Psicología y vino

Por Pedro Ruiz Aragoneses

Habitualmente, las emociones juegan un papel fundamental en nuestras vidas prácticamente para todo.

La emoción suele ser, para bien o para mal, el motor de nuestras decisiones. En muchas ocasiones de forma consciente y en otras ocasiones alterando nuestro subconsciente.

Emoción, pasión y vino no es una ecuación diferente.

Tuve la suerte, antes de llegar al mundo del vino, de formarme y ejercer como psicólogo. Siempre digo lo mismo, volvería a estudiar y formarme como psicólogo si volviera a nacer, aun sabiendo que me acabaría dedicando al mundo del vino. Y no sólo a la psicología, sino a la psicología sistémica; el paradigma relacional en el que es fundamental la manera de relacionarnos con los demás, con el mundo y con nosotros mismos. En lo que todo es circular y toda causa tiene su efecto que es causa a la vez de un nuevo círculo virtuoso. Es por esto que la forma en que nos relacionamos determina nuestra vida y hace que seamos autores, dueños y diseñadores de nuestra propia vida. Una forma de encarar la vida desde la responsabilidad y creyendo en uno mismo y en los demás.

Junto a la psicología; viticultura, enología y personas.

Viticultura para poder sentir, interpretar y acompañar el proceso natural de creación de la uva y sacar lo mejor de cada una de las viñas. Enología para ser capaz de transformar el fruto en vino, en ese proceso mágico, natural y de respeto de transformación a interpretación de cada lugar, cada paisaje, cada historia, cultura e identidad. ¿Cómo podríamos hacer todo esto si no fuera a través de las emociones? El vino es ciencia y conocimiento, pero es la emoción lo que realmente nos diferencia y hace únicos. Nuestra forma de sentir, de entender y de interpretar. Y de cómo quien está enfrente siente, disfruta e interpreta cada vino. Los proyectos son personas, equipos. Cada vino es el resultado de muchas manos, de sueños, de ilusiones, de procesos, de historia. El vino es historia y cultura… es una parte del lenguaje de los pueblos a través de los años. Decimos que tenemos dos orejas y una boca para escuchar el doble de lo que hablamos. El vino es, eminentemente, escucha.

En el relato epistemológico de la psicología sistémica podemos encontrar una base teórica de la primera y la segunda cibernética. La primera cibernética defiende esa interrelación entre sistemas, la imposibilidad de analizar sistemas de forma aislada por la retroalimentación entre ellos. La segunda cibernética incluye un elemento de orden superior relacionado con estas líneas de reflexión que nos traen aquí: el papel del observador. Asegura que el propio papel del observador altera lo observado. Es decir, somos parte de lo observado. Nuestra forma de percibir el mundo, la realidad, ya es un elemento transformador de la misma. Decía Giorgio Nardone que cada cual padece la realidad que se construye, para bien o para mal. De ahí la importancia del lenguaje. Parecen obviedades, sin embargo, estos modelos teóricos relacionales son relativamente cercanos en el tiempo. Y aún más, podríamos entrar en algunos sistemas teóricos complementarios como la Teoría del caos o la Teoría de juegos, pero no estamos aquí para hablar de esto ni pretendo ir más allá de lo estrictamente necesario para poder entender algunas cuestiones.

Justo lo que nos trae aquí es lo contrario.

Un modelo teórico racional es suficiente para abordar un equilibrio dinámico en nuestras vidas o bien un desequilibrio patógeno. Pero decía Mony Elkaim que “la mina está en la emoción”. Él hablaba en un contexto de psicología clínica ante un cliente en la consulta: a mí me gusta extrapolarlo a la vida.

La mina está en la emoción. Pase lo que pase, ante la duda, es la emoción la que guía nuestras decisiones y nuestra forma de actuar.

¿Y qué tiene que ver esto con el vino?

Piensa en las decisiones que has tomado en tu vida, en tus días más recientes, en las decisiones más relevantes que has tenido que tomar.  Ahora piensa en decisiones diarias, más allá de las decisiones inconscientes rutinarias que tomamos todos los días. Aquellas decisiones que nos hacen elegir una u otra respuesta en cuestión de segundos o minutos.

El aspecto racional está ahí, pero es la emoción la que juega un papel determinante. Nuestra intuición nos hace diferentes. Durante años he escuchado en las mejores escuelas de negocio que no se pueden gestionar empresas desde la intuición, que hacen falta datos objetivos, entendibles y observables. Y a la vez he escuchado la importancia de diferenciarnos del resto, de pensar el valor que aportamos para otros por nosotros mismos. Pues bien, hoy creo firmemente que la intuición y la emoción es el mejor elemento diferencial que podemos encontrar en cada uno de nosotros. Lo cual no quiere decir que el resto no sea necesario.

Ahora traigámoslo al vino, como elaboradores o como consumidores.

Tenemos muchos datos, y necesarios, para tomar decisiones: podemos conocer el tipo de suelos que tenemos, su profundidad, sus estratos, su composición, la microbiota, el clima, los datos comparativos de clima de un año tras otro, pH, grados, polifenoles, catequinas, antocianos, la microbiota del vino, la composición de la barrica… Todo esto es necesario y nos ayudará a mejorar. Pero, lo cierto, ante la decisión de ir a un lugar a otro, plantar en un lugar u otro, recuperar una viña u otra, no es solo el dato que nos aplique en cada momento. Hay un conjunto de sensaciones y de emociones que van mucho más allá. Llamémoslo intuición o pasión o creencia, pero es el elemento motor y trascendente de esta decisión. Para mí es el Alma de cada proyecto. Aún recuerdo la plantación de las terrazas de El Anejón en Carraovejas o la primera vez que vi la plantación de Peña Aguda, donde nace Capitel, en Ossian, o la nueva plantación de la Fuente del Caballo en el mismo Nieva.

No olvidaré jamás el primer día que llegué al lugar de Mein o el paseo con Emilio Rojo durante más de treinta minutos hasta llegar a la cima y descubrir la parcela en medio de un bosque de castaños, robles, eucaliptos y helechos…

Viña Mein – Leiro

Pero algo similar pasa con el momento óptimo de madurez para determinar la vendimia. Los datos son necesarios pero la cata de uva en campo sigue siendo determinante para elegir el momento, a veces incluso frente a la racionalidad de los datos.

No olvidaré jamás tampoco el primer año de vendimia en la parcela de Lituero, en Fuentenebro. Un día de cata de uva en viña maravillosa donde poder apreciar texturas, sabores, frescura o madurez en las diferentes cepas. Cómo cambia cada suelo, cada cepa y cada racimo y cómo al final la emoción o la sensación juegan un papel determinante en esa toma de decisiones.

La emoción y la sensación en cata para determinar el tiempo de crianza de cada vino, el momento decisivo de prolongarla o decidir finalizar la crianza.
Puedo recordar cada uno de estos momentos como si fueran ahora mismo. Y muchos más.
La mina es la emoción, ahí está la verdadera llave. Quizás la mayor expresión artística que podemos realizar, da igual la materia.
Recuerda quizás algún concierto, alguna pintura, algún momento mágico con la persona elegida, en el momento adecuado y en el lugar preciso.
La vida es emoción y nuestra vía para vivir, sentir, decidir y recuperar de nuestra memoria histórica aquello que realmente nos hizo sentir felicidad plena, momentos irrepetibles, imposibles de volver a vivir y que nunca volverán.
Quizás mejores o peores pero irrepetibles.
No olvidaré la cata de uva recorriendo las cepas de Emilio Rojo o el viñedo de Mein. Ni la cata de uvas en los diferentes pueblos de la Ribera para comprar la mejor uva o la cata de uva en cada parcela de Carraovejas.

Pago de Carraovejas – Peñafiel

No puedo olvidar tampoco algunas de las botellas que me han hecho sentir emoción de verdad y despertar la pasión por un mundo tan maravilloso.
Recuerdo un Cheval Blanc del 50 maravilloso, Le Pin 2008, Lafleur 2008, Salon 99 junto a otros maravillosos Buçaco, Bairrada de Niepoort, Rayas 2008 u Hospices de Beaune 2015 y Ossian 2005 en un mismo día. Un St. Vivant 2015, en Arzak y un Pingus 95 en un viaje memorable. La primera y única vez que he podido beber Asteroide en mi vida, hasta ahora, en un día irrepetible; algunas maravillosas botellas de Valbuena, no en pocos casos de tercer año, un Único del 48 inmortal, Cristal 2005, Haut-Brion 68, Leflaive, Coche-Dory, Barca Velha o Latour del 85, Louis XV de Venoge 96, Biondi Santi del 79, Madeira de 1926, la primera añada de Carraovejas, Riscal del 57, Louros de Hatzidakys 2016 o casi recientemente un Leroy Clos Vougeot 2013 inolvidable…
La lista podría ser interminable y siento no poder enumerar todas y cada una de esas botellas. Otros tendréis muchas más.

Pero lo maravilloso de estas botellas no es el hecho en sí de haberlas bebido y disfrutado al máximo. Lo más increíble es lo que hicieron sentir en ese momento y sobre todo el hecho de recordar esos días en la memoria como si se estuvieran viviendo ahora mismo. Y, sobre todo, poder describir con una precisión quirúrgica las personas con las que han sido compartidas cada una de ellas. Es más, seguro que lo estás leyendo y recordarás, si estuviste en alguna de ellas, esos maravillosos días. No necesariamente tienen por qué ser botellas de mucho precio, pero siempre de mucho valor por lo que representa en momentos especiales. E incluso en algunos momentos porque convertir en especiales esos días ha sido tarea del vino.
Por supuesto, viajes históricos a Burdeos, Borgoña, Argentina, Ródano, Santorini, Piamonte, Napa…
Como decía la escritora, cantante y activista afroamericana Maya Angelo “he aprendido que la gente olvidará lo que dijiste y olvidará lo que hiciste. Pero nunca olvidará lo que les hiciste sentir”.

Por esto, cuida de ti. Cuida de tus relaciones con los demás y con el mundo. Sé agradecido y generoso. Sé responsable. Cree en los demás y en ti mismo y sé capaz de ser tu mejor versión y de sacar lo mejor de los demás.
La vida pasa demasiado rápido y lo que fue ya nunca volverá. Permítete mirar al pasado con paz y serenidad disfrutando de lo vivido. Vive el presente como si fuera el último día y no olvides de mirar al futuro con ilusión y desbordante pasión.
Recuerda que así como sientas, pensarás. Y así como pienses, sentirás. Tú eres el verdadero protagonista de tu propia vida. No dejes de aprender nunca y en los momentos complicados haz como los pilotos en la niebla: aprende a volar a ciegas, confía plenamente en los demás y ten paciencia también contigo mismo.
Emoción, psicología y vino. Las dos primeras son parte de la vida de cualquiera. Nosotros hemos decidido que el vino sea parte de cualquiera de nuestras vidas.

No pido una vida más larga. Pido una vida más ancha para poder sentir muchas emociones por descubrir cada día al lado de muchas personas increíbles, con el vino como la mejor excusa. Espero que nos encontremos en alguna de ellas. ¡¡Salud!!

Pedro Ruiz Aragoneses
CEO Alma Carraovejas

Nace en Segovia en 1982. Su vida transcurre ligada a la empresa familiar donde, desde pequeño, colabora con sus actividades de restauración y elaboración de vino. En el año 2006 finaliza sus estudios de Psicología obteniendo el Premio Especial Fin de Carrera al mejor expediente y durante dos años desarrolla su carrera de Psicología Clínica y Social en Cruz Roja, en la Asociación para la Protección del Menor (APROME) y en la Asociación de Alcohólicos Rehabilitados de Segovia, compaginando todo ello con una consulta privada como terapeuta familiar y su labor docente en la IE University en Segovia. En 2008 finaliza el Máster en Terapia Familiar Sistémica para Profesionales de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid. En 2008 vuelve a la empresa familiar para hacerse cargo de la Dirección General de Pago de Carraovejas. Posteriormente, completará sus estudios en gestión empresarial realizando el AMP de Castilla y León por el IE Business School y el Senior Management Program en la misma escuela. Además, en Marzo de 2018 realiza en Barcelona el Curso Superior para Consultores de Empresa Familiar. Al frente del grupo Alma Carraovejas le ha dado un impulso importante sumando a Pago de Carraovejas su Restaurante Ambivium, la bodega Ossian Vides y Viñedos en 2013 –con un increíble patrimonio de viñedos centenarios de verdejo en Segovia–, Milsetentayseis en 2017 (también en Ribera del Duero) y, desde el año pasado, Emilio Rojo y Viña Meín en Ribeiro. A partir de la cosecha 2020 elaboran por primera vez en La Rioja, a los pies de la Sierra de Cantabria. Desde que lleva la dirección de Pago de Carraovejas, ha sido elegida como una de las mejores 100 bodegas del mundo por la prestigiosa revista Wine & Spirits; “Mejor Bodega del año” en 2015 por la guía Vivir el Vino; El Norte de Castilla ha otorgado a Alma Carraovejas el “Premio Innovación”; reconocida además como una de las mejores empresas para trabajar en España según Great Place to Work; la Asociación de Comunicadores de Vino en Medios (MassVino) les ha otorgado el premio a Bodega del Año y el reconocimiento por parte de Mercados del Vino a la “mejor contribución al desarrollo socio-económico de una zona”, entre muchos otros distinguidos reconocimientos. Miembro de la Junta Directiva de Vitartis desde 2016, ocupó el cargo de vicepresidente desde 2018 y en marzo de 2021 fue nombrado presidente de la misma; a su vez ostenta la vicepresidencia de la Asociación de Empresa Familiar de Castilla y León, donde antes ocupó el cargo de Tesorero; Padrino de Honor en el Acto de Clausura del Curso Académico de la XIV promoción MBA Executive de la Escuela de Negocios San Pablo CEU (junio 2018) y ha participado en TedX Valladolid Salón. Además, es Director del Máster en Dirección y Gestión de Bodegas de la Escuela de Negocios de la Cámara de Comercio de Valladolid, entidad de la que también es asesor en turismo y gastronomía del Consejo Asesor. Recientemente ha sido nombrado miembro del Consejo de Administración de Iberaval. Tras recibir en 2016, junto a toda la familia Ruiz Aragoneses el “Premio Familia Empresaria de Castilla y León”, fue distinguido a título personal como “Empresario del Año en el Sector Hostelería” en 2017 por parte de la Facultad de Comercio de la Universidad de Valladolid y en diciembre de 2018 recibió el nombramiento honorífico de Alcaide del Museo del Vino de Peñafiel junto a Almudena Alberca y Ronaldo Nazário.

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Este artículo tiene 1 comentarios

  1. Luis Molina Reply

    Excelente lección de vida, donde como bien dice el vino es sólo una excusa. Bendita excusa. Éxitos.

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