Tapones de corcho. ¿Por qué sí?

Por Rosendo Castelló

A nadie se le escapará que este artículo es una respuesta al publicado el 12 de septiembre por el Sr. Carlos Delgado.

Si no hubiera sido por Dom Pérignon quien, probablemente, fue el primero que elaboró champán en botella y que habría sustituido los tapones de madera con estopas empapadas en aceite por tapones de corcho procedentes de Catalunya, no existiría el negocio del vino tal y como lo entendemos hoy en día. Gracias al tapón de corcho, los vinos se han convertido en un producto de lujo con mucho valor añadido que ha creado a su alrededor una importante economía, fijando lugares de trabajo en el medio rural, creando un gran comercio y un grupo de gente que vive detrás de los vinos, escribiendo, probando y opinando sobre este producto.

El objetivo de las líneas siguientes es exponer la realidad e implicaciones del sector corchero dedicado principalmente a la producción de tapones de corcho y contribuir a aclarar el estigma que tiene el tapón de corcho respecto al problema de los aromas indeseados en el vino, así como las implicaciones de consumir tapones de corcho y por qué no utilizar tapones de rosca o alternativas al corcho.

Al fenómeno contaminación del corcho, para ser rigurosos, debemos llamarlo contaminación por cloroanisoles. Las bodegas y el consumidor en general creen que la contaminación del vino se ve provocada siempre por el tapón de corcho, cosa que muchas investigaciones han desmentido.

De manera simple y resumida, el TCA (Tricoloroanisol) es una transformación de los clorofenoles que producen normalmente los hongos filamentosos. Los clorofenoles tienen su origen en el uso de pesticidas que se han utilizado de forma indiscriminada durante los últimos años y se encuentran como contaminantes de aguas, suelos, material vegetal (como la hojarasca de los bosques) e, incluso, la atmósfera. Los hongos filamentosos, presentes en las planchas de corcho y las fábricas (palés, estanterías de madera, etc.) pueden provocar en contacto con los clorofenoles, el TCA y otros compuestos contaminantes.

Por este motivo, el primer error es atribuir al tapón de corcho cualquier defecto que se pueda encontrar en el vino embotellado. El vino es un producto complejo, vivo y que evoluciona dentro de la botella, y no siempre el resultado de esta evolución es la deseada por diversas circunstancias (déficit de madurez de la uva, presencia de hongos indeseados, compuestos reductores, problemas de limpieza en las bodegas…). Estos defectos se pueden encontrar en cualquier tipo de tapón, y se debe conocer muy bien el vino, incluso analizarlo químicamente, para distinguir estos defectos.

Por este motivo, es incorrecto asociar también el TCA únicamente al tapón de corcho. El TCA puede proceder de otras fuentes diferentes al tapón y hasta se han encontrado en vinos tapados con rosca. En todo caso y lo más importante es que la incidencia de TCA ha bajado mucho a lo largo de los últimos años a causa de una mayor tecnificación y nuevos procedimientos de las empresas elaboradores de tapones. Esta incidencia se encuentra por debajo del 1%.

Ciertamente, otros tipos de taponamiento son más aceptados en países nórdicos y anglosajones, y es sencillo atribuirlo al desconocimiento que tienen del tapón de corcho. Es habitual que los consumidores de estos países piensen que para elaborar los tapones de corcho se corten árboles. Lo hemos podido comprobar este verano de 2017 en visitas de turistas norteamericanos al Massís de les Gavarres. En países mediterráneos como Italia, Francia o España, donde crece el corcho y hay mayor conocimiento de origen del tapón de corcho, el consumidor tiene una mayor preferencia por este tipo de tapón.

Preferencia del tapón de corcho de los consumidores respecto a otros tipos de tapones

Fuente: (1) Iniciativa Intercork, 2017. [2] Wine Closure Research: Is Cork Experiencing a Renaissance (Tragon Corporation, 2013); Top 100 Premium Wine Brands (Nielsen Scanning Statistics, EUA, 2016). [3] Estudi de Mercat realitzat per GFK (2017) i AstraRicerche (2014). [4] Research on the perception, preferences and consumption behaviours on wine and closures in China (CTR Market Research, 2014). [5] Estudi de Mercat realitzat per UbiFrance i O-I. [6] Estudio de Mercado realitzado para Conecta e Ibope (Instituto Brasileiro de Opinião Pública e Estatística, 2014).

Esto se traduce en la evolución del número de tapones utilizados a nivel mundial, con una mayoría de los tapones de corcho que ganan cuota de mercado desde 2010.

Sin duda, el tapón de corcho natural es el mejor cierre para los vinos con crianza y que necesitan evolucionar durante años en la botella para llegar a un nivel óptimo de complejidad y equilibrio. Nadie lo duda y existen multitud de estudios que lo corroboran sobre todo por la capacidad equilibrada de transferencia de oxígeno que tiene el tapón de corcho[1]. La ventaja de los tapones de rosca o plástico en vinos de alta rotación tampoco se sostiene por el argumento económico, ya que existen tapones de corcho formados por corcho granulado (formado por gránulos de corcho unidos con cola alimentaria) y también los 1+1 (tapones de corcho granulado con un disco en cada extremo), que ofrecen unas prestaciones impecables para estos tipos de vinos y son más económicos que el tapón natural.

Pero es que tampoco se justifica por la eliminación total del TCA, ya que hay varias empresas que ofrecen tapones naturales de la mejor calidad con análisis individuales con diferentes sistemas como la cromatografía de gases o la espectroscopia en fase gaseosa, como también hay otros que ofrecen tapones micro-granulados con tratamientos previos de la materia libres 100% de TCA.

Así pues, vemos que hay argumentos de peso tanto de tipo técnico como económico, pero seguramente el argumento principal por el cual el consumidor final prefiere el tapón de corcho es ambiental y social.

El tapón de corcho, a diferencia de los tapones de rosca o de plástico, tiene un origen natural. La corteza del alcornoque es una capa protectora que fabrica el árbol y que lo protege de los incendios. Algunos silvicultores seleccionan los árboles de la mejor calidad y con más buena saca para recoger las bellotas y obtener plantones para reforestar el bosque. Al cabo de 80 años de plantar el árbol, se obtendrá la plancha para hacer el primer tapón. Hasta que el árbol no alcance un diámetro mínimo de 22 cm y unos 50 años de edad, no se podrá pelar. A esta primera saca se le llama bornizo y no es apta para tapones. Se trata de una saca que se utiliza para decorar los pesebres o bien se tritura para hacer aislamientos de baja calidad. Al cabo de 14 años en Catalunya, y entre 9 y 10 al resto de zonas productores, el árbol se pela por segunda vez y se obtiene una pela agrietada y con numerosos defectos debido a su juventud y fuerte crecimiento. Esta pela se llama segundero y difícilmente alguna parte se podrá utilizar para tapones naturales. Esta saca se utiliza para hacer los granulados para los tapones técnicos de corcho y para los mangos de los tapones de cava y espumosos. A la tercera pela, ya con unos 80 años de edad, se obtiene un corcho apretado y fino, que es el apto para tapones naturales y de calidad. Aunque sólo las panes de más calidad son aptos para hacer tapones y la gran mayoría se tiene que rechazar en el caso del mato para granulados.

A partir de aquí, y sucesivamente durante los meses de junio, julio y agosto, los árboles se pelan cada 14 o 9 años según la zona hasta la edad de 200-300 años, cuando envejecen y se hace necesario sustituirlos.

El corcho del árbol se puede extraer gracias a que, en verano, los árboles están en su máximo crecimiento y tiene células jóvenes que antes de lignificar se rompen fácilmente y, de esta manera, se puede separar el corcho de su capa productora. La pela del corcho la lleva a cabo un personal muy cualificado, así que es importante no dar golpes ni hacer cortes a la capa productora que hay debajo de la pela. Cabe destacar que el trabajo del pelador es uno de los mejor retribuidos dentro del ámbito forestal y agrario.

Sin embargo, para obtener un buen corcho hay que cuidar y mantener el bosque en buenas condiciones, es necesario limpiarlo, hacer talas de mejora para eliminar los árboles de mala calidad, se debe dejar una densidad de árboles adecuada y un sotobosque controlado con varias especias que protejan la tierra del sol y la erosión. Los alcornocales y la dehesa son un sistema que, gracias a la estructuración y explotación sostenible del hombre, acoge más de 130 especies vegetales y una numerosa fauna endémica como el lince ibérico, la cigüeña negra, el buitre negro, el águila imperial o el ciervo africano, entre otros, siendo uno de los ecosistemas con más biodiversidad del mundo.

Además, un bosque bien gestionado, gracias al valor económico del corcho, produce numerosos servicios ambientales como la protección y el mantenimiento del suelo ante la erosión por escorrentía, controla el ciclo del agua y la carga de acuíferos, reduce el riesgo de incendios forestales y ofrece un hábitat de gran calidad para la fauna y el ocio de la población.

Aun así, su función ambiental más importante es su huella ecológica positiva, ya que cada tapón de corcho ha absorbido gases de efecto invernadero durante su crecimiento en el árbol, y su producción consume muchos menos recursos, de manera que el uso de tapones de corcho, respecto a otros tapones, contribuye a minimizar el cambio climático (un tapón natural para vino contribuye a fijar 234 gr. de CO2)2. Esta contribución a la preservación del medio ambiente hace que no haya comparación entre el corcho y los tapones de aluminio o plástico. El aluminio procede principalmente de minas a cielo abierto de bauxita y los principales países productores son Australia (donde el lobby del aluminio tiene mucha fuerza sobre el del corcho), China, Brasil, India y Guinea. El plástico procede del petróleo y es bien conocido el impacto ambiental de su extracción y consumo. En ambos casos, el aluminio y plástico no son biodegradables como lo es el corcho. Además, se da el caso de que un árbol pelado del que se aprovecha el corcho secuestra más de 5 veces CO2 que un árbol de la misma especie sin pelar.

Infografía del impacto ambiental comparado de los tapones de plástico, aluminio y corcho

Fuente: Recork. Analysis of the life cycle of cork, aluminium and plastic wine closures, conducted by PricewaterhouseCoopers (2008).

 

Y, finalmente, desde el punto de vista económico destacar que en la cadena de valor añadido del corcho participan muchos actores, a diferencia de los productos alternativos que controlan unas pocas multinacionales.

Los bosques de corcho están presentes en las dos riberas del mediterráneo occidental (Portugal, España, Francia, Italia, Marruecos, Argelia y Túnez)

España es el segundo productor mundial de corcho y cuenta con 506.000 hectáreas de alcornocales que representan un 25% del total mundial. Al año se extraen unas 88.000 toneladas de corcho que suponen el 30% de la producción de corcho a nivel mundial. Catalunya, Andalucía y Extremadura son las principales comunidades autónomas que concentran más de 150 empresas que generan alrededor de 2.000 puestos de trabajo y ascienden hasta 3.000 puestos de trabajo durante la época de la saca del corcho (junio-septiembre).

El sector corchero español produce 3.000 millones de tapones al año, de los cuales 1.300 millones se destinan a espumosos y 1.700 a vinos. Más del 50% de la facturación se debe a la exportación. Los mercados europeos son la principal destinación de las exportaciones españolas (80%) con Francia, Portugal e Italia a la cabeza, mientras que EE.UU, Argentina y China son los principales representantes de los países del “Nuevo Mundo”, que supone un 10% de las exportaciones.

En la cadena de valor del corcho participan los miles de propietarios forestales, los grupos que cuidan y pelan los bosques y la industria, que está muy atomizada.

Los alcornocales son uno de los mejores ejemplos de una explotación forestal sostenible. El uso de tapones de corcho permite la rentabilidad de los bosques y la conservación de numerosas hectáreas, y por añadidura, las tareas para su mantenimiento son básicamente manuales y crean puestos de trabajo en el medio rural. La saca del corcho y el resto de actividades ligadas a los alcornocales como la caza, la ganadería, el turismo, etc. permiten la fijación y el mantenimiento de la población en regiones rurales. En comparación con los tapones alternativos, el tapón de corcho secuestra CO2 y colabora a mitigar el cambio climático. De esta manera, a pesar de que abrimos y volvemos a tapar una botella de vino abierta con una rosca sea más sencillo, ¿no merece la pena apostar por el tapón de corcho?

Rosendo Castelló
Rosendo Castelló es economista y gestiona la finca familiar de alcornoques y otras especies en el Parc del Montnegre i el Corredor. Presidente del Consorci Forestal de Catalunya, la asociación más importante de propietarios forestales silvicultores de Catalunya con más de 70 años de antigüedad, y de Quality Suber S.L., empresa creada en 2013 para la preparación y comercialización conjunta del corcho de los bosques catalanes.


[1] Oxygen transmission through different closures into wine bottles. Universidad de Bordeaux (2007). Estudio de la evolución de los vinos tranquilos, cava y champagne según diferentes tipos de taponamiento. URB, ICSuro, LGAI (2002)

[2] Rives, J., et alt,. Integated environmental analysis of the main cork products in southern Europe (Catalonia and Spain), Journal of Cleaner Production (2013). 

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