Sierra de Gredos 2015 por Daniel Gómez Jiménez-Landi

Las últimas añadas en Sierra de Gredos

Desde que comenzamos a hacer vinos en Gredos hemos observado una curiosa alternancia en el carácter de las sucesivas añadas. Un extraño “orden natural” que se ha repetido cada tres años. De esta forma, podríamos hablar de añadas de intenso calor, como fueron 2003, 2006, 2009, 2012 y 2015, seguidas siempre por añadas frescas, 2004, 2007, 2010 y 2013 en las que el ciclo se retrasa, hay abundantes precipitaciones y temperaturas moderadas. Son vinos, en estos casos,  con acideces más presentes y mayor potencial de guarda. Para nosotros estas son las grandes añadas, después de las cuales siempre han venido años más heterogéneos como 2005, 2008, 2011 y 2014.

Además de la subjetiva interpretación o valoración de los vinos resultantes, hay datos objetivos de precipitaciones, temperaturas medias, ph y acidez total en los vinos, entre otros, que avalan esta interpretación que no deja de ser personal y que, desde luego, no pretende ser ningún dogma de fe. Estamos seguros de que puede haber otras opiniones y por supuesto de que llegará el año en que este ritmo se rompa. Sin embargo, hasta ahora, este extraño devenir en trienios explica el carácter de nuestros vinos. Y según esto, a 2016 le tocaría ser una gran añada, con el ciclo retrasado y una primavera muy lluviosa. Pues bien, por ahora, todo parece indicar que va a ser así. Crucemos los dedos, aún queda mucho.

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2015: un año cálido con un septiembre perfecto

Según los archivos de la AEMET, 2015 ha sido el año más caluroso en la Península Ibérica desde que hay registros.  Este podría ser un buen resumen de lo acontecido en un año que comenzó con un invierno y una primavera de temperaturas y precipitaciones medias. El calor llegó a finales del mes de Abril. Mayo y Junio fueron unos meses de fuego, donde las temperaturas fueron inusualmente altas y donde apenas hubo precipitaciones. ¿Efectos de El Niño?

Un año de excelsa sanidad y generosidad en la producción que, de forma natural, ha ayudado a equilibrar la maduración con la sabiduría que sólo poseen los viñedos viejos.

En Julio continuó el incesante calor provocando que algunos decidiesen vendimiar sus albillos en los últimos días de este mes. En Agosto tampoco hubo tregua, pardeaban las hojas de los robledales y las tardes se volvían plomizas. La espera cada vez se hacía más difícil. La vendimia era un hecho para muchas bodegas y viticultores de la zona. Nunca vimos una vendimia tan precoz. Avanzaba y avanzaba la vendimia y nosotros seguíamos esperando. Nos entraron las dudas. Tras eternos días de catar uvas seguíamos decidiendo esperar. Faltaba algo.

Y por fin aparecieron las esperadas lluvias justo a comienzos de septiembre.  Las gotas caían sobre las polvorientas tierras agrietadas en los últimos meses por el justiciero sol. A su vez, las temperaturas descendieron en las frescas noches y todo ello hizo que se esponjasen las tierras, que las hojas cogiesen un verde nuevo y a nosotros se nos iluminase el alma y se apagase la angustia de la espera. Bendito septiembre que trajo tranquilas lluvias cada cinco o seis días favoreciendo que la maduración sápida se amoldase a la maduración alcohólica y fenólica. La espera tuvo su valiosa recompensa.

Por lo general, estos son años donde las diferencias entre valles y pueblos se reducen. La vendimia se agolpa. Este ha sido nuestro diario de vendimia: El Reventón 9/9; Cantos del Diablo 8/9 y 13/9; Las Iruelas 10/9; Las Umbrías 11/9; Rey Moro 23/9; El Tamboril 25/9; y finalmente Rumbo al Norte 3/10. Se observará un adelanto de dos semanas y de hasta casi un mes en algunas de ellas si comparamos estas fechas de vendimia con las de otros años. A pesar de ello, cada viña guarda su identidad y expresa su carácter e historia. La distancia en el tiempo ha sido menor pero no así la distancia entre el alma de cada viña y paraje. La sutil y etérea Umbrías poco tiene que ver con la complejidad de El Reventón a pesar de que se vendimiarán casi en el mismo día. Tan cerca y tan lejos. Una vez más nuestras viñas nos han dado una lección de adaptación, de bondad y belleza. Son estos años extremos en los que las mejores viñas hablan más alto y claro. La identidad está en el suelo.

En esta añada podríamos destacar especialmente aquellos vinos que proceden de los lugares más fríos. Aquellos cuyo pasado fue un glaciar y donde las benignas condiciones de septiembre tuvieron mas efecto. Rey Moro y Rumbo al Norte mantienen su carácter extremo, frío y delicado, a la vez que afilado y nervioso. Lujuria de eléctrica acidez que se valora mas que nunca.

Ha sido un año en donde hemos tenido muy presente el cambio climático y qué les deparará a nuestras viñas en el futuro. Un año en el que hemos proyectado nuestras futuras plantaciones. Un intenso año que nos ha supuesto un tremendo desafío y una profunda reflexión que engrandece nuestro aprendizaje. Cada año avanzamos en la interpretación que hacemos de nuestras viñas. Trabajamos con el fuerte convencimiento de que los grandes vinos no se elaboran, se cultivan.

Los vinos que aquí presentamos son las gotas extraídas del minucioso trabajo en nuestras viñas y de un durísimo proceso de selección, grano a grano, que nos ha llevado a alcanzar resultados inimaginables. Año de viticultores.

Más que nunca, seguimos emocionados con Gredos y con nuestro trabajo. Seguimos hambrientos y en evolución.

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