Priorat 2019 por Álvaro Palacios

Las cepas abnegadas

En el año del calor y la sequía, es el tiempo de ensalzar el vital recato de la vid frente a la tiranía del clima

¡Qué año de dureza climática sin igual! No es algo nuevo: venimos observando de unos años hacia acá cómo la cuenca del Ebro está siendo sometida a un agostamiento acentuado. Y la austeridad va a más, como atestiguan los escasos 280 litros de lluvia caídos en Gratallops a lo largo de toda la añada. Casi la mitad de ellos corresponden a octubre de 2018, tras lo cual la sequía impuso su árido yugo durante meses. Así, y con temperaturas medias más altas de lo normal, pasamos el enjuto invierno de 2019 en los grisáceos ‘costers’ de pizarra.

Junto a la ausencia de precipitaciones —solo mitigada por los modestos acopios de abril y mayo—, el clima nos ofreció unas temperaturas muy elevadas, con golpes de calor incluso en el apogeo del invierno. Lo realmente extraordinario llegó a principios del verano, y afectó a toda Europa: la ola tórrida que se abatió sobre los campos y ciudades del continente entre el 28 y el 30 de junio.

Con temperaturas de hasta 43 grados, nuestras viñas del Priorat padecieron hasta el límite. Buena parte de las uvas de cariñena se abrasaron sin remedio, lo que redundó en una merma de la producción general de uva. Este año ni siquiera las noches de junio, que normalmente suelen ser frescas, fueron capaces de frenar el calor. 

Y en este escenario contemplamos un prodigio. La maravillosa respuesta de las plantas, la intuición de la naturaleza, el conciso pundonor de las vides de la uva reina garnacha. Tras el extremadamente seco invierno y el constante cambio térmico en primavera, llegaron al verano con una masa foliar discreta. Como si hubieran previsto los extremos que les iba a tocar vivir, nos pareció que habían logrado desarrollar su propio miedo y, así, su propia defensa. Con la ayuda de un laboreo preciso, inspirado en el saber de la tradición, consiguieron convertir el sobresalto en un don y en una oportunidad. Se moderaron para vivir.

Con mucha observación y esmero en el campo, alcanzamos el estadio culminante de madurez. Llegó temprano, de la mano de un septiembre cálido, de vientos puros y de una sequedad prístina. Esos últimos días del ciclo nos trajeron unas pocas gotas de lluvia y una sanidad de excepción. Empezamos la vendimia antes que cualquier año precedente. Y recolectamos acompasadamente, sin pausa, dando preferencia a los viñedos según su nivel de acidez y azúcares.  

Las viñas de Finca Dofí fueron vendimiadas del 16 al 30 de septiembre. Les Aubaguetes, el 3 de octubre. L’Ermita, entre el 11 y el 14. Para el día 16 de ese mes, ya habíamos cosechado toda la uva de todo el viñedo. Fue extraordinario. 

Contención que lleva a una magnitud insólita 

El vino que estamos empezando a intuir es el resultado de la extrema contención de las plantas de la vid. De sus uvas pequeñas y concentradas obtuvimos una estructura imponente hasta rozar el enigma. La acidez imprime aún más vehemencia a ese armazón intenso y puro. Tenemos para el futuro un sabor trascendente y poco común, hijo de una resistencia consciente, silente, abnegada. 

Datos relevantes

Precipitación anual: 280 litros.
Temperatura media: 15,7 ºC.
Humedad relativa media anual: 58,5 %.
Horas de sol: 4.400.
Brotación: a partir del 27 de Marzo.
Floración: a partir del 21 de Mayo.
Envero: a partir del 22 de Julio.

Fechas de vendimias:

L’Ermita: 11 y 14 de Octubre.
Les Aubaguetes: 3 de Octubre.
La Baixada: 29 y 30 de Septiembre.
Finca Dofí: del 16 al 30 de Septiembre.
Gratallops Vi de Vila: del 17 de Septiembre al 18 de Octubre.

Impactos: 552

Deja un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *