Mercados eficientes: oferta y demanda

Por Elena Yepes

Un mercado, de productos o servicios, es un emplazamiento físico o virtual en el que se realizan operaciones de compra y venta. El medio de intercambio es el dinero, aunque también existe el propio mercado de dinero, en el que se le asigna un precio según estén las condiciones económicas principalmente.

El precio oficial del dinero en el entorno EURO está actualmente en niveles próximos al 0%, aunque esto no significa que a todos nos cueste lo mismo. El Estado Alemán obtiene dinero al plazo de 10 años pagando una tasa de interés negativa del -0,10% aproximadamente; es decir, hay muchos inversores dispuestos a prestarle, por ejemplo, 1.000.000 de euros a la Sra. Merkel a cambio de recuperar 991.000 euros pasados 10 años. ¿Nos hemos vuelto locos? Esta situación la provoca el pánico, la incertidumbre, el miedo a perderlo todo.

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La ley absoluta aplicable a cualquier mercado es la de Oferta y Demanda, en cantidades y en precios. Un producto o servicio vale lo que alguien está dispuesto a pagar por él. La diferencia entre valor y precio es un proceso de negociación que en muchas ocasiones está articulado por los agentes que participan en ese mercado.

Hace 30 años, los mercados bursátiles españoles eran extremadamente ineficientes, lo que básicamente significa que existían distorsiones importantes entre el precio y el valor de las acciones y activos financieros que se negociaban en esos mercados. En mercados ineficientes resulta fácil ganar dinero, aunque eso implica que alguien está perdiéndolo, ya que la oferta debe cubrirse con demanda.

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En 1986 el mercado bursátil español era muy “estrecho”: pocos activos en oferta y reducida demanda. El español medio destinaba sus ahorros a la adquisición de una vivienda y excepcionalmente invertía en imposiciones a plazo fijo. La vivienda tiene como objetivo la utilidad y la imposición a plazo fijo es poner capital a disposición de una entidad financiera para que lo invierta y obtenga beneficios. Un ejemplo: en 1994 una gran entidad financiera española obtenía capital de sus clientes a un precio del 0,5% (tasa de remuneración de las libretas de ahorro) y lo prestaba en el mercado institucional del dinero (interbancario) al 12%. ¿Quién ganaba y quién perdía dinero? Eran mercados ineficientes por falta de información y escaso desarrollo. En 2008 (crisis financiera, quiebra de Lehman Brothers), el mercado institucional del dinero desaparece porque las entidades no confían en la solvencia del resto; quisieron ganar demasiado y había muchos mediadores cobrando por vender a precios altos lo que tenía valor inferior a cero.

La disponibilidad incrementa el consumo y reduce el precio, aunque el Banco Central Europeo tiene enormes problemas para conseguir que se siga incrementando el consumo y ya no le queda margen para seguir reduciendo el precio del dinero. La eficiencia financiera se rompió con exceso de avaricia y de ignorancia (oferta y demanda), y la consecuencia son las burbujas (sería aplicable también a un espumoso de baja calidad).

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Hace también 30 años que disfruté de mi primer almuerzo en un restaurante gastronómico de Barcelona, Bel Air que actualmente se llama Windsor. Intento hacer una asociación entre la evolución del mercado financiero y la del mercado gastronómico español, entendiendo este último como el mercado en el que se transaccionan el tipo de almuerzos y cenas que van más allá de la simple cobertura de la necesidad básica de alimentarse. La gastronomía es un acto social y hedonista, que se ha socializado y consecuentemente también se ha industrializado.

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En esa época el mercado gastronómico español era emergente, iniciaba una fase de rápido crecimiento asociada a la mejora económica y al desarrollo de la actividad internacional. La oferta era reducida y la demanda estaba concentrada y limitada a las clases sociales alta y media-alta. Era un mercado de nicho con poco volumen de transacciones. El destino gastronómico por excelencia a nivel internacional era Francia.

La situación actual es totalmente diferente: existe una amplia y variada oferta de restaurantes y también una demanda abundante. ¿Cómo ha evolucionado en este contexto la información sobre este mercado? ¿Quién dirige, influencia y facilita la selección de esa enorme oferta de restaurantes? Las guías gastronómicas, el periodismo especializado, los blogs de profesionales y aficionados (distinción según tengan o no fines lucrativos), y de forma masiva, las opiniones de la inmensa demanda que se publican a través de las webs y aplicaciones electrónicas; una constante actividad gastronómica realizada por los usuarios, sean considerados gourmets, foodies u ocasionales. Todo un mercado ultra desarrollado, libre, aunque poco transparente y poco regulado.

Algunos restaurantes destinan una parte de su presupuesto de marketing en invitar a “influencers” a comer o cenar en sus locales. Es una actividad promocional destinada a darse a conocer y captar demanda: el “boca-oreja” virtual (Instagram, Facebook, Twitter, contactos personales), es muy efectivo y hace el mercado eficiente, aunque descansa en el criterio y la subjetividad del “influencer”. Un ejemplo: me invitan a una inauguración o a una prueba de menú (pre-opening necesario para entrenar a los equipos); publico experiencia con opinión algo contenida, por tratarse de un “start-up” y, sobre todo, porque me han invitado. El siguiente paso es volver a visitar el restaurante, pagar la factura, definir mi opinión y compartirla. Resulta difícil entender la capacidad de divulgación gastronómica, con valoraciones y puntuaciones profesionalizadas, cuando la contraprestación ha sido cero. El dinero tiene un precio bajísimo pero el valor es subjetivo y para una gran mayoría de los usuarios del mercado gastronómico, desembolsar una cifra de “x” euros para disfrutar de esa experiencia, tendrá un valor importante (http://www.mordanit.com/2012/08/la-luna.html).

En un mercado tan amplio, líquido (gran volumen de oferta y demanda), y desarrollado, en el que han emergido importantes figuras mediadoras (periodistas, bloggers, inversores, plataformas, webs, etc), resulta sorprendente que no se haga una adecuada distinción entre (i) el que reserva y paga, (ii) el que transacciona y cobra, (iii) el que publica y no paga pero cobra, (iv) el que divulga y públicamente cobra, (v) incluso el que opina y divulga sin haber ido. No lleguemos a una situación de pánico tal que algún restaurante tenga que pagar para seguir recibiendo clientes en los próximos 10 años.  

Tanto en los mercados financieros como en los mercados gastronómicos, siempre gana quien lo hace bien. Sólo es necesario darle valor al tiempo, además de dárselo al dinero.

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Elena Yepes
Barcelona (Mayo 68). Asesora financiera independiente y colaboradora docente en escuelas de negocios. Adicta a la alta gastronomía, a Pilates y a los tacones de aguja. Y, afortunadamente, Casaca Roja. “Nueve décimos de tu felicidad dependen de tu salud” – Schopenhauer.

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Este artículo tiene 1 comentarios

  1. Lourdes Ramírez Reply

    Cuando hablamos de economía de mercado surge indiscutiblemente los términos de oferta y demanda, una relación entre lo que el productor está dispuesto a ofrecer y lo que el comprador está dispuesto a pagar, siempre va a existir un dilema constante en el que en ambas situaciones los individuos busquen obtener mayores beneficios, en el caso del comprador, adquirir un producto o servicio a un menor precio y en el caso del vendedor inflar los precios lo más que pueda para obtener mayores ganancias, es muy importante que para que una transacción suceda ambos sujetos lleguen a un acuerdo en donde ambos se beneficien, este punto recibe el nombre de punto de equilibrio. Es de suma importancia tener claro la diferencia entre precio y valor al momento de hablar de economía, pues como ya se ha mencionado en otras ocaciones el valor suele ser subjetivo, y eso determinará el deseo de una persona en adquirir algún bien, por si parte el precio, está ligado a la economía y a costos de producción establecidos que se establecen objetivamente.

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