%, garnacha tinta 8% y graciano 6%

Proceso de crianza: 138 meses en barricas de roble americano.
Fecha de embotellado: julio 1982.
Experiencia “déjà vu” con el 1968. La primera botella con corcho y la segunda con un tanino seco.

Castillo Ygay 1978.
Variedades de uva:
tempranillo 75%, mazuelo 12%, garnacha tinta 10% y graciano 3%.

Proceso de crianza: 216 meses en barricas de roble americano.
Fecha de embotellado: septiembre 1998.
Es una buena botella, donde regresa el tanino —un poco austero— en boca para un vino sorprendente a sus más de 40 años.

Castillo Ygay 1980.
Variedades de uva:
tempranillo 72%, mazuelo 13%, garnacha tinta 11% y graciano 4%.

Proceso de crianza: 72 meses en barricas de roble americano. En los 80 empezó un periodo gris para la bodega. Su perfil es magro, estrecho y con tanino.

Castillo Ygay 1985.
Variedades de uva:
tempranillo 76%, mazuelo 13%, garnacha tinta 8% y graciano 3%.

Proceso de crianza: 8 meses en depósito. 30 meses en barricas de roble americano.
Fecha de embotellado: enero 1989.
El cambio de estilo.

Castillo Ygay 1987.
Variedades de uva:
tempranillo 74%, mazuelo 13%, garnacha tinta 10% y graciano 3%.

Proceso de crianza: 5 meses en depósito. 34 meses en barricas de roble americano.
Fecha de embotellado: febrero 1991.
Sigue la línea del 85, con acidez elevada. Preciso. Ordenado.

Castillo Ygay 1989.
Variedades de uva:
tempranillo 76%, garnacha tinta 14%, mazuelo 7% y graciano 3%.

Proceso de crianza: 4 meses en depósito. 45 meses en barricas de roble americano.
Fecha de embotellado: diciembre 1993.
Continúa el hilo del 87. La acidez. Limpio. Derecho.

Castillo Ygay 1991.
Variedades de uva:
tempranillo 75%, mazuelo 13%, garnacha tinta 10% y graciano 2%.

Proceso de crianza: 4 meses en depósito. 60 meses en barricas de roble americano.
Fecha de embotellado: julio 1997.
Tensión y acidez.

Castillo Ygay 1994.
Variedades de uva:
tempranillo 75%, mazuelo 13%, garnacha tinta 10% y graciano 2%.

Proceso de crianza: 50 meses en barricas de roble americano.
Fecha de embotellado: mayo 1999.
El perfil Barolo clásico en La Rioja.

Castillo Ygay 1995.
Variedades de uva:
tempranillo 78%, mazuelo 15%, garnacha tinta 6% y graciano 1%.

Proceso de crianza: 48 meses en barricas de roble americano.
Fecha de embotellado: mayo 2001.
Un salto hacia la madurez después de una serie eléctrica.

Castillo Ygay 1998.
Variedades de uva:
tempranillo 85%, mazuelo 13% y garnacha tinta 2%.

Proceso de crianza: 41 meses en barricas de roble americano.
Fecha de embotellado: noviembre 2002.
Quizás mi destacado de la década de los 90. Austero pero bueno.

Castillo Ygay 2001.
Variedades de uva:
tempranillo 93% y mazuelo 7%.

Proceso de crianza: 31 meses en barricas de roble americano.
Cambio de década, de siglo y de estilo, hacia los Ygay actuales. El primero de una nueva era.

Durante la cata, salió en diversas ocasiones a debate el enigma de la perfecta conservación de estas botellas centenarias.

María: Os voy a decir …..que me tiene flipada. ¿Cómo eran capaces de contener la oxidación? No sé resolver el jeroglífico de la oxidación.

Dirk: No lo entiendo

María: Yo tampoco. Me vuelve loca.

Dirk: La única explicación es el ph y la acidez.

María: ¿Dónde se fija Murrieta? ¡En la acidez! Hubo una época en que Murrieta sacó unos vinos con una acidez indomable y descarnada y que eran imposibles de tomar.

 

BONUS TRACK. EN LA COMIDA:

Marqués de Murrieta Rosado CVC.
Fantástico. ¡Que sutileza, que locura!

Marqués de Murrieta Rosado 1968.
Un poco evolucionado.

Marqués de Murrieta Blanco Reserva 1984.
¡Bravo! ¡Que armonía! ¡Que delicadeza!

Marqués de Murrieta Blanco 1936.
Notas herbáceas, con perfume de ortiga. Delicado.

Marqués de Murrieta tinto 1934.
¡Bravo! Grandísimo nivel después de un excepcional Castillo Ygay del mismo año que se muestra más refinado.


MUCHAS GRACIAS.

Nunca antes había realizado un festival tan estratosférico con vinos de Rioja. Muchísimas gracias a Vicente Dalmau por su extrema generosidad, a María por amar vinos que no ha hecho ella, a Luis por pensar en mi y permitirme estar allí, a Ignacio a Estanis y a Dirk, y por supuesto a todo el equipo de Bodegas Marqués de Murrieta por mimarnos tanto, por preparar esas botellas únicas y un magnífico menú para acompañarlas.

                                                          Vicente Dalmau Cebrian-Sagarriga y María Vargas.

Nota: Para conocer más información de esta cata excepcional, os recomiendo leer el magnífico artículo y comentarios de Luis Gutiérrez en Robertparker.com (Sólo para suscriptores).

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