Rhône 2020 por Michel Tardieu

¡Una añada paradójica, singular, de una exigencia extrema!

En primavera, las condiciones climáticas contrastadas, predominantemente húmeda y las fuertes presiones criptogámicas, nos hicieron revivir los recuerdos todavía vivos, avivando la inquietud de los conscientes vignerons. El espectro de la añada 2019 planeaba por encima de sus cabezas… Un miedo exacerbado por la perspectiva de una cosecha abundante, factor agravante en esta circunstancia… Pero, en la práctica y a posteriori, las lluvias de primavera relativamente generosas resultaron beneficiosas y contribuyeron a la reconstitución de las reservas hídricas.

Efectivamente, a ese principio de año húmedo le sucedió un periodo estival terriblemente seco. Una vez más. Observación amarga: 2020 es la tercera añada consecutiva en sufrir una fuerte sequía… Afortunadamente, las noches fueron frescas. Como resultado, las “miserables” lluvias otorgadas por la Madre Naturaleza resultaron salvadoras. Las cepas sobreviven, se adaptan… Y eso es importante para la epigenética, término utilizado por uno de nuestros cofrades.

Mientras la vendimia se acerca y la “madurez tecnológica” se eleva, la madurez fenólica se detiene. Este fenómeno afecta sobre todo a los sectores precoces, viñas más jóvenes y cepas relativamente cargadas: cuando se acerca la vendimia, los vignerons se enfrentan al dilema corneliano… De manera inusual, los vignerons más sabios, aquellos que tomaron el riesgo de esperar a las famosas “lluvias del equinoccio”, no se beneficiaron de su sabiduría: en 2020 la virtud no fue necesariamente recompensada. La excepción que confirma la regla. En fin, duro, muy duro encontrar una añada excepcional a su manera… Solo las viñas muy viejas, meticulosamente trabajadas, están a la altura de los vignerons más exigentes. El precio son rendimientos de bajos a muy bajos… Sin embargo, por la gracia de su enraizamiento profundo, una vez más, ¡las viejas viñas tienen la llave del éxito, incluso en esta añada tan particular!

El sur
Pese al carácter solar de la añada, paradójicamente, los blancos son de “altos vuelos”, con unos equilibrios casi borgoñones. Por otro lado, la calidad de los vinos tintos es más heterogénea. Es necesario, pues, subrayar la importancia del trabajo de selección en una bodega como la nuestra. Una selección exigente, minuciosa, es la base, la clave: solo nos quedamos con la crème de la crème. Entre los tintos, con las viejas cepas de garnacha, con rendimientos perfectamente parametrizados, hemos hecho una maravilla: mucho menos sensibles a los caprichos climáticos, han dado vinos plenos, con fruta brillante y taninos sedosos.

El norte
¡Grandísima añada! La calidad general de los vinos, pueblo tras pueblo, Cru tras Cru, es simplemente espectacular. Para nuestro deleite y el de los degustadores, la 2020 es una cosecha de vinos con equilibrios “clásicos”: menos alcohol, más tensión, cada cuvée habla claramente de su terruño. En definitiva, la perfecta definición de “clásico”. Y la prerrogativa de la excepcional capacidad de guarda.

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