Madeiras centenarios. Las mejores botellas de 2019 (I)

Eva y Michael Moosbrugger son los propietarios de la bodega austríaca Schloss Gobelsburg en Wachau, a poco más de una hora de Viena. Los conocí hace bastantes años en una cata en casa de Dirk Niepoort —que distribuye sus vinos en Portugal— y al poco tiempo empezamos a importar sus magníficas botellas en España. Su afición a la música y a la gastronomía nos ha hecho pasar momentos fantásticos. Es por eso que cuando me propusieron visitar juntos Madeira me pareció perfecto. ¿Qué haremos? ¿Qué bodegas visitaremos? Les pregunté. No te preocupes, tenemos un amigo que tiene muchos vinos viejos, contestó Eva.

Planificamos por supuesto una visita a Barbeito para disfrutar los magníficos vinos de Ricardo Diogo Vasconcelos de Freitas y su familia. De Barbeito aún tenemos en la memoria una cata excepcional Barbeito vs Niepoort en Porto, oficiada por Ricardo y Dirk con motivo de un reportaje tête à tête de Roberto Petronio para la Revue du Vin de France. ¡Qué locura de añadas! ¡Niepoort 1863 vs Barbeito 1863! Y, por supuesto, también la mítica botella de Monvínic disfrutada con amigos en Fastvínic —era un día que Monvínic cerraba— con unos bocadillos: ¡el mítico Barbeito Terrantez 1795!

Al viaje también se apuntaría Dirk Niepoort con el que compartimos unas magníficas botellas cenando la vigilia en Porto.

El primer día visitamos Barbeito, la bodega de Ricardo. La vendimia estaba casi terminando y pudimos degustar los primeros mostos y numerosos vinos de la cosecha 2019.

Visita a la bodega y gran cata de más de 20 vinos en su laboratorio y sala de degustación.

Magníficas las cuvées que selecciona especialmente The Rare Wine Co. para Estados Unidos, las nuevas “Duas Pipas” o algunas botellas históricas memorables como la Malvasia 1893, con 126 años.

El segundo día por la mañana teníamos la cata en casa de los amigos de los Moosbrugger. Fernanda y Gonzaga Drummond son un matrimonio muy especial. Desde hace años se dedican al comercio de antigüedades y todo tipo de obras de arte. El vino es su gran afición. A lo largo de su vida han ido comprando y atesorando partidas de vinos muy viejos que algunas de las familias más ricas de la isla han ido vendiendo generalmente por necesidades económicas o repartos de herencias. La mayoría del stock lo han adquirido sin embotellar, en damajuanas o barricas, y han sido ellos quienes a lo largo de los años han decidido —con la ayuda de algún enólogo y también de un sommelier— qué partidas se embotellaban o se cambiaban de recipiente para afinar. Su pasión es para su placer y el de sus amigos y todo este trabajo y seguimiento de cada lote de vino no está pensado para el comercio.

Gonzaga Drummond

Nos acompañarían en la cata Francisco Albuquerque, el enólogo de Bodegas Blandy’s, y como maestro de ceremonias Sérgio Marques, el sommelier de Il Gallo d’Oro, considerado el mejor restaurante de Madeira.

Empezamos la degustación en casa los Drummond a las 10:15 h de la mañana. Una hora perfecta para una cata que superaría de mucho las altas expectativas que nos habían adelantado Eva y Michael Moosbrugger y que sería la más increíble que nunca hayamos hecho con tantos vinos más que centenarios.

Primer vino, un Madeira seco con… ¡189 años!

Sercial 1830. Seco, equilibrado, un perfecto aperitivo a las 10.15 h. Tiene una masa volúmica de 998 gr/l.

 

Bual 1918 Drummond. Un poco dulce y eso que algunos bual son casi secos. Comprado a una de las familias que cuando venden quieren permanecer en el anonimato —para algunas de ellas vender sus reservas de viejísimos Madeira no estaba bien visto— y que para respetar el secreto Gonzaga “etiqueta” con su apellido. Su masa volúmica es 1028 gr/l.

 

Bastardo 1889 D Bolger. Proviene de São Jorge, al norte de Madeira. Junto al terrantez que se cultiva al sur de la isla, es una de las variedades más raras y difíciles de encontrar. Muy poca producción. En nariz es muy diferente, aquí hay más crema quemada, tiene una buena melosidad, una fina calidez y es muy envolvente.

 

Malvasia 1862 D Bolger. Esta familia llegó a ser propietaria del 10,5% de la superficie de la isla entre los años 1920 y los 1930.

 

Sercial 1901 L.A. Pestana. Tiene muchos aromas de farmacia, combinados con la cera y un toque de humo.

 

Sercial 1870. Al principio se muestra tímido y reservado. Con el aire se abre, pero no llega a la complejidad del primero ni a la armonía dodecafónica del anterior. 

 

Sercial 1864 Olim. Un vino heavy metal, como aquellos viejísimos amontillados y olorosos que casi son solo extracto. Tiene mucha, mucha madera. Al final, y detrás del vino llega la farmacia. Lo que es interesante es que la potencia no se la da su larga crianza en vidrio. El vino se desparrama en 3D. Es como una estrella… tiene picos. ¡Grandioso!

Terrantez 1862 Bolger. Ahora viene un cambio de registro. La piel de naranja identifica al terrantez. Todo en perfecto balance y equilibrio. Un Madeira completo. Gonzaga dice que tiene una corona que es la acidez. 

 

Verdelho 1862 Olim. En la linea de los sercial pero semiseco. Resina, cedro, tensión y acidez cortante pero envuelto en una pátina dulce que lo hace amoroso. 

 

Bual 1862 Olim. Aquí hay de todo. Realmente tiene intensidad, es cortante, hay longitud, profundidad y a la vez volumen y grasa. ¡¡¡¡18 de acidez!!!! 142 de azúcar. 22 grados de alcohol. Una botella puntuada 20/20 por Christie’s. ¡Una leyenda!

 

Terrantez circa 1892/1882. Una gran diferencia. 

Malvasia 1870 Olim. Aquí hay más dulce. A medida que se abre, se disfruta su grandeza. Es una bomba de relojería. ¡Buf!

 

Verdelho circa 1860 Olim. 1113 gr/l de masa volúmica. En nariz no muestra la bestia que viene en boca. ¡¡¡Tiene un desequilibrio salvaje!!! Qué lujo. Un dragster sacando fuego.

Sercial 1890. Esta muestra ha estado mucho tiempo en vidrio. Le quedan solamente 10 litros. La nariz se afina. La boca se alarga. Un poco de cedro. Bonita acidez. 
Los sercial normalmente tienen notas de hierbas. Nunca darán crema quemada. En ellos encontraremos la máxima acidez y son perfectos para acompañar ceviches y ostras.

Verdelho 1830 Pico e Saloes J.C.S. En nariz es tímido. Tiene “mucho vidrio”. En boca se alarga, con una textura amorosa y luego, al final, aparece el lado cortante. Grandísimo Madeira, en una botella abierta hace 3 años. ¡Menuda locura!
A Gonzaga le gustan los verdelho con foie gras.

 

Bual 1894 Drummond. Servido de una botella abierta. El vino se muestra muy abierto. 

 

Para comer Gonzaga escogió los Bastardo 1889 D Bolger,  Bual 1894 Drummond y la Malvasia 1870 Olim.

Por la tarde Gonzaga nos preguntó si desearíamos seguir al día siguiente nuestra cata. Mis amigos tenían los vuelos a primera hora y el mío —afortunadamente— sería más tarde. Ven a catar mañana conmigo, me decía. Me sabía mal molestarle pero rápidamente accedí a una cata que el anunciaba diferente. 

 

El tercer día a las 10 h de la mañana: “Hoy vamos a probar vinos consensuales.”

El primer vino llegaría como respuesta a mi pregunta sobre el ensamblaje de variedades, poco habitual en los vinos de Madeira. Gonzaga preparó una botella de 1830 que no indicaba la variedad.

1830 Cunha Royal reserve. Esta botella era un posible ensamblaje con un porcentaje muy alto de terrantez. De las 6 preciosas botellas que había adquirido, una se había roto y la había trasegado a otra botella que fue la que disfrutamos. El vino no se parecía a nada de lo catado. Había un cambio. Había permanecido mucho tiempo en vidrio. El vino estaba muy pulido. Meloso y amoroso en nariz. En boca había más intensidad y era más rebelde. Dulce y con extracto y con una fuerte acidez.

 

Bual circa 1900 Bolge. Su perfume es de chocolate blanco y negro. Es como un Mon Chéri. Después, en la boca, llegan notas de licor. Siempre tienen una masa volúmica más alta. El vino tiene más cuerpo.

Bual 1900 D Bolge. Su color es precioso. Un vino diferente. Menos consensual. Más libre. Aquí hay curvas. La acidez y la volátil parecen mucho más altas.

Bual 1928. Este fue muy interesante. Se había trasegado y movido hacía cuatro días a una barrica. El vino estaba un poco desmayado. Deslabazado. El alcohol ahora predominaba. La boca se desencajaba. Era su última adquisición. Lo había comprado hacía dos meses y estaba amarrado y retenido por la altura. Al nivel del mar y con la influencia del calor está convencido que evolucionará mejor.

Malvasia 1862 Bolge. Catado un poco fresco. Crema quemada. Perfume de pastelería. Calidez amorosa. Parece fácil, entra tranquilo y al final explota. ¡¡¡Qué persistencia!!! Grande.

Terrantez 1862. El mismo vino degustado el día anterior, pero de otra botella. Servido a una temperatura entre 17 y 18°C cuando para él lo ideal sería más cerca de 15/16°C. Aquí vienen los recuerdos de farmacia y las hierbas que lo hacen punzante y sofisticado como una sinfonía de un viejo Chartreuse. En boca se dispara.

Terrantez 1882. Ya lo habíamos degustado. También servido a una temperatura diferente. Atención, es un cambio total.

Bastardo 1889 D Bolger. El bastardo es la única uva tinta. Es la excepción. Este vino tiene “vinagrinho” que es muy apreciado y no es vinagre. Cajas de madera. Uno de los vinos favoritos de Fernanda.

 

Malvasia 1862. La recatamos, otra vez directamente de la garrafa metálica. 

Los Madeira hay que desgranarlos poco a poco. Hay que estudiarlos, disfrutarlos y volver a catarlos. Sus cambios no son tan rápidos y evidentes como en un vino convencional. El matiz se desarrolla con el tiempo.

Gonzaga es un fan del vidrio. Identifica si se ha afinado o no en damajuanas. Cría en barrica y luego embotella o no, decide según cada vino y su momento.

Malvasia 1870 Olim. Dice que es como un toro.
Aquí tenemos la acidez y el dulce que al final casi se anulan.
“Este es un bastón para el viaje. La tercera pierna”.
Lo tiene todo. 

Un aprendizaje único, con una de las personas más generosas que he conocido. 

 

 

 

Impactos: 660

Este artículo tiene 1 comentarios

  1. Pingback: 50 botellas excepcionales y grandes momentos del vino. Lo mejor de 2019. | Blog Vila Viniteca

Deja un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *