Priorat 2015 por Alvaro Palacios

Añada 2015 en Priorat

Temperaturas medias de récord y una nevada puntual en mitad del invierno. Una añada muy productiva y con un periodo clave lleno de luz y de salud. En una de las mayores producciones de nuestra historia, la uva maduró muy bien sin demasiadas lluvias y con un mes de julio de fortísimo calor. El regalo de un día de nieve en febrero, la piedra caída en junio en L’Ermita, las lluvias de septiembre y los consiguientes nervios a las puertas de las vendimias… Y al final una cosecha luminosa y sana, que nos ha concedido vinos fluidos y bien grasos en boca. Su impronta presume de un color más rosa de lo habitual y nos da una gustosidad intensísima y de muy largo final. Tan solo la acidez descentra nuestra percepción, aplazando la confirmación de su potencial para más adelante.

La añada
Tras la vendimia de 2014 el cielo se abrió y cayeron 150 litros de lluvia en pocas semanas. Estas precipitaciones otoñales, que fueron repitiéndose a lo largo de noviembre, antecedieron a un invierno templado. La suavidad de temperaturas protagonizó el cabo del año y también prácticamente todo el mes de enero, hasta que entró febrero con un cambio de tiempo sustancial. Fue el mes más frío del invierno, con una mínima absoluta de 4,7 grados negativos. Y con el destacable fenómeno de la nieve, que el día 4 vistió de una fina capa de 10 cm las viñas del Priorat. La nieve ejerce un efecto especial. Cubre el campo de un manto de silenciosa protección que arropa el descanso invernal de las plantas. Los años en que nos visita, deja una amabilidad singular, un matiz de encanto en los frutos y los vinos. Marzo entró húmedo y se saldó con una precipitación de 60 litros. La brotación se retrasó, quizá debido al frío que tuvimos en febrero. Hasta el 31 de marzo no vimos aparecer los primeros brotes en las cepas. En contraste, los meses de abril y mayo fueron muy secos. Y ya en mayo despuntaron algunos días de calor fuerte. El 11 de mayo llegó la floración.

Álvaro-P.-Priorat

Junio fue inestable, con 60 litros de precipitaciones y algo de piedra en L’Ermita el día 15, que dejó pequeñas cicatrices en una décima parte de las bayas. Luego irrumpió una ola de calor que hizo ascender las temperaturas hasta los 42 grados registrados los días 8 y 9 de julio. El final de julio nos dejó algunas precipitaciones, unos 30 litros. Tras ellas vino un típico mes de agosto, seco y caliente como suele ser habitual. Las lluvias volvieron a aparecer en el tramo postrero del verano: doce litros en los últimos días de agosto y algunos más en septiembre, que precedieron a los 30 caídos el día 20. Estas precipitaciones provocaron pequeñas muestras de Botrytis, dispuestas a desarrollarse con euforia por la alta concentración de azúcar para la fecha. Todo ello, unido al recuerdo de las lluviosas vendimias de la añada precedente, trajo un ambiente de nerviosismo e impaciencia que amenazó con nublar la objetividad de la gente del Priorat. Tuvimos que contener esa tensión inicial, ya que, como siempre, nos gusta vendimiar las garnachas en su intensa madurez fenólica. Por fin, después del día 20 llegó el oportuno anticiclón, que estabilizó el tiempo y nos liberó de lluvias e incertidumbres. Toda la madurez transcurrió entonces en un estado de sanidad privilegiada y con un sustento hídrico en las plantas que aguantó la cosecha entera hasta el final de las vendimias, allá por el 1 de noviembre. Estas semanas tan especiales transcurrieron sanas, ¡con noches frescas y días de luz y aire seco! Y así llegamos al final de una añada que por un lado nos trajo nieve y, por el otro extremo, las temperaturas más altas desde que existen registros en el Priorat: 15,67 grados de media anual.

Los vinos
Una vez más nos rendimos ante tanta generosidad, ante tanta belleza inmersa en la sutilidad de sus formas suaves y pigmentadas por un tono rosado muy atractivo, casi desconocido para nosotros. Vinos sedosos y largos con un inmenso sabor en boca a frutas de hueso, a jugo de los frutales del mediterráneo, a agua de flores suaves, a la ilusión de un regalo inesperado, a la emoción de la magia de esta tierra de vinos llenos de energía alegre y de desbordado encanto.

L'Ermita (Gratallops)

L’Ermita (Gratallops)

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