Saint-Estèphe 2018 por Cos d’Estournel

“Una añada excepcional hoy, que acreditará ser legendaria el día de mañana”

La añada 2018 es el resultado de dos periodos tan contrastados como complementarios: un frío y húmedo invierno fue reemplazado por el verano caluroso y seco con el que habíamos estado soñando. De modo asombroso, aunque el periodo de crecimiento de la viña todavía en junio arrastraba demora, la vendimia fue precoz. Las bayas de cabernet sauvignon eran excepcionalmente pequeñas, con una excelente ratio pulpa-hollejo gracias al estrés hídrico experimentado durante los meses de verano.

La constante presencia de nuestros experimentados vignerons resultó decisiva a lo largo de todo el ciclo de la viña. La decisión de limitar el deshojado a pesar de la alta humedad fue acertada, ya que las elevadas temperaturas estaban por llegar. Igualmente, el trabajo de los suelos que realizaron los viticultores, más intenso y frecuente de lo habitual, evidencia su profunda comprensión del viñedo.

La experiencia acumulada durante los últimos diez años del manejo de la vinificación por gravedad permitió tratar con esmero y precisión esta cosecha prometedora. Gracias a la gestión milimétrica de nuestros depósitos con control de temperatura, se pudieron refrigerar las uvas vendimiadas bajo el calor estival. El control meticuloso y el rigor ofrecieron la posibilidad de preservar el inmenso potencial de la cosecha, revelado a través de los ensamblajes.

“El equilibrio de una añada de contrastes perfectos”
El ciclo vegetativo de 2018 culminó en una serie de eventos meteorológicos asombrosamente contrastados, y el soberbio terroir de Cos d’Estournel ha demostrado, una vez más, su increíble capacidad de adaptación.

Los hombres y mujeres de la propiedad jugaron un papel crucial: su dedicación en todos y cada uno de los estadios de viticultura y proceso enológico tuvieron un incalculable valor a la hora de crear una añada de inusitada calidad, la décima en ser vinificada por gravedad en nuestras bodegas.

No es sino con emoción que le invitamos a descubrir Cos d’Estournel 2018. Una añada excepcional hoy, que acreditará ser legendaria el día de mañana.

DIARIO DE UN AÑO IDÍLICAMENTE CONTRASTADO

De octubre de 2017 a marzo de 2018: condiciones frías y húmedas
Al comienzo de la temporada, el suelo estaba seco, pero las primeras lluvias de noviembre marcaron el inicio de un invierno realmente húmedo. Entre noviembre y marzo, la propiedad vio doblada la cantidad habitual de lluvia, y los suelos se recargaron de agua, invirtiendo la situación de la que se había partido.

El clima fue húmedo y especialmente frío hacia el final del invierno, retrasando el calentamiento de los suelos y, por consiguiente, la brotación, que no empezó hasta el 6 de abril.

De abril a mayo de 2018: calor y lluvia
Las temperaturas primaverales fueron más elevadas de lo habitual, con noches particularmente cálidas que compensaron el retraso del crecimiento de las cepas. Pero la lluvia hizo temer lo peor de cara a la floración…

Finalmente, las temperaturas aumentaron, y unas condiciones más cálidas ayudaron a combatir la humedad. La floración arrancó a principios de junio, con un retraso de tan solo 2 o 3 días, y se completó de manera muy satisfactoria y homogénea en todo el viñedo.

Junio de 2018: cuidados y cautela
Nuestros equipos estuvieron especialmente en guardia durante el mes de junio, observando y atendiendo constantemente los viñedos. Una serie de factores indicaban un riesgo de desarrollo del mildiu sin precedentes. Sin la vigilancia ni la preocupación constantes, la situación podría haber acabado en el peor de los escenarios. Pero logramos menguar esos riesgos empleando los productos más respetuosos con el medio ambiente. La prudencia fue nuestra principal consigna, aunque se tomaron numerosas decisiones audaces –como limitar el deshojado– que se mostrarían determinantes y acertadas unas semanas más tarde.

Julio de 2018: tiempo cálido y seco
Al arrancar julio, los cielos sobre Cos d’Estournel lucían un aspecto favorable, y la tendencia climatológica se invirtió, instalándose unas condiciones climatológicas secas, hecho que el viñedo sobrellevó sin dificultad gracias a las reservas de agua que había ido acumulando durante los meses precedentes. Las temperaturas, cálidas durante el día y frescas por la noche, permitieron que la uva perdiera sus aromas vegetales y viera sus taninos madurar. Quedó claro que la decisión, tomada en junio, de limitar el deshojado acabó resultando provechosa, puesto que la vegetación protegió los racimos, que mantuvieron así su frescura.

Agosto de 2018: pericia e intervención
Cos d’Estournel asistió al inicio del envero el 1 de agosto, recuperando el retraso producido a principios de ciclo. Existían ciertos indicadores de estrés hídrico, lo que contribuiría a una maduración de los taninos manteniendo, a su vez, los niveles de acidez. Todo impacto potencialmente negativo fue afortunadamente compensado por la excepcional naturaleza de nuestro terroir y la de nuestras viñas, que buscan el agua a mucha profundidad. Nuestros vignerons trabajaron incansablemente, arando con más frecuencia e intensidad que lo acostumbrado para fomentar la acumulación de agua y reducir la evaporación. La canopia continuó protegiendo las bayas, permitiéndoles mantener un buen equilibrio entre los niveles de azúcar y acidez. Finalmente, el 28 de agosto, llegó un oportuno episodio de lluvias más importante que en cualquier otro punto del Médoc, aliviando las cepas, disminuyendo el grosor de los hollejos y suavizando los taninos.

Septiembre de 2018: una vendimia serena y a buen ritmo
Las precipitaciones del 5 de septiembre crearon condiciones favorables tanto para la maduración como para cerrar el ciclo vegetativo. El tiempo cálido y seco creó unas condiciones óptimas para que el viñedo mantuviera un estado sanitario perfecto, lo que permitió esperar el momento idóneo para iniciar la vendimia.

La vendimia empezó el 8 de septiembre con el sauvignon blanc, seguido por el sémillon el 19 de septiembre. A partir de esta misma fecha se inicia la vendimia del merlot plantado sobre gravas que finaliza el 6 de octubre. Las ideales condiciones meteorológicas permitieron esperar el momento óptimo de madurez de los cabernet sauvignon y de los merlot plantados sobre suelos arcillosos. No fue una cuestión de esperar por esperar; nos guiaba el deseo de identificar el momento óptimo para cosechar, algo imprescindible en la búsqueda del perfecto equilibrio entre madurez y frescura.

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