Ribera del Duero 2018 por Bertrand Sourdais

Añada de antaño: con estaciones marcadas y generosas precipitaciones

Después de los inviernos 2016 y 2017 secos, ¡por fin 2018 fue muy generosa en pluviometría!

El invierno fue largo y frío, las primeras nevadas tuvieron lugar justo antes de Reyes, a principios de enero y ¡cubrieron todo el norte de España! La última nevada fue muy tardía, hacia los días 9 y 10 de abril. El invierno típico de la zona soriana suele ser frío y muy seco, de hecho, la gente del pueblo dice que los hielos “se chupan el agua de suelo”. Este invierno 2018 bastante atípico fue, una vez más, lluvioso, frío, con mucha nieve y también con nieblas; todos los ingredientes para reconstituir las reservas hídricas del suelo y el subsuelo de los campos sorianos.

A mitad de abril las temperaturas subieron bruscamente iniciando el proceso de brotación, apuntado el 27 de abril. Los días 1 y 13 de mayo las temperaturas bajaron a -3ºC y arrasaron los jóvenes y tiernos brotes junto con sus racimos. Por suerte las viñas pudieron hacer nacer, sin mucho esfuerzo, desde las llamadas yemas secundarias, a algunos racimos.

El clima frío y lluvioso siguió durante mayo y junio, haciendo lógicamente florecer el viñedo muy tarde –el 27 de junio– y provocando claramente una añada que podemos llamar: ¡lunar!

Esta abundante agua llegó a provocar el desarrollo del mildiu, enfermedad mejor conocida en Bordeaux, Loire o Bourgogne. La última vez que vi mildiu en Soria fue en el año 2006.

A finales de julio aparecen las altas temperaturas –35ºC hasta 39ºC–, en ese momento observamos un crecimiento vegetativo de los pámpanos y apreciamos un color verde obscuro de las hojas. El viñedo, a pesar de la canícula, ¡no sufrió en absoluto ningún estrés! El envero se hizo durante todo el mes de agosto bajo un buen sol. Esta expresión de la vegetación tardía nos obligó a trabajar exhaustivamente el viñedo quitando nietos de la zona fructífera para anticipar un posible ataque de Botrytis.

Observamos otro fenómeno curioso a finales de septiembre. Las viñas cogieron su típico color rojo en las hojas indicando la predisposición a madurar, como es habitual en esta época, pero a principios de octubre observé la desaparición del color rojo y la vuelta de un verde más bien típico del mes de junio, del periodo de crecimiento vegetativo.

Otro dato: el peso normal de las bayas de tinto fino suele oscilar entre 2 y 2,2 gramos, pero en este 2018 y como consecuencia de su humedad, se formaron uvas de pulpa jugosa de 2,7 hasta 3 gramos.

Finalmente, arrancamos la vendimia con la Diva el día 10 de octubre: 455 kg de tinto fino (95%) y 23 kg de albillo (5%), despalillado al 100%.

La Mata, el miércoles 16 de octubre por la mañana ¡con niebla!: 589 kg de tinto fino (90%) y 27 kg de albillo (4%), 40 kg de alicante bouschet (6%), despalillado al 100%.

Dominio de Es Viñas Viejas de Soria se vendimió entre el 11 y el 22 de octubre: 6.266 kg de tinto fino (92%) y 545 kg de albillo (8%), con un 30% de racimos enteros.

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