Pauillac 2018 por Château Lafite-Rothschild

2018: ¡La añada nº150!

Para celebrar nuestros 150 años de viticultura, el cielo nos envió una añada enfant terrible; no podía haber sido de otra manera. Una añada de aquellas que hacen travesuras para que nos demos cuenta de que nuestro oficio ha sido siempre una cuestión de resiliencia para proteger nuestros viñedos y futuras cosechas.

El invierno de 2018 fue el más frío que hemos vivido desde 2010, especialmente debido a un mes de febrero que hizo descender la temperatura media.

Pero fue, sobre todo, lluvioso… Una lluvia que no se detuvo y continuó a lo largo de toda la primavera. Debemos remontarnos hasta 2001 para encontrar unas condiciones de inicio de la campaña tan húmedas. Estos episodios de lluvia constantes, en ocasiones violentos, produjeron una inigualable presión de mildiu desde mayo hasta julio. El mildiu atacó a todas nuestras propiedades como, que recuerden los viticultores, nunca antes lo había hecho. Lafite, Duhart-Milon y Rieussec pudieron soportar bien la presión. Pero L’Évangile, donde la presión fue aún más fuerte al final de la floración, resultó golpeado más severamente. Un clima caprichoso que nos trajo 7 días de lluvia y 90% de humedad en los 10 días de floración hizo que fuera impracticable proteger ciertas parcelas.

El granizo fue también una amenaza constante. Nuestros viñedos se salvaron en mayo y junio, pero desafortunadamente Rieussec fue severamente castigado el 15 de julio, justo en el momento de la coronación del fútbol francés en el Mundial…

El verano no empezó hasta el 16 de julio. Creímos en ese momento tener suficiente agua para aguantar hasta el final, en una cosecha que se anunciaba tardía. Pero las condiciones cambiaron totalmente con la llegada de un frente cálido de temperaturas que no cesarían de aumentar, con picos de hasta 40 grados. Estando los suelos anegados, el ciclo vegetativo se aceleró y la cosecha se volvió precoz, con la merlot a mitad del envero el 3 de agosto, tan solo 4-5 días más tarde que en 2017 (otro enfant muy precoz).

En estas condiciones, la evotranspiración fue muy fuerte y el estrés hídrico llegó mucho antes de lo esperado: para el 10 de agosto fue común ver potenciales hídricos de -1,5 y extremos de -2,0 a finales de agosto en L’Évangile. Las condiciones de maduración tan cálidas resultaron duras para las vides jóvenes y los suelos más secos, pero en cambio ideales para las viñas viejas de los grandes terroirs, que por sí solas tienen la capacidad de amortiguar los excesos del clima.

Septiembre llegó a modo de última pirueta: mucho calor, noches suficientemente frescas y unas cuantas gotas en los momentos adecuados. Nunca habíamos vivido una vendimia tan serena.

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