Sierra de Gredos 2017 por Daniel Landi

Descubre todos los vinos del 2017 de Comando G, Uvas felices y Daniel Landi en Madrid, Méntrida y Cebreros

LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS

Pocas añadas hemos tenido tanto la sensación de nadar contra marea. El 2017 ha sido un año difícil, donde nos visitaron, uno detrás de otro, los cuatro jinetes del apocalipsis.

Primero fueron las frías noches de abril con sus heladas. Tres noches de -5 grados que sacudieron algunas de las viñas a pesar de nuestros esfuerzos nocturnos. Más tarde, las lluvias en floración, tan temidas cuando trabajas con garnacha y ves desaparecer parte de tu cosecha bajo una nube. Sin salir de una llegaba la otra. La tercera adversidad fue la acuciante sequía que comenzó en primavera y dejó los pantanos en mínimos históricos a final del año. Y para culminar, lo peor de todo, el granizo. El gran enemigo. Dos intensas granizadas, el 7 de julio y el 28 de agosto, que marcaron de forma definitiva la escasa cosecha que hemos tenido. En algunos vinos menos del 50%. Otras viñas, sin embargo, se salvaron. Así es el granizo.

Un luchar contra los designios de la añada que nos ha obligado a esforzarnos más que nunca, a afinar nuestra forma de trabajo, a mejorar nuestra interpretación. El trabajo en las viñas se multiplicó con infusiones de valeriana en abril, infusiones de milenrama en verano e infusiones de ortiga, principalmente, después de los granizos, además del minucioso trabajo que ya se hace en las viñas todos los años.

La vendimia más complicada que nunca jamás hayamos tenido y una selección manual baya por baya más lenta también que nunca. Unos vinos que en fermentación nos decían que los habituales caminos transitados no valían esta vez. Adaptación del hombre a la naturaleza. Una añada, en definitiva, de coraje, de lucha, de aprendizaje, de viticultor.

EL DELICADO JUGO DE LA ESCASEZ

Los vinos del 2017 son de extrema delicadeza y finura. Un jugo fresco que escapa de sensaciones cálidas, vinos de texturas aéreas que difieren de las voluminosas, vinos que concentran el paisaje en su interior según fluyen estrechos. Una brisa floral intensa que huye de la fruta y de las tardes de cielos despejados. Vinos que viajan hacia el norte alejándose del carácter mediterráneo de la añada.

Quizá nunca antes nuestros vinos de parcela se habían mostrado tan delicados todos ellos bajo una misma añada. Fresca finura y taninos granulados como la arena del granito. Una vez más, las viñas nos han ofrecido su venero puro y cristalino, vinos pálidos como la flor del rosal silvestre, punzantes como sus espinas e intensos como su fruto brillante y escaso. Vinos llenos de luz y energía que representan la gran adaptación de los mejores viñedos situados en las montañas de Gredos y sus parajes de granito infinito. Vinos a contracorriente que representan el lugar y una añada para recordar.

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